Sobre Moralismo Radical y “Salvajismo” (Wolfi Landstreicher)

Sobre Moralismo Radical y “Salvajismo”
(Wolfi Landstreicher)

Solo me puedo entretener cuando la mentalidad religiosa se insinúa en los puntos de vista de aquellos que reivindican oponerse a esta sociedad, rellenando estos radicales de varios tipos con sus binarios, su pensamiento puritano/moralista, sus renuncias y sus juicios. No es tan sorprendente cuando esto ocurre. Después de todo, si uno no lanza su desafío contra esta sociedad desde ella, sino desde un ideal colocado sobre sí mismo, inevitablemente confronta al mundo como un juez justo con el objetivo de condenar y castigar en vez de como un enemigo que busca derrotar y conquistar. Por lo tanto, este retador moral no tiene más remedio que rechazar absolutamente todo lo que ella ha llegado a asociar con este mundo y aceptar todo lo que ha llegado a asociar con el ideal. Esto puede ser particularmente entretenido cuando el mundo que se opone es algo tan amplio como la civilización y el ideal es algo tan etéreo y abstracto como el “salvajismo”. La diversión proviene del hecho de que demasiado a menudo el término “civilización” está pobremente definido, y por lo tanto el “salvajismo” ideal opuesto puede ser poco más que el opuesto definitivo de esta entidad mal definida manifestada en un “instinto” visceral que siente el oponente fiel – así como el cristiano renacido siente a Jesús en su corazón. ¿Y cómo me atrevo a desafiar su instinto? Especialmente con la razón, que se ubica dentro de la “Civilización” en su ideología… Aquí está la lógica binaria de la moralidad en la cual el “instinto” es “salvaje” y por lo tanto “bueno” y “razón” es “civilizado” y por lo tanto “malvado”.

Pero no desafío a la civilización desde lo salvaje. No pretendo saber qué es el “salvajismo”. Yo diría que el único “salvajismo”, que cualquiera de nosotros seres humanos que hemos sido civilizados podemos saber, es uno que creamos. La pregunta es: ¿lo creamos como un ideal por encima de nosotros al cual debemos conformarnos o como algo que poseemos y con el que jugamos como deseamos? El primero solo podría desafiar a la civilización de una manera civilizada, porque se ha convertido en una ideología. Este último no puede, en sí mismo, desafiar a la civilización en absoluto, porque es simplemente una herramienta o juguete. Y entonces, aquellos de nosotros que deseamos desafiar a la civilización de una manera que realmente la destruya, solo podemos hacerlo desde nosotros mismos.

Esto siempre ha sido la base de mi propia oposición a la civilización. La civilización es una red de instituciones y sistemas que impone relaciones sociales reificadas sobre mí, robando mi energía, mis capacidades creativas a través de las cuales puedo construir mi vida y transformar mi entorno en relación con otros cuyos deseos coinciden con los míos. Ésta utiliza estas energías y capacidades para reproducirse. La destrucción de la civilización y el sistema industrial son, por lo tanto, ciertamente necesarios si queremos recuperar nuestra capacidad de crear nuestras vidas como mejor nos parezca sobre el nivel social.

Pero ciertamente no sé cómo los individuos elegirán usar estas capacidades en un mundo donde las restricciones sociales se hayan eliminado. No sé qué relaciones, qué formas de entretejer nuestros sueños y deseos dispares, qué formas de crear esta “armonía de tensiones opuestas” que describe tan bien mi concepción de la anarquía, crearán estos individuos. ¿Cómo podría alguien saber, si estas formas y métodos cambiaran constantemente con nuestros sueños y deseos y la circunstancia en la que actuamos para cumplirlos?

Si elegimos llamar “salvaje” a tal existencia post-civilizada, entonces el salvajismo es simplemente lo desconocido que creamos, ahora en estos momentos y espacios de rebelión, y en el futuro, con suerte, el conjunto de nuestra existencia en constante cambio. En el presente, solo podemos crear esta incógnita, esta negación de nuestra propia domesticación utilizando el todo de nosotros mismos, superando las separaciones y los binarios moralistas que esta sociedad nos ha impuesto. Así utilizaremos nuestra razón apasionada y nuestras pasiones intencionalmente creadas y voluntarias, nuestra espontaneidad proyectiva y nuestra capacidad de decisión inmediata, nuestra generosidad egoísta y nuestro egoísmo expansivo, nuestro amor cruel y poético por un universo que deseamos devorar como deseamos devorarnos a Nosotros Mismos. Utilizaremos todo esto y más en nuestro proyecto de crear nuevas y maravillosas formas de ser que nunca han existido. Mi guerra contra la civilización siempre ha tenido como objetivo abrir la posibilidad de realizar este sueño creativo y utópico de mi pleno disfrute de mí mismo y del universo que me rodea.

Pero si el “salvajismo” radical es algo que cada uno de nosotros debe crear para nosotros, entonces es algo que nunca se puede crear de una vez por todas, definitivamente. Al igual que la singularidad, es un concepto que no tiene contenido en sí mismo. Le damos contenido por la forma en que elegimos crearlo, vivirlo en cada momento y este contenido cambia con cada momento. Esta es la razón por la cual el salvajismo debe permanecer siempre desconocido, por qué no puede reducirse a un conjunto de habilidades o una adhesión al instinto ni elevarse a un ideal al que nos rendimos. Tan pronto como se convierte en algo definible, ha sido domesticado y obviamente ya no es “salavajismo”. El “salvajismo” santificado (“Naturaleza salvaje” o el “Ser primigenio”), como todos los dioses, es una bestia domesticada. Esta domesticación se vuelve obvia cuando esta bestia se usa para juzgar, para determinar lo correcto y lo incorrecto. Aquellos cuyos “instintos” les dicen qué ideas son correctas o incorrectas, aquellos cuyos “sentimientos viscerales” les permiten juzgar las elecciones y comportamientos de otros en un nivel moral, son criaturas domesticadas con “instintos” y sentimientos domesticados.

Por supuesto, cuando saco lo que está en lo más profundo de mi ser, lo que ha sido reprimido por esta sociedad civilizada, no pierdo la capacidad de hacer distinciones. Pero estas distinciones no se basan en absolutos, en conceptos universales de “correcto” e “incorrecto”. Así que no hago estas distinciones emitiendo juicios absolutos, declarando, por ejemplo, que “sé de corazón que esto está mal”. Más bien utilizo mi capacidad para hacer distinciones para determinar si algo puede mejorar mi existencia, aumentar mi autoestima o no. En este proceso, no me limito a confiar en “instintos” o “sensaciones de nivel visceral”. Más bien utilizo todas las herramientas que tengo a mano, incluidas mis capacidades para decidir, razonar, planificar, organizar mis actividades, desarrollar conscientemente relaciones con otros con quienes puedo desarrollar proyectos.

Pero me he desviado de mi intención principal, que era hablar sobre “lo salvaje”. Como dije antes, es un desconocido que debe crearse, destruirse y recrearse perpetuamente. Como ya hemos sido civilizados y domesticados, solo puede ser útil para nosotros, ya que lo que niega perpetuamente la domesticación y esta capacidad de negar reside precisamente en que es un concepto desconocido, vacío, que perpetuamente llenamos con nuestro deseo de crear nuestras vidas como nuestra, ya que se enfrenta al mundo que nos ha robado la vida. Una vez reificado en un ideal al que debemos conformarnos y del que podemos emitir juicios, se convierte en un domesticador. Por lo tanto, su uso real es como un martillo de iconoclastas para destruir todos los conceptos cosificados, incluido el de “salvajismo” en sí, si es necesario.

Considerado como indefinible, este desconocido concepto vacío cuyo contenido creamos en cada momento, el salvajismo no es más que una manera poética de describir la singularidad de cada uno de nosotros. Por gusto salvaje, la singularidad se destruye en el momento en que se define. Ésta también es un concepto vacío que llenamos sin fin a través de nuestra actividad creativa perpetua. Y dado que el “salvajismo” ha comenzado a tener más y más construcciones ideológicas asociadas, quizás sea mejor simplemente hablar de la singularidad como la herramienta a través de la cual cada uno de nosotros puede negar los procesos de domesticación que la civilización nos ha impuesto.

 

(Traducción: Con el Fuego en las Pupilas)
Recuperado desde: Algún Otro Lugar (Wolfi Landstreicher)

 

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