TÚ ANARQUISMO, MI ANARQUISMO (Anárquico Arriacense)

TÚ ANARQUISMO, MI ANARQUISMO
(Por Anárquico Arriacense)

Imagínate por un momento que el anarquismo que profesas, ese anarquismo del que te eriges en representante y portavoz fuese única y simplemente tu anarquismo, tu simple y mera concepción del anarquismo, tu anarquismo de salón y de fanfarronería, la anarquía de esos pasquines en los que otros antecesores a ti hicieron lo que tu continúas y que “has cogido con alfileres”, extraes un argumentario de cuatro frases inconexas e incongruentes (algunos incluso aderezados “de cosecha propia”) y las haces tuyas como esos otros las hicieron suyas antes que tú y así retroalimentáis una cadena y armáis un bucle; imagínate, imagina sólo por un momento, que esa fuese única y simplemente tu idea y tu concepto de anarquismo (y de los ulteriores), que aquella fuese una interpretación tendenciosa, tergiversada y torticera de lo que tu entendieses por anarquismo o es más, que respondieses a intereses izquierdistas o a tendencias cripto-fascistas y que tratases de llevar a la anarquía al terreno de tu estrategia. Te auto proclamas en portavoz de algo que carece de afiliados, que no tiene carnets ni comités de dirección, sin cuotas, cuadros, estatutos y responsables salvo tú en lo inexpugnable de tu fuero interno.

Tal proceder pueda deberse a que en el círculo en el que militas en la asamblea que “participas”, eres quien haces y deshaces, tengas una personalidad arrolladora y conciban y así los “asociados” lo asimilen y acepten; asamblea en donde ciertas actitudes, conductas y personalidades altivas y autoritarias deciden en firme mucho más que unos estatutos y unos comités de dirección.

Imagínate que ser anarquista fuese una alegría de vivir que trascendiese mucho más allá de los panfletos que proclamas y de esa supuesta sociedad del bien común que no verás ni tu ni de tus siguientes generaciones sucesoras porque la humanidad está corrompida per sé, porque el obrero anhela ser burgués y porque tu vecino sigue confiando en el sistema plutocrático y empeña los destinos de su vida (y por extensión de la tuya) en unas corruptas urnas.

Simplemente imagínate que el anarquismo fuese algo personal, que fuese el placer del auto disfrute, una manera de encarar la vida, de asimilarla, que no consistiese en empeñar una vida esperando a la “iluminación” de la humanidad, que fuese algo del aquí y ahora y sobre todo imagínate que el anarquismo fuese algo experimentado en el propio interior de cada cual; ni siquiera yo como propagandista, divulgador y militante anarco individualista puedo profesar en nombre de este, del anarquismo individualista, tal práxis sería un oxímoron en si pues no puedes pronunciarte oficialmente en nombre de algo que pertenece al plano particular de cada cual; yo puedo hacer unos trazos generales y objetivos acerca del individualismo anarquista , esencia, génesis, historia, referencias…pero por lo demás sólo respondo de mi anarquismo, personal, individual, como yo lo experimento, lo disfruto, lo vivo o como trato de ser consecuente con ello sin que la menor de las injerencias externas perturben mi criterio.

Mi anarquismo, que es sólo mío, es de mi propiedad, rechaza a la idea del altruismo y la solidaridad, también rechaza la cooperación pero al menos en cómo y cuánto la consideras tú, si yo soy altruista o coopero es por la satisfacción que me causa el hacerlo y porque soy consciente de que en un medio o largo plazo mi actitud y predisposición manifiesta se puede revertir, revertir naturalmente en mi beneficio, y que tire la primera piedra el anarquista colectivista y humanitarista que lo niegue. En mi anarquismo interior queda abolido el Estado pero no para reemplazarlo por la “nueva y libre humanidad” y una nueva sociedad de seres libres y bondadosos –utopía de las utopías- tampoco por el bien común ni cualquier otra majadería que se le parezca.

El grueso de los anarquistas más convencionales y con claras y latentes influencias sociales e izquierdizadas considera que un desmantelamiento del estado conllevaría, ipso facto, el fin de la autoridad, no son conscientes de que dicha autoridad será sustituida por otra forma de autoridad, quizás más laxa pero autoridad en el fondo sin excusar forma, la autoridad de la mayoría, la de la “mano alzada” y la de la horizontalidad. En todo caso el menoscabo y la coerción contra mi individualidad continuarían con estado o en ausencia de este, sustituyendo una forma de sociedad por otra. Toda forma social existe y se sustenta en base en detrimento de la libertad individual pues todas formas de sociedad van a condicionar, someter y diluir mi existencia en la labor “en comunidad”; aun así, si yo decido mi integración en cualquier forma cooperativa o comunitaria, será porque tengo unos determinados intereses particulares depositados en ello como cité anteriormente arriba, mantendré una cierta interrelación, pero mi vinculación no será intrínseca y con la misma voluntad y libertad que “ingresé” procederé a la salida de la misma en el mismo momento determinado que así considere.

extraído del periódico El Errante #10

Los individualistas que salvaron a Malatesta (Enzo Martucci)

LOS INDIVIDUALISTAS QUE SALVARON A MALATESTA

He criticado a Malatesta por su actitud, poco cordial, asumida en lo concerniente a la bomba del Diana. De hecho a él lo arrestaron un mes después que a mí, el 17 de Octubre de 1920, por instigar a la revolución. En Italia estaba por desencadenarse la furibunda reacción fascista, ante la cobarde rendición de los socialistas que no supieron levantar barricadas; ésta reacción, ayudada y subvencionada por la burguesía y su Estado, tuvo la necesidad de quitar de la circulación al único revolucionario con cierta seriedad, supuestamente, en la fosa que es la península itálica. Malatesta, encarcelado hacía varios meses, empezó en San Vittore una huelga de hambre en protesta contra el tribunal liberal que no se decidía nunca a fijar la fecha de su proceso. Pero el tribunal no cedía y Malatesta, después de varios días de ayuno, extenuado por la debilidad, estaba a punto de morir. Nadie se levantaba en su favor. El proletariado, el eterno cordero cornudo y balante, revestido con cabellera de león por sólo un instante pero que, luego, envilecido por la indecisión y la cobardía de sus jefes y aterrorizado por los garrotes de los fascistas, reculaba como humilde siervo, no se sacudía de la inercia y dejaba al viejo agitador morir de hambre en las mazmorras, después de tanto haberlo homenajeado al momento de su regreso a Italia. Los socialistas que estaban divididos de los comunistas, no pensaban más que en arremeter contra ellos mismos. Gramsci, en sus columnas de “L’Ordine Nuovo”, lanzaba contra Nenni todos los calificativos tomados del vocabulario de los burdeles, y Nenni (valiente defensor de los comunistas, en la actualidad) contestaba a Gramsci y a los bolcheviques, desde su columna en “L’Avanti!”, valiéndose de los epítetos utilizados en las peleas más feroces. Así entre las acusaciones que se lanzaban recíprocamente, la lucha intestina que los despedazaba y la reacción que los debilitaba, no pensaban, los militantes de ambos partidos, siquiera lejanamente, en mover un dedo en defensa de Malatesta. En realidad no les hubiera desagradado si un negador del Estado desapareciera de la tierra. Los anarquistas organizadores hacían mucho ruido pero nada en concreto. Gigi Damiani, desde las columnas de “Umanità Nova”, instigaba a la acción declarando que si nadie se movilizaba en defensa del viejo, él rompería su pluma como protesta. Pero nadie se movía, y Damiani no rompía su pluma porque ésta le hacía falta, como a los siervos actuales, para mantener su sueldo de reportero anarquista. Los únicos que intervinieron en favor de Malatesta fueron los individualistas. Aquellos individualistas contra los que él siempre había luchado y que eran objeto de sus burlas. Actuaron, véase, no sólo para defender a un pobre viejo abandonado por todos, después de una vida entera de lucha revolucionaria, sino porque creyeron que así sacudían la pacífica resignación de las multitudes que toleraban, sin decir palabra, el martirio de quien había sido su Apóstol, y golpeaban la siniestra ferocidad de la clase dominante que quería, con la violencia, mantener imperturbable su poder. Giuseppe Boldrini, Ettore Aguggini y Giuseppe Mariani hicieron estallar una bomba en el teatro Diana de Milán. Hubo muertos y heridos. La opinión pública se indignó con los anarquistas. Malatesta, a penas conocida la noticia, condenó el atentado y, en signo de protesta, interrumpió la huelga de hambre. Con esa evasiva se salvó. De lo contrario no hubiera podido volver a alimentarse sin que el ridículo lo cubriera, y en consecuencia terminara su fama de héroe que prefiere morir antes que ceder. Siempre condenó el atentado del Diana, y acabó definiéndolo como obra de “desesperados que ni siquiera son anarquistas, porque el anarquista cree en el porvenir”. Él se presentó en la Corte de Assise en Milán, bajo la pelusa del utopista que aborrece el terror, y fue absuelto. Pero Mariani, Aguggini y Boldrini, que habían actuado en su defensa, sufrieron una condena de ergástula. Además fueron condenados más duramente pues, en la audiencia, se afirmó que su acción fue tan infame que suscitó la reprobación del mismo Malatesta. En la cárcel, Boldrini y Aguggini murieron; y el pobre de Mariani salió después de 25 años, débil en extremo, y fue a caer en las manos de los secuaces de San Errico Malatesta, los cuales lo han obligado a renegar de su gesto. Las consideraciones no favorables a la actitud de Malatesta, en lo concerniente a los terroristas, yo las exponía francamente en las reuniones de exiliados de la “Casa Común” atrayéndome las protestas y la ira de los imbéciles idólatras malatestianos. Me decían estos que San Errico había sido coherente porque siempre condenó la rebelión individual. Yo contestaba con naturalidad, que el caso del Diana le había sido, convenientemente, de mucha utilidad, además que selló su infamia contra los terroristas. Discutíamos ferozmente y, muchas veces, llegamos a los golpes.

Enzo Martucci

Tomado del libro “La Setta Rossa”, 1953.

extraído del blog Oscuro es el Deseo

Más Pensamientos Sobre La Liberación (por Sokaksin)

MÁS PENSAMIENTOS SOBRE LA LIBERACIÓN
(por Sokaksin)

En una extraordinariamente peculiar mañana libre de domingo, decidí revivir la costumbre de mi juventud, de caminar hacia la iglesia para la misa matutina. En este punto, al menos en lo personal, soy una criatura de hábitos. Para transitar la vida, encuentro reconfortantes los rituales. Tal como algunos han presupuesto con los Griegos y los Romanos. No creo en la validez de estos rituales cívicos y religiosos: la creencia es algo extraño de todas formas, pero escribí sobre el tema hace años y preferiría no
rememorarlo.

A pesar de que la iglesia suburbana está a una pequeña caminata de distancia de mi casa, de todas formas llegué elegantemente tarde. Llegué durante el sermón, justo al tiempo que el Padre comenzó a hablar sobre el infierno. Esto fue sorprendente ya que puedo contar con una mano las veces que escuche a un cura católico común predicar acerca del infierno. En el “narthex” de la iglesia, había un póster de los sonrientes estudiantes de último año de la parroquia, quienes se graduarían en unos meses: los prometedores y brillantes vástagos de la clase local afluente. De camino pasé por al lado de camiones de último modelo y autos deportivos, y la iglesia misma, mientras que mi familia no suele asistir, resulta agradable a mi gusto estético (o sea, algo anticuado). En otras palabras, esta gente tiene dinero, y probablemente podría considerarse que yo tengo dinero también.

Pero aquí estaba el cura, con vestimentas de rosas para un domingo Laetare, hablando sobre el infierno. También habló de las oraciones memorizadas (rote prayer) y los trabajos corpóreos de compasión, etc. Muy tradicional, probablemente al estilo de los curas de antaño, aunque los rituales y otros accesorios han cambiado notablemente.

Al abandonar la iglesia, me di cuenta de que quizás la iglesia había tenido que predicar acerca del infierno hasta hace muy poco (y, como muestra este cura, aun lo hacen de vez en cuando), para que la gente se comporte un poco, porque la vida civilizada era simplemente así de horrenda. Ese cura no estaba pidiendo sus cargos, como lo hizo Jesús en los evangelios, para renunciar a todo, cargar la cruz y seguir el camino de la abnegación y el sufrimiento. No, para evitar el infierno, él solo predicaba que la gente debía ser más atenta mientras oraban el rosario, visitar la casa de sus viejos, e invitar a los creyentes alejados a la iglesia. Parece un pequeño precio a pagar para evitar la condena eterna.

En mis reflexiones matutinas de ayer, hablé acerca de la liberación, pero luego de que lo subí, me di cuenta de que había evitado mencionar de dónde viene realmente nuestro concepto de liberación, y viene de la iglesia. El secular creyente de la Ilustración protestara de que se remonta a los tiempos de las leyes Griegas y Romanas, y las reformas del temprano periodo moderno, etc. Pero todo eso se nos confirió a nosotros a través de dos mil años de interpretación bíblica y teológica. El izquierdismo es Cristianismo llevado adelante por otros medios, el secularismo es la iglesia sobre bases más seguras, etc.

Por lo tanto, cuando uno habla de liberación e igualitarismo, uno no puede sino, haberse apoyado en Jesús y San Pablo, quien habló de “la libertad de los hijos de Dios”, o de que no haya ni esclavos, ni libres, ni judíos, ni griegos. Incluso en tiempos de esclavitud, la Iglesia debió desarrollar un mecanismo ideológico en el cual todos sean iguales y libres en alguna medida. Estuve leyendo para un ensayo que jamás será escrito sobre un debate en Valladolid entre Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, respecto a la humanidad y naturaleza de la gente indígena en el Nuevo Mundo del siglo XVI. Por supuesto, toda la gente moderna está del lado de De las Casas, pero Sepúlveda se apoyó en Aristóteles para indicar que la gente indígena era por naturaleza inferior a sus conquistadores debido a la violación de sus leyes naturales, y eso significaba que debía servir. Incluso entonces, nadie discutía (al menos en ese momento), que no pudieran ser bautizados y así ir al cielo cuando murieran. Solo eso, en esta vida, sus facultades eran inferiores a las de otros humanes, por lo cual, sus capacidades no daban para vivir una vida humana plena. Así, había “igualdad” donde contaba, a saber, después de la muerte. Una buena y santa muerte que le siguiera a una vida de servidumbre sería recompensada por una utopía igualitaria en el cielo. De hecho, la humilde vida de un Indio sirviente podría ser más meritoria, como lo indica la parábola de Dives y
Lázaro en los Evangelios.

A lo que voy es que la idea moderna de liberación, liberación total, o como te guste, es un concepto Cristiano, a pesar de sí mismo. Per aspera ad astra (Por el sendero áspero, a las estrellas), a las estrellas, o al cielo, a la utopía, a la libertad, etc. A través de aquello que es dificultoso: revolución, insurrección, el colapso tecno-industrial, etc., etc. La liberación personal nunca podrá ser suficiente porque es una mentira, al menos si le damos algo más que un contenido individualista, escurriéndola para sacar las implicaciones jurídicas y filosóficas. La única libertad puede ser aquella de atacar y escapar, freno total. Es la libertad del animal salvaje, no de la Comunión de Santos. Y llevara a la re-captura y muerte inevitablemente. No hay un final feliz aquí, y la esperanza no tiene sentido. Si uno aspira a estas últimas cosas, se cae en la trampa de nuevo, quizás más profundamente esta vez. Sueñas con el horroroso infierno de Jesús una vez más (mirar arriba), esta vez el Rey de Reyes, el Señor de los Señores tiene una cara diferente: El final de toda dominación, Revolución Antitecnológica, Futuro re-salvajizado, etc. Son solo un montón de nombres diferentes para el Paraíso y la visión beatifica, y es todo una mentira. Jesús no te sacará del infierno, él es quien te puso ahí en primer lugar.

Pero como lo ha indicado ITS, incluso en el infierno se puede pelear. Incluso en el Infierno, el lugar dentro de la teología Cristiana donde la luz de Dios no brilla, el animal humano permanece salvaje e indomable. No es la libertad que uno podría querer necesariamente, pero es la libertad que tenemos. Empúñala sabiamente.

“Si la muerte llega seguiremos destruyendo el infierno; asqueroso mundo te veré caer riendo, en este enfrentamiento eterno…”
-Onceavo Comunicado de los Individualistas Tendiendo a lo Salvaje, 2016

extraído de Ley Natural, Violencia Primitiva

Amoralismo Individualista (por Enzo Martucci)

Amoralismo Individualista
(por Enzo Martucci)

¿Es el anarquismo individualista compatible con una moral?

E. Armand ha respondido que sí y ha escrito: “se puede construir un código de moralidad que no rendirá nada al sistema moral más estricto y, sin embargo, no restará valor al individualismo más extremo”

Sostengo, por el contrario, que el anarquismo individualista es necesariamente amoralista porque no puede conciliarse con ningún sistema moral.

Debe señalarse que por “moralidad” no me refiero a ese juicio subjetivo que decide qué “debería o no debería hacer” porque esto varía de individuo a individuo y puede cambiar de acuerdo con los sentimientos, pasiones y necesidades de uno. Por el contrario, la moral es la norma superior, la ley absoluta, el orden imperativo que impone a todos, en todo momento, lo que deben hacer y lo que no deben hacer.

Stirner comparte mi concepción de la moralidad. En El Único y Su Propiedad escribe:

“La gente trata de distinguir la ley del mando arbitrario, de la ordenanza: la primera proviene de una autoridad legítima. Pero una ley sobre la acción humana (ley ética, ley estatal, etc.) es siempre una declaración de voluntad y, por lo tanto, un mandato. Sí, incluso si me diera la ley, solo sería mi orden, que puedo negarme a obedecer en el momento siguiente. Seguramente se puede declarar lo que está dispuesto a soportar y, por lo tanto, a través de una ley, negarse a tolerar lo contrario, de lo contrario trataría al transgresor como su enemigo; pero nadie tiene el mando sobre mis acciones, para prescribirlas o hacer leyes sobre ellas. Debo soportar que me trate como a su enemigo, pero nunca que me trate como a su criatura, o que haga su razón, o incluso sin razón, mi pauta.”

De esto se desprende que si otros me imponen una regla de conducta, debo rebelarme contra esta imposición porque quiero vivir de la manera que me gusta y no como mis vecinos, que tienen intereses y opiniones diferentes a las mías, les gustaría que viva. Y si mi regla de conducta se deriva de mi razón, puedo repudiarla más tarde, aún inspirada por la misma razón, pero razonando de manera diferente. Bajo la influencia de los nuevos sentimientos y los nuevos intereses, podría comprender lo absurdo de la regla que había adoptado previamente. Lo que es más, puedo romper la regla que mi razón aún acepta porque mis instintos y sentimientos reaccionan contra ella y tienen la ventaja por el momento.

Si, por el contrario, sigo obedeciendo la misma norma, incluso cuando mi razón la condena, o cuando siento que está en una contradicción demasiado evidente con mis sentimientos y necesidades instintivas, significa que reconozco que es superior a mi, que la considero sagrada y le doy una realidad objetiva, un valor per se, independiente de mí. Pero en este caso soy esclavo de un fantasma, víctima de una sugerencia.

Por lo tanto, un individuo libre no puede comprometerse a seguir toda su vida una sola regla de conducta, y es absurdo esperar que siempre cumpla con la misma norma. Es aún más absurdo y tiránico esperar que toda la humanidad acepte siempre y siga la misma ley. Toda moralidad declara que es la única, la verdadera moralidad. En otras palabras, es la regla legítima que todo hombre, en todos los tiempos y lugares, debe reconocer y practicar. Pero la afirmación hecha por todas las moralidades es una locura porque no existe, ni puede existir, esa unidad espiritual que Kant consideraba posible en el futuro.

De hecho, no hay una sola razón que funcione en la misma medida en todos los hombres. Hay una multitud de razones que operan de diferentes maneras en diferentes personas que tienen diferentes necesidades, intereses y gustos. En consecuencia, siempre hay muchas personas que no aceptan una regla de conducta porque piensan que no es útil ni justa. Y entre aquellos que lo aceptan, el desacuerdo ocurre pronto en cuanto a cómo debe interpretarse la norma. Tomemos, por ejemplo, el mandamiento Cristiano.

“No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”

Los primeros cristianos interpretaron esto como el significado de que nunca, de ninguna manera, incluso en defensa propia, debes hacer a los demás lo que no te harían. Y como no se someterían a la violencia, no usarían la violencia contra los soldados romanos que los arrestaron para que pudieran ser arrojados a los leones.

Pero vinieron otros cristianos, igualmente honestos y sinceros, que interpretaron esta regla como no hacerle a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti, sino reaccionar violentamente contra aquellos que te oprimen violentamente. Así, los Albigenses1 y los Valdenses2 murieron armados luchando contra las cruzadas católicas que los atacaron y los masacraron.

Entre los católicos, incluso entre aquellos que aspiraban al triunfo absoluto de la Iglesia, se conmovieron por un fanatismo ardiente y por el deseo de dominación temporal, esta regla se interpretó como: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan pero usa la violencia, la tortura y la estaca contra los herejes que, aunque no atacan físicamente, propagan teorías contrarias a nuestra fe”.

Como resultado, hombres como el cardenal Frederic Borrone, que eran justos y humanos en su vida privada, eran inexorables y feroces como inquisidores.

Por lo tanto, está claro que todas las normas de comportamiento están abiertas a diferentes interpretaciones que conducen a los individuos a formas de vida contradictorias. Solo cuando, en ciertos momentos y lugares, por medio de la fuerza física o de la sugestión, algunos lograron imponer su interpretación a otros, triunfa una sola moral, entendida y seguida por todos de la misma manera. Pero este triunfo no es más que una terrible tiranía en virtud de la cual los individuos retorcidos se reducen al papel de esclavos y se ven obligados a obedecer la ley sagrada, a pensar y sentir de la misma manera. Contra tales afirmaciones, los individuos solo pueden oponerse a la inclinación de su rebelión.

Sin duda Armand respondería que mis críticas están dirigidas contra la moral absoluta, no contra una moral que pueda ser aceptada por un individualista, es decir, una moral relativa que es solo “moral” para aquellos que la encuentran útil y que solo dura por el tiempo que lo acepten. Pero tal moralidad también afirmaría ser absoluta, necesaria y universal, y ser la única norma de conducta para todos los hombres, en todo momento y lugar. De lo contrario, no es una ley, no es una moralidad – es solo un juicio personal (o una expresión de gusto personal) que variaría de uno a otro y que podría cambiar en mí mismo en cualquier momento que quisiera. Por lo tanto, vuelvo a Protágoras, a “el hombre es la medida de todo”, a Stirner, al “Único”.

El anarquista individualista no reconoce nada por encima de su ego y se rebela contra toda disciplina y toda autoridad, divina o humana. No acepta la moralidad y cuando se entrega a los sentimientos de amor, amistad o sociabilidad, lo hace porque es una necesidad personal, una satisfacción egoísta, porque le agrada hacerlo. De la misma manera, cuando considera conveniente rebelarse y luchar contra otros hombres, no duda un momento siguiendo esta otra tendencia. Pero nunca, en ningún momento, el anarquista individualista quiere someterse a una regla de conducta

común a todos en todo momento. Es decir, la ley del rebaño.

(Publicado en Minus One #8, 1966 / Recuperado de la página Union of Egoist y traducido durante el 2020 para el blog Enemigo de Toda Sociedad / Traducción original del francés al inglés por J-P. S – publicado en “L’Unique” Nº 37)

1Los miembros de una secta herética en el sur de Francia en los siglos XII-XIII, identificados con los cátaros. Su enseñanza era una forma de dualismo maniqueo, con un código moral y social extremadamente estricto. (N.T)

2El movimiento valdense surge, a partir del movimiento de los Pobres de Lyon, en el siglo XII, a partir de la predicación de Pedro Valdo, se proclamaban sucesores directos de los cristianos primitivos quienes durante las persecuciones por parte de los romanos en siglo I.

extraído de Contra la Moral

Notas Sobre Stirner y Nietzsche (por Sidney E. Parker)

Notas Sobre Stirner y Nietzsche
(por Sidney E. Parker)

Durante la última década del siglo XIX y la primera década de este, hubo un gran despertar de interés en las ideas de Friedrich Nietzsche. Al mismo tiempo, comenzó una búsqueda asidua de sus precursores. El filósofo del egoísmo, Max Stirner, fue uno de los sugeridos y algunos comentaristas incluso llegaron a afirmar que Nietzsche era su discípulo. Otros rechazaron con vehemencia esta afirmación y argumentaron que Nietzsche no sabía nada sobre Stirner o, si lo sabía, no estaba influenciado por él. Ciertamente es cierto que existen paralelismos entre el pensamiento de Stirner y Nietzsche en algunos puntos, pero ¿son suficientes para identificar uno con el otro? No lo creo.

Ambos, Stirner como Nietzsche son iconoclastas abiertos. Ambos rechazan enfáticamente el código moral judeocristiano-humanista. Ambos laceran las idioteces del igualitarismo democrático. Ambos expresan sentimientos antiestatales, pero ambos desprecian a los anarquistas – Stirner en la figura de Proudhon, uno de los primeros teóricos del anarquismo, y Nietzsche, anarquistas en general. De hecho, con tanta frecuencia parecen hablar con una sola voz que la afirmación de que Nietzsche fue discípulo de Stirner parece, a primera vista, plausible. Algunos ejemplos mostrarán sus similitudes.

Para Stirner, como para Nietzsche, la “verdad” es un instrumento, no una “cosa en sí” sagrada. Stirner escribe “Delante de mí las verdades son tan comunes e indiferentes como las cosas… No existe ni una sola verdad… que tenga estabilidad ante mí y a la que me someta” (El Único y Su Propiedad – todas las citas de Stirner son de este, su trabajo principal). Esto no quiere decir que no haya verdades en el sentido del “hecho del asunto” ya que “para pensar y hablar necesito verdades y palabras mientras hago comida para comer”, sino que “todas las verdades que hay debajo de mí son para mi gusto; una verdad por encima de mí, una verdad tendría que dirigir a mí mismo, yo no conozco. Nietzsche también afirma que las verdades que proclama son “mis verdades”(Más allá del bien y del mal).

Stirner rechaza la posesión de ideas fijas. Cuando una idea se convierte en una “máxima” para un hombre, “él mismo se hace prisionero de ella, de modo que no es él quien tiene la máxima, sino que lo tiene a él… las doctrinas del catecismo se convierten en nuestros principios antes de descubrirlo, y ya no soportan el rechazo”. Para Nietzsche, también, las convicciones son prisiones: “El hombre de fe, cualquier tipo de ‘creyente’, está necesariamente subordinado a algo fuera de sí mismo: no puede postularse como un fin… Cualquier tipo de fe es la expresión de la abnegación, y de distanciamiento de uno mismo”. (El anticristo )

Tanto Stirner como Nietzsche proclaman una “ética del poder”. Stirner afirma: “Podría ser algo bueno y útil para muchos propósitos; porque “uno va más allá con un puñado de poder que con un puñado de derecho”. ¿Anhelas la libertad? ¡Tontos! Si tomaras el poder, la libertad vendría por sí misma. Según Nietzsche, la vida es “apropiación, daño, conquista de lo extraño y débil, supresión, severidad, obstrucción de sus propias formas, incorporación y, por lo menos, más leve, explotación. (Más allá del bien y del mal) Cuando Stirner escribe “lo que puedo obtener por la fuerza lo obtengo por la fuerza, y lo que no obtengo por la fuerza no tengo derecho, ni me doy aires ni consuelo con mi derecho imprescriptible” No puedo imaginar a Nietzsche en desacuerdo.

Sin embargo, a pesar de su aparente acuerdo sobre ciertos asuntos, Stirner y Nietzsche no son uno sino dos y sus destinos se encuentran en direcciones diferentes. Ambos, por ejemplo, coinciden en que “Dios está muerto”, pero sus respuestas a esta realización no son las mismas. Para Stirner no es suficiente que “Dios esté muerto” – el “Hombre” también debe perecer para abrir paso para el mismo, el único. “A la entrada de los tiempos modernos se encuentra el Dios-hombre. A su salida, ¿solo se evaporará el Dios en el Dios-hombre? No pensaron en esta pregunta, y pensaron que habían terminado cuando en nuestros días pusieron fin victorioso a la obra de la Iluminación, la derrota de Dios; no se dieron cuenta de que el hombre ha matado a Dios para convertirse ahora en – ‘único Dios sobre lo alto'”.

Para Nietzsche, por otro lado, la “muerte de Dios” crea un angustioso vacío moral que debe llenarse con un nuevo ideal para la “humanidad”: la creación del Superhombre. “Todos los seres han creado algo más allá de sí mismos, ¿van a ser el reflujo de esta gran marea? He aquí, te enseño Superhombre” (Así habló Zaratustra) . De hecho, el lenguaje que usa para describir el advenimiento de su ser ideal es el del profeta religioso: “¡Despierten y escuchen a los solitarios! Del futuro vienen vientos con un suave batir de alas, y llegan buenas noticias para los oídos finos / Ustedes solitarios de hoy, ustedes que se mantienen separados, algún día serán un pueblo; de ustedes, que se han elegido a sí mismos, surgirá un pueblo elegido y de él Superhombre (Así habló Zaratustra) Para lograr esta “elevación del hombre tipo (Más allá del bien y Mal) Nietzsche exige el sacrificio de uno mismo. Stirner, por el contrario, repudia cualquier establecimiento de una meta para el futuro y no se preocupa por el “Hombre”. Para él, la pregunta es: “¿Por qué no le eche coraje ahora a realmente hacer ustedes mismos el punto central y lo principal por completo?” La respuesta del egoísta de Stirner al ideal nietzscheano es expuesta sucintamente por JL Walker: “No permitiremos que el mundo espere al superhombre. Somos los superhombres” (La filosofía del egoísmo ).

Nuevamente, Nietzsche, a pesar de todos sus feroces ataques contra la moral judeocristiana, es un moralista. En lugar de las doctrinas niveladoras predicadas por los piadosos del púlpito y la plataforma política, Nietzsche busca crear dos tipos de moralidad: la de los amos y la de los esclavos. Al negar la moralidad existente, su preocupación es reemplazarla con una nueva moralidad. Aunque Zarathustra es un “destructor” y rompe el “valor en pedazos”, lo hace para “ser un creador del bien y del mal”. Stirner también niega la moralidad existente, pero no lo hace para limpiarlo de cualquier veneno que cree que lo infecta, sino que puede poner su propia satisfacción en su lugar. No desea someterse a ningún principio moral sin importar qué Se invoca [idea] fija para sancionarla: Dios, Hombre o Superhombre. Por mucho que a Stirner le hubiera gustado leer la cáustica crítica de Nietzsche sobre la moralización actual de su conclusión, habría sido que Nietzsche es incapaz de librarse del dominio de la moral en sí mismo y, por lo tanto, sigue siendo un hombre poseído. El egoísta consciente está literalmente “más allá del bien y del mal “y acepta con una mente tranquila que todas las cosas dentro de su poder son” permisibles “incluso si no son todas convenientes.

En su Filosofía de Nietzsche, Georges Chatterton-Hill afirma que Nietzsche “desvía” a Stirner porque “con Stirner el individuo es él mismo la relación última”., y su propia satisfacción individual constituye la justificación de su egoísmo”. Con Nietzsche “el egoísmo del individuo se justifica solo a la luz de su valor final para la raza… Nietzsche ha ido más allá de Stirner. Ha adoptado la concepción de Stirner y la ha superado. Chatterton-Hill está equivocado. Nietzsche no adopta la “concepción de Stirner” y, por lo tanto, no puede “superarla”. En el fondo, Stirner y Nietzsche son dos hechos dispares que no se pueden razonar en uno. A pesar del deslumbrante rompe-ídolos de Nietzsche, él es perseguido por otro ídolo: el ídolo de un “Hombre” abstractificado puesto para la redención por la creación del Superhombre. La defensa de Nietzsche del “egoísmo” está condicionada por el logro de este objetivo y afirma con franqueza que cuando un individuo no se corresponde con su ideal prescriptivo de un “curso ascendente de la humanidad”, entonces “es el deber (sic) de la sociedad suprimir el egoísmo” (La voluntad de poder). Esta no es la opinión de un egoísta, sino la de un moralista que exige que se elija su opinión de que la“ humanidad ”es más importante que los individuos. La filosofía de Nietzsche implica que las “entidades” supraindividuales como “la humanidad” o “raza” tienen derecho a la subordinación de mis intereses e incluso al sacrificio de mi vida. Stirner, por el contrario, rechaza todos esos credos de sacrificio. Él alegremente se valora a sí mismo como más importante que la “humanidad” o su “curso ascendente”. No se preocupa por los mitos de la redención humana, sino por el mundo real de su propio ser único.

Ego #14, 1991

(extraído de la revista El Errante #7 – revisado con leves modificaciones por EdTS)

Los Reaccionarios Filosóficos: Una Respuesta a “Los Sofistas Modernos” de Kuno Fischer (1) (Max Stirner)

Los Reaccionarios Filosóficos:
Una Respuesta a “Los Sofistas Modernos” de Kuno Fischer (1)
(Max Stirner)

Un pintor prolífico, que estaba trabajando en su estudio, fue llamado por su esposa para almorzar. Él respondió: “Espera un momento; sólo me quedan doce apóstoles de tamaño natural, un Cristo y una Virgen por pintar”. Así es el reaccionario filosófico Kuno Fischer –he elegido esta frase, porque uno no puede aparecer en el salón de la filosofía sin el abrigo de cola(2) de un frase filosófica–, él se ocupa del difícil trabajo de titán de la crítica moderna, que tuvo que asaltar el cielo filosófico, el último cielo bajo los cielos, con grandes pinceladas. Él pinta a uno tras otro. Es un goce verlo. Strauss, Feuerbach, Bruno Bauer, Stirner, los sofistas griegos, los jesuitas, los sofistas del romanticismo, todos son pintados con la misma plantilla.

El buen hombre persigue a los sofistas de la misma manera que nuestros Lichtfreunde(3) y los católicos alemanes persiguen a los jesuitas. Publica una advertencia contra ellos; vilipendia a alguien llamándole “¡sofista!” y todo filósofo respetable se santiguará haciendo una cruz ante él. Ya Hegel ha llamado la atención sobre el hecho de que lo poco que nos queda de los sofistas griegos muestra cuán superiores eran al idealismo griego cuya gloria máxima se conservó en las obras de Platón. Al final, Hegel también es un “sofista”. Traiga su plantilla, Sr. Kuno Fischer, que tengo la necesidad de llamar a Hegel “sofista”. Pero escuchemos a nuestro glorioso cazador de sofistas: “La sofística es la imagen reflejada en un espejo de la filosofía: su verdad invertida”. Por lo tanto, ¿es la misma verdad, sólo que en la posición opuesta? Oh, la posición no nos importa. Observamos la imagen desde arriba y lo llamamos “sofista”; la miramos desde abajo y lo llamamos “filósofo” “tel est notre plaisir”(4).

“El sujeto sofista, que se convierte en el dueño, el déspota del pensamiento, y con él revela el tel est mon plaisir a los poderes objetivos del mundo, no puede ser la subjetividad pensante”. “Dueño, déspota del pensamiento”, ¿el pensamiento de quién? ¿Mi pensamiento? ¿Tu pensamiento? ¿O el pensamiento en sí mismo? Si el “sujeto sofista” se convierte en el dueño de mi pensamiento, o del pensamiento en sí mismo, algo que no tiene sentido, no obstante, probablemente sea más poderoso y por lo tanto tenga derecho a ello; porque sólo puede apoderarse del pensamiento pensando, y esa sigue siendo sin duda un arma honorable y caballerosa. Pero si él es dueño de su propio pensamiento, esto no es nada especial. Si tú no lo eres, entonces eres un lunático, el juguete de tu idea fija. Sin embargo, lentamente, aquí vienen los “poderes objetivos del mundo”, un grupo sublime. ¿Quién eres tú? ¿Acaso eres la luz “que atraviesa las vidrieras” y me colorea la nariz de azul, me guste o no, cuando estoy parado en una iglesia gótica? Sí; e incluso mi vecino orante, lleno de la objetividad del Dios actual, tiene que reírse de la nariz azul. ¿O acaso eres el poder destructivo de un cuerpo que cae, la electricidad descargada, la rápida expansión de una sustancia que se evapora? ¡No! Nada de eso. Veo al filósofo sonreír. ¿Debería la naturaleza sin sentido ser un poder objetivo del mundo? Naturaleza, que no “es” cuando no la “pienso”, que es sólo una “cosa pensada”. ¡No! Porque hasta ahora, esto es más poderoso que el filósofo, y por lo tanto lo desaprueba; pero su Dios-adornado-con-frases, ese becerro dorado decorado, sí es un “poder objetivo del mundo”. La historia pasada es nula y sin valor, en la medida en que no muestra el proceso dialéctico de su pensamiento característico, y el futuro… él ya lo ha “diseñado”. Por lo tanto, “el sujeto sofista”, “el déspota del pensamiento”, “no puede ser la subjetividad pensante”. “¡La subjetividad pensante!” Si todavía le llamara “el sujeto pensante”, entonces el simple sinsentido de esta oración estaría al desnudo, en concreto que “el sujeto sofista no es por ende el sujeto pensante –el cual es dueño del pensamiento, y por lo tanto piensa–, sino que quizás más bien él es pensado por un pensamiento, porque es el órgano sin voluntad del Espíritu absoluto, o, de lo contrario, estas sabias definiciones podrían caerse”. Pero de esta manera la “subjetividad pensante” se ha convertido en una hidra de muchas cabezas sin sentido.

“El sujeto, que se distingue como independiente de su pensamiento, es más bien el sujeto particular, aleatorio, que no ve nada en el pensamiento sino un medio plausible para sus propósitos, y sólo comprende el mundo natural y moral bajo esta categoría”.

Me distingo de mis pensamientos y no me distingo de ellos; allí mis pensamientos me satisfacen tanto que ningún sentimiento ni ninguna sensación pueden producir una diferencia entre yo y mis pensamientos. Pero estoy usando el torpe lenguaje de mi oponente… ¿entonces puedo hablar de “pensamiento”? Un “pensamiento” es algo terminado, algo pensado, y de esta cosa siempre me distingo, como el creador de la criatura, como el padre del hijo. Desde luego yo me distingo de mis pensamientos, los cuales yo he pensado o voy a pensar; los primeros son objetos para mí, los segundos… huevos sin poner. Por lo tanto, yo soy simplemente “el sujeto particular, aleatorio”. Pero el que se considera “sujeto necesario” para sí mismo, se legitima como tal. Puede obtener la legitimación de la luna. Es una cuestión absurda si un sujeto es aleatorio o necesario, o si es “un” sujeto o “el” sujeto. Es necesario porque está ahí, y es necesario si se hace a sí mismo necesario; y es aleatorio, porque ningún gallo cacarearía si él no estuviera ahí. La concepción de que es más necesario un conquistador del mundo, un erudito que controle el tiempo o un hombre de Estado, aún sigue siendo algo ilusorio. Para quien tiene intereses “particulares”, como “medios plausibles para sus propósitos”, todos ellos atan las pasiones e ideas de la época a sus carros triunfales. Su “propósito” puede ser algo más real, o una idea; siempre es su idea, una idea particular, que aman, y con la que arrojan el anatema sobre su persona, en cuya contrariedad y carácter inquebrantable, claramente perciben que todavía son sólo “sujetos aleatorios, particulares”. En lo que respecta a la comprensión del “mundo natural y moral”, confieso que no entiendo cómo uno puede comprender el mundo natural de otra manera que no sea como un sujeto natural “particular”. Con mucho gusto te dejo tu “mundo moral” para ti; ese mundo siempre estuvo sólo en el papel, es la mentira perenne de la sociedad, y siempre se hará añicos al chocar contra la rica variedad e incompatibilidad de los individuos que tienen una fuerte voluntad. Dejamos este “paraíso perdido” para los poetas.

Ahora, en un instante, nuestro héroe se da una cabalgada por la historia. “¡Hurra! los muertos cabalgan rápido”:

“El idealismo de pensamiento de los Eleáticos(5) estimuló la sofística griega”. Oh, eso es un gran elogio para los Eleáticos. Como si no se hubieran estimulado también las consultas de psiquiatras gracias al “idealismo de pensamiento” de sus lunáticos, especialmente si hay un “método en su locura”.

“La sofística del cristianismo Católico era el Jesuitismo(6). El dogma Católico, que se sitúa externamente al sujeto creyente, trajo lo mismo, por lo tanto, externamente a su poder”. ¿“Externamente” probablemente, pero también en la realidad? ¿O acaso los alumnos de Loyola no han controlado siempre el Vaticano? Legítimos en Austria y Baviera, Sans-culottes en Bélgica, comunistas en Francia, los polifacéticos jesuitas siempre atraen a las masas con la cuerda para necios de una idea popular(7). Incluso en el interior de Asia, donde el hambre del desierto y la fuerza superior de los nómadas salvajes hicieron fracasar todas las expediciones, su intrépido pie ha vagado por ahí. Hoy, un alumno Jesuita se sienta en el trono papal, y gobierna en el espíritu del liberalismo religioso y político; y Católicos y Protestantes lo animan.

“En la sofística romántica, el sujeto particular asaltó el carácter absoluto del yo Fichteano” ¡eh, escuchad, escuchad! vosotros, románticos, Schlegel y Tieck, entusiastas del arte, tú, brillante teósofo, Novalis, escuchad desde vuestras tumbas lo que os dicen, dicen que vosotros también sois sujetos “particulares” totalmente comunes. ¡En efecto! Con frases uno puede convertir todo en todo. “La sofística emancipa al sujeto del poder del pensamiento; entonces, el sujeto sofista es el sujeto irreflexivo, bruto y particular que se arrastra detrás de la espalda del pensamiento para mantener a raya su poder”. ¿Así que, por el hecho de que yo tengo pensamientos y los pensamientos no me tienen a mí, por el hecho de que pienso libremente y no me apego a un pensamiento ya pensado, soy por ello un sujeto “irreflexivo”, “particular”, incluso “bruto”? ¡Por supuesto que no! Los sofistas no son “irreflexivos”, incluso son “filosóficos” más o menos como “la imagen reflejada en un espejo de la filosofía”, pero ¿de qué manera? “El sujeto torpe respira aire filosófico; eso le da ese oxígeno peculiar, del que se inspira dialécticamente para tener una elocuencia formal”. ¿Vosotros, filósofos, realmente tenéis la corazonada de que habéis sido golpeados con vuestras propias armas? Nada compra una corazonada. ¿Qué réplica podéis hacer vosotros contra eso, cuando yo vuelvo a derribar dialécticamente lo que acabáis de construir dialécticamente? Me habéis mostrado con qué “elocuencia” se puede convertir todo en nada y nada en todo, negro en blanco y blanco en negro. ¿Qué tenéis contra eso, cuando os devuelvo vuestro impecable truco? Pero con el truco dialéctico de una filosofía de la naturaleza, ni vosotros ni yo cancelaremos los grandes hechos de la investigación natural moderna, como tampoco lo hicieron Schelling y Hegel. Precisamente aquí el filósofo se ha revelado como el sujeto “torpe”; porque es tan ignorante en una esfera “torpe” en la que no tiene poder, como un Gulliver sin ingenio entre los gigantes.

El “sofista” es el sujeto “estable”, “aleatorio”, y pertenece a los “reaccionarios” “puntos de vista ya conquistados en filosofía”, y es “pintado” una vez más en la abundancia creativa de Kuno Fischer. Probablemente no ha entendido a los filósofos, ya que “el hombre natural no sabe nada del Espíritu de Dios”. Pero nos gustaría ver cómo el Sr. Fischer ha entendido a esos que él ha pintado filosóficamente, para que al menos podamos admirar su “elocuencia”. “En este proceso, la ‘crítica pura’ no lleva al sujeto a un sentido real de su soberanía; permanece en la ilusión, contra la cual lucha, relacionándose con ella críticamente”. Es absurda esta acusación hecha contra la “crítica pura”, de que es meramente crítica; porque ¿cómo podría alguien criticar una cosa sin “relacionarse críticamente con ella”? Seguramente, la pregunta es sólo: ¿en beneficio de quién se establece esta relación?, es decir, si el crítico supera críticamente a la cosa o no. “Esta relación crítica derriba al sujeto; es la nada definitiva de todos los pensamientos que sacuden el mundo; éstos se han expirado en el egoísmo absoluto del único. Peter Schlemihl(8) ha perdido su sombra”.

Qué desafortunado, cuando alguien elige una metáfora por la cual es claramente derrotado. La sombra de Peter Schlemihl es la imagen de su unicidad, su contorno individual, usado metafóricamente, el conocimiento y el sentido de sí mismo. Precisamente cuando pierde esto, se convierte en la desafortunada presa del oro al que ha transferido su esencia, de la opinión de la muchedumbre que él no sabe despreciar, del amor de una niña tonta al que no sabe renunciar; él es la pelota de juego de un demonio, que sólo le aterroriza mientras él le teme, mientras permanezca en una relación contractual con él. Bien podría haber sido la presa de la filosofía.

Pero dejemos las metáforas. De la misma manera que el Sr. Fischer arriba, el Literaturzeitung de Bauer habla de ello en el octavo volumen:

“¡Qué grosería y qué frivolidad querer resolver los problemas más difíciles, y hacer frente a las tareas más amplias, simplemente con una ruptura(9)!”.

A esto Stirner respondió:

“¿Pero acaso tienes tareas, si tú no te las impones? En tanto que te las impones, no las abandonarás, y yo no tengo nada en contra de que pienses y de que, al pensar, crees miles de pensamientos”.

¿“El único” rompe con el proceso de pensamiento aquí? ¡No! Él deja que siga tranquilamente su curso; pero tampoco deja que rompa su unicidad, y se ríe de la crítica tan pronto como intenta obligarlo a ayudar a resolver un problema que él no se ha planteado, riéndose de sus “pensamientos que sacuden el mundo”. El mundo ha languidecido suficiente tiempo ya bajo la tiranía del pensamiento, bajo el terrorismo de las ideas; está despertando del pesado sueño, y sigue el día del alegre interés propio. Le da vergüenza la contradicción en que la iglesia, el Estado y el filósofo le mantuvieron cautivo, la contradicción que le impusieron entre el interés propio y los principios. Como si uno pudiera tener un principio en el que no tenga ningún interés, un interés que de momento no se convierte en un principio. Pero tú debes (y tienes que) tener un principio “puro”, el interés propio es “sucio”. Sólo debes comportarte “filosóficamente” o “críticamente”; de lo contrario, eres un sujeto “torpe”, “bruto”, “aleatorio”, “particular”.

Escucha, naturalista, cuando tú observas con placer el devenir del pollo en el huevo incubado, y no piensas en criticarlo; escucha, Alejandro, cuando rompas el nudo gordiano(10) que tú no ataste. Tienes que morir de joven en Sais(11) a manos de los sacerdotes, porque te has atrevido “irreflexivamente” a levantar el velo sagrado del pensamiento serio(12); y los sacerdotes todavía tienen el morro descarado de decir: “la mirada de la Deidad te ha matado”.

Pero una muestra de la actitud ideal y etérea del lenguaje, que nos conduce a un sujeto que no es “torpe”, ni “necesario” ni que “sacude el mundo”:

“El sujeto sofista, que desde su arrogancia despótica se ve degradado una y otra vez a la condición de un eunuco, finalmente se retira detrás del prepucio de su individualidad”, etc.

Después de que Kuno Fischer haya honrado con una exposición tan amplia “los prerrequisitos filosóficos de la sofística moderna, Hegel, Strauss, Bruno Bauer, Feuerbach”, un proceso de filosofía que históricamente ya ha llegado a existir, pero que aún es demasiado obvio para ser expuesto de una manera tan trivial como si fuera noticia, ha llegado a hablar sobre el propio Max Stirner. En cuanto a la inclusión de Stirner entre los sofistas, un nombre con el que no se consideraría insultado ni halagado, puede ser suficiente para expresar una opinión similar sobre los sofistas griegos en su contra.

“Por supuesto el principio de la sofística tenía que conducir a esto, a que el más ciego y dependiente esclavo de sus deseos pudiese ser un excelente sofista y pudiese, con agudeza intelectual, ser capaz de exponer y justificar todo en favor de su rudo corazón, porque ¿qué podría haber para lo que uno no pudiese encontrar siempre una «buena razón», y que no fuese posible defender de alguna manera?”.

Ya he observado a menudo que los críticos que han examinado y analizado los objetos de su crítica con gran talento y gran comprensión, se han vuelto locos con Stirner, y cada uno se ha dejado arrastrar por las más variadas consecuencias de sus malentendidos hasta llegar a cometer genuinos errores estúpidos.

Así, Kuno Fischer hace un esfuerzo inútil para mostrar el egoísmo y la unicidad de Stirner como una consecuencia de la conciencia de uno mismo y de la “crítica pura” de Bauer. El sujeto, que “en este proceso la crítica pura no le aporta un sentido real de soberanía”, se convierte en Stirner en “la nada definitiva de todo el pensamiento-que-sacude-al-mundo”. Y este truco se logra al “romper con la relación crítica que tiene con las ilusiones contra las cuales lucha”.

Pero el truco es sólo uno de los trucos de Kuno Fischer; en el propio libro de Stirner no se encuentra nada de esto. El libro de Stirner ya estaba terminado antes de que Bruno Bauer le diera la espalda a su crítica teológica como algo que ya se había resuelto, y la proclamación de la “crítica absoluta” en el Literaturzeitung sólo menciona a Stirner en un suplemento de la publicación, que no necesariamente pertenece a la estructura de la obra completa.

El humanismo de Feuerbach, que en los comunistas y socialistas alemanes había logrado una influencia más general, estaba mucho más cerca de darse cuenta de que claramente lo “inhumano” del “humanismo” sacaba a la luz las contradicciones subyacentes en el sistema. Por lo tanto, Stirner dedicó el mayor esfuerzo a la batalla contra el humanismo. Feuerbach respondió en el diario trimestral de Wigand, 1845, volumen III, y Stirner refutó esta respuesta. Kuno Fischer parece no saber ni darse cuenta de nada de esto; de lo contrario se habría ahorrado el esfuerzo de hacer el siguiente descubrimiento ingenioso:

“El egoísmo del único no es cualquier pensamiento; más bien es objetivo; ejerce una violencia dogmática; es una alucinación, un fantasma, un pensamiento jerárquico, y Max Stirner es su sacerdote”. “Stirner es el dogmático del egoísmo”. “En la objetividad que Stirner da al egoísmo absoluto…” (no hay rastro de ese tal egoísmo “absoluto” en el libro de Stirner) “…hay una conceptualización que se ha convertido en un dogma”.

Si el Sr. Fischer hubiera leído el artículo(13), no habría llegado a este malentendido cómico, encontrando en el “egoísmo” de Stirner un dogma, un “imperativo categórico” muy en serio, un “deberías” muy en serio, como el que provocó el “humanismo”: deberías ser “Hombre” y no un “ser inhumano”, y luego construyó el catecismo moral de la humanidad. En ese artículo Stirner se refirió al “egoísmo” en sí mismo como una “frase”; pero como la última “frase” posible, la cual es adecuada para poner fin al dominio de las frases. Con ello nosotros cortamos con el imperativo categórico, es decir, con la intención positiva, que se puede encontrar en “La esencia del cristianismo” de Feuerbach y sus obras menores, incluso con su “filosofía de la humanidad”; eso significa que entendemos sus misteriosos “poderes”, “razón”, “voluntad”, “corazón” y sus realizaciones: “conocimiento”, “carácter”, “amor”, como representaciones psicológicas de las habilidades y cualidades que son inherentes en la especie humana real como tal, en la organización humana, aparte de los cambios históricos y las complicaciones, por lo que ya se han hecho enormes progresos en Feuerbach; él muestra suficientemente, volviendo a los rasgos simples y grandes de nuestra organización, cuán absurdo es dar tanto peso a un aspecto, a una característica, como el intelecto o el pensamiento, que amenaza con devorar a las demás; en resumen, quiere que toda la humanidad tenga el mismo derecho a todas sus características, incluidos los sentidos y la fuerza de voluntad. Pero habiendo llegado tan lejos, olvida que “el Hombre” no existe, que es una abstracción arbitraria. Él lo presenta como un ideal. No es de extrañar, cuando se convierte en un ser genérico impersonal y misterioso, que se comporte tan politeísticamente como los dioses griegos de Zeus. En consecuencia, entra en juego un “deberías”; deberías ser el Hombre. El “ser inhumano” opera contra el “Hombre”. Pero nadie afirmará que un “animal no bestial” no es un “animal”. Sería igual de difícil para Feuerbach demostrar que un “ser inhumano” no es un verdadero “humano”. Un “ser inhumano” es y sigue siendo un “ser humano” real, agobiado por un anatema moral, y expulsado, con un sentimiento de asco, por la comunidad humana… la cual le llama “ser inhumano”.

Stirner, a la frase “humanismo” le opone la frase “egoísmo”: ¿Cómo? ¿Me exiges que debería ser un “Ser Humano [Hombre]”, más precisamente, que debería ser un “hombre”(14)? ¡Bien! Yo ya era un “ser humano”, un “pequeño ser humano desnudo” y un “hombre” desde que estaba en la cuna; de hecho soy eso; pero yo soy más que eso, soy lo que me he convertido a través de mí, a través de mi desarrollo, a través de la apropiación del mundo externo, de la historia, etc. Yo soy el “único”. Pero tú eso no es lo que realmente quieres. Tú no quieres que yo sea un ser humano real. No te importa un carajo mi unicidad. Tú deseas que yo sea “el Ser Humano [el Hombre]” como lo has diseñado, como un modelo para todos. Deseas convertir el “principio de la igualdad vulgar” en la norma para mi vida. ¡Principio sobre principio! ¡Exigencia tras exigencia! Yo me opongo a ti con el principio del egoísmo. Yo sólo quiero ser yo mismo; yo desprecio a la naturaleza, a la humanidad y sus leyes, a la sociedad humana y su amor, y corto todas mis relaciones obligatorias con ellos, incluso la del lenguaje. Y a tus deberes bajo cualquiera de sus formas, a todas las expresiones de tus juicios categóricos, yo les opongo la “ataraxia”(15) de mi yo; bastante complaciente soy ya cuando hago uso del lenguaje, yo soy lo “inexpresable”. “Sólo me muestro a mí mismo”(16). ¿Y no estoy tan de acuerdo con el terrorismo de mi yo, el cual hace retroceder todo lo humano en tal caso, tanto como tú con tu terrorismo de humanidad, el cual inmediatamente me tacha de “ser inhumano” si peco contra tu catecismo, si no dejo que mi disfrute de mí mismo se vea interrumpido?

¿Por lo tanto, estamos diciendo con esto que Stirner con su “egoísmo” quiere negar todo lo universal, ver como inexistentes todas las características de nuestro organismo, de las que ningún individuo puede escapar, para eliminarlas mediante la simple negación? ¿Que lo que él quiere es renunciar a toda compañía con los seres humanos y esconderse suicidamente en su capullo? Ciertamente, este malentendido no es menos torpe que el de los liberales y conservadores alemanes que aún hoy están indignados por el comentario de Börne(17): “Si no te gusta la nariz de tu rey, te perseguirá”, como si Börne hubiese querido alguna vez convertir la nariz de un rey en un crimen contra la democracia. Uno se tiene que sentir realmente avergonzado de tener que explicar estas cosas para que lo puedan comprender los señores del Consejo de la Confusión.

Pero hay un “por tal motivo” de mucho peso, una implicación poderosa en el libro de Stirner, que a menudo, de hecho, puede ser leído entre líneas, pero que se les escapó por completo a los filósofos, porque no conocen a los seres humanos reales, ni tampoco a ellos mismos como seres humanos reales, porque ellos siempre tratan sólo con la “humanidad”, “el espíritu” en sí mismo, teniendo una concepción previa, etc., siempre tratan sólo con el nombre, nunca con la cosa y la persona. Stirner habla de manera negativa con su crítica aguda e irresistible, con la que analiza todas las ilusiones del idealismo y revela todas las mentiras de la devoción y el sacrificio desinteresado. De hecho, sus gloriosos críticos han entendido esta crítica como la apoteosis del interés propio ciego, del “egoísmo engañado”, que intenta poner a un pueblo entero bajo su posesión, con el fin de poder ganar unos centavos de ello. Stirner mismo describió su libro como una expresión a veces “torpe” de lo que él quería. Es la ardua obra de los mejores años de su vida; y, sin embargo, lo llamó a veces “torpe”. Tuvo que luchar tanto y tanto con un lenguaje que había sido corrompido por filósofos, abusado por creyentes del Estado, de la religión, o de cualquier otra cosa, y que había generado una ilimitada confusión de ideas…

Pero volvamos a nuestros críticos. Cuando Stirner dice: “El amor es mi sentimiento, mi propiedad”, etc., o “Mi amor es mío sólo cuando consiste en un interés interesado y egoísta, y por consiguiente el objeto de mi amor es realmente mi objeto o mi propiedad” y lo mismo vale para el caso de una historia de amor, del que ama y del objeto de amor declarado, al leer eso nuestro idealista (Kuno Fischer) se levanta triunfante, y dice: “Así pues, entonces, ¡el culto al Dalai Lama! es decir, comer dos veces. Yo me como a mi propio ser-ya-comido”. “Por lo tanto, Max y Marie(18) pertenecen, en la historia natural del amor, a los rumiantes”.

Bueno, dado que el Sr. Kuno Fischer es tan personal y pintoresco, también nos gustaría revertir el asunto. Kuno ama a Kunigunde(19) y Kunigunde ama a Kuno. Pero Kuno no ama a Kunigunde porque encuentre su placer en este amor, no disfruta a su amante por su propio placer, sino más bien por puro autosacrificio, sólo porque ella quiere ser amada; él no tolera ningún sufrimiento de su amor, porque el amor por ella le compensa lo suficiente, por lo tanto no es por estas razones egoístas, sino que todo lo hace sin tenerlas en cuenta, por puro altruismo. Kunigunde hace lo mismo con Kuno. Así que tenemos la pareja perfecta de lo que sería un matrimonio de tontos, que se han metido en la cabeza el amarse mutuamente por puro sacrificio, sin siquiera disfrutar el uno del otro. Kuno Fischer puede quedarse con un amor filosófico tan sublime para sí mismo, o buscar su pareja complementaria en un manicomio. Nosotros, los sujetos “brutos” y “particulares” queremos amar porque sentimos amor, porque el amor es agradable para nuestros corazones y nuestros sentidos, y en el amor hacia otro ser, experimentamos un mayor auto-disfrute.

Además, nuestro crítico se enreda en sus propias contradicciones. El “egoísmo eliminador-del-Estado del único” es al mismo tiempo “la más sólida asociación de la moderación”, “en verdad los fundamentos del despotismo más descarado”, cuya “espada tintineante(20) y fatídica” el crítico ya ha escuchado. La “espada tintineante” no sería ya “fatídica” para nosotros, si no hacemos de ella nuestro destino, y nos atrincheramos en su signo distintivo de acero a través de iniciativas tontas, dándole poder a la espada, queriendo esclavizarnos a la “idea”.

No podemos seguir con esto. Esperamos que uno pueda ser lo suficientemente honesto como para no esperar que leamos más de una página de un libro como “La racionalidad y el individuo”(21), y mucho menos escuchar una crítica al respecto. Pero queremos señalarle al Sr. Kuno Fischer que el autor de “La racionalidad y el individuo” ha escrito una crítica de sí mismo en el periódico de la iglesia Protestante. Pero quizás el Sr. Kuno Fischer está más familiarizado que nosotros, con este comportamiento burlesco de un hombre que quiere ser famoso a cualquier precio.

(publicado bajo el nombre de G. Edwards en Die Epigonen, volumen 4, Leipzig, 1847, pp. 141-151)

NOTAS

1. Kuno Fischer, que todavía era un estudiante cuando escribió sus críticas al libro de Stirner, sería más tarde conocido por su trabajo en la historia de la filosofía, y en particular por inventar la distinción entre los “racionalistas” y los “empiristas” en la filosofía de la época de la Ilustración.

2. Aquí está haciendo una referencia sarcástica, si no lo pillas piensa en un abrigo de cola (también conocido como “frac”), de esos típicos de filósofo o académico que van de guays.

3. Literalmente “Los Amigos de la Luz”, era un grupo protestante que tenía el objetivo de crear una versión racionalista del cristianismo, en oposición a la versión evangélica dogmática que dominaba en ese momento en Alemania.

4. Literalmente “tal es nuestro placer”, o en otras palabras “como nos place”. Una frase usada por los monarcas franceses cuando ponían una ley en vigor.

5. La escuela eleática fue una escuela de filósofos pre-Socráticos que rechazaron la validez de la experiencia sensorial como fuente de conocimiento, y en su lugar tomaron la lógica y las matemáticas como la base de la verdad.

6. “Jesuitismo” aquí hace referencia a la Compañía de Jesús (cuyos miembros son comúnmente conocidos como Jesuitas), es una orden religiosa de clérigos de la Iglesia católica fundada en 1534 por San Ignacio de Loyola (militar y líder religioso de la Contrarreforma) junto a otros. En un principio se creó para llevar a cabo la Contrarreforma de la Iglesia católica. Su actividad estuvo siempre centrada en la educación y adoctrinamiento (tanto en colegios como universidades), pero se extiende también a los campos social, intelectual, misionero y medios de comunicación. Realmente es una orden sectárea dentro de la Iglesia-secta católica, cuya principal actividad consistió (y consiste) en infiltrarse en ámbitos sociales conspirando para influenciar en sociedades y Estados y en sus políticas. Rápidamente se extendió por todo el mundo.

7. Aquí Stirner está refiriéndose a las artimañas que usan los Jesuitas: en cada país se adaptan a la coyuntura del país, con tal de ganarse a las masas hacia posturas que a ellos mismos y a la Iglesia les beneficia, entrometiéndose e infiltrándose en todas las esferas que sea necesario.

8. Es el personaje central de una historia (escrita por Adelbert von Chamisso) acerca de un hombre que vende su sombra al diablo por una bolsa de oro que nunca se acaba porque tiene un fondo infinito, sólo para luego descubrir que una persona sin sombra acaba siendo rechazada por todos.

9. En alemán “durch ein Abbrechen”, que sería como decir “con una ruptura” o “con un derribo”, en castellano también podríamos usar aquí la expresión “cortando por lo sano” en el sentido de “romper de una” [tener esto en cuenta durante los siguientes párrafos]. También dejo aquí el párrafo de El único y su propiedad que se está citando aquí para comprender mejor lo que se está diciendo:

«Un empujón me sirve igual que el pensar más cuidadoso, un estiramiento de mis extremidades me sacude de encima la angustia de los pensamientos, un salto repentino desprende de mi pecho la pesadilla del mundo religioso, un Waaah!” gritado con júbilo me quita de encima cargas soportadas durante años. Pero la tremenda importancia del grito de júbilo irreflexivo no se podía reconocer mientras durase la larga noche del pensar y de la fe.

“¡Qué grosería y qué frivolidad querer resolver los problemas más difíciles, y hacer frente a las tareas más amplias, simplemente con una ruptura!”.

Pero ¿acaso tienes tareas, si tú no te las impones? En tanto que te las impones, no las abandonarás, y yo no tengo nada en contra de que pienses y de que, al pensar, crees miles de pensamientos. Pero tú, que te has impuesto esas tareas, ¿no deberías poder volver a desprenderte de ellas? ¿Tienes que estar atado a esas tareas, y deben convertirse en tareas absolutas?».

10. Actualmente la expresión nudo gordiano se refiere a una dificultad que no se puede resolver, a un obstáculo difícil de salvar o de difícil solución o desenlace, en especial cuando esta situación sólo admite soluciones creativas o propias de “pensar de otra manera”. “Cortar el nudo gordiano” significa resolver tajantemente y sin contemplaciones un problema. Lo que busca transmitir este dicho es que no importa cómo se resuelva una situación, lo importante es que se resuelva. Sería una expresión parecida a “cortar por lo sano”, resolviendo de una un problema.

Esta expresión procede de una leyenda griega según la cual los habitantes de Frigia (en la actual Turquía) necesitaban elegir rey, por lo que consultaron al oráculo. Éste respondió que el nuevo soberano sería quien entrase por la Puerta del Este, acompañado de un cuervo posado sobre su carro. El que cumplió las condiciones fue Gordias (de ahí “gordiano”), un labrador cuyas únicas propiedades eran su carreta y sus dos bueyes. Cuando le eligieron monarca, fundó la ciudad de Gordio y, en señal de agradecimiento, ofreció al templo de Zeus su carro, con la particularidad de que cogió una cuerda y ató su lanza en el yugo del carro haciendo un nudo de manera que los extremos de la cuerda quedaban en el interior del nudo, tan complicado que nadie podía desatarlo. Según se dijo entonces, aquel que lo consiguiese desatar conquistaría el Oriente. Cuando Alejandro Magno (356-323 a.C.) se dirigía a conquistar el Imperio persa, en el 333 a.C., tras cruzar el Helesponto, conquistó Frigia, donde le enfrentaron al reto de desatar el nudo. Solucionó el problema cortándolo con su espada, diciendo (según la narración de Curcio Rufo): «Es lo mismo cortarlo que desatarlo». Esa noche hubo una tormenta de rayos que simbolizó, según Alejandro, que Zeus estaba de acuerdo con la solución.

11. Una referencia al libro de Novalis “Los discípulos en Sais”.

12. He traducido aquí “unbedenklich” como “irreflexivamente” y “Bedenklichkeit” como “pensamiento serio”. En general “Bedenklichkeit” significa simplemente seriedad, o también algo así como dudosidad (en el sentido de estar dudoso, pensativo, pero tomándose en serio al reflexión). Así pues, podría leerse como “porque te has atrevido ‘irreflexivamente’ a levantar el velo sagrado de la seriedad”.

13. Se refiere a Los críticos de Stirner, una respuesta de Stirner a sus críticos.

14. En el sentido de ser un hombre varón.

15. Ataraxia es una palabra griega que significa un estado anímico en el que uno tiene tranquilidad emocional.

16. Esta es una autoreferencia del propio Stirner a un párrafo de su libro El único y su propiedad, sobre todo a la última frase del párrafo. El párrafo en cuestión es este:

«¿Por qué, entonces, no queréis armaros de valor y convertiros plenamente en el punto central, en lo principal? ¿Para qué perseguir la libertad, vuestro sueño? ¿Sois vosotros vuestro sueño? No preguntéis a vuestros sueños, a vuestras ideas, a vuestros pensamientos, porque todo eso no es más que “teoría vacía”. Preguntaos a vosotros mismos y preguntad por vosotros mismos, eso es práctico, y vosotros queréis ser “prácticos”. Pero alguno se pregunta qué dirá su Dios y lo escuchará (naturalmente su Dios es lo que él se imagine y designe con ese nombre), otro escuchará lo que determine su sentido moral, su conciencia y su sentido del deber, y un tercero calculará qué pensará la gente de ello; y cuando cada uno preguntado a su Señor Dios (la gente es un Señor Dios tan bueno, y de hecho incluso más sólido, que el metafísico e imaginado: vox populi, vox dei), cada uno se someterá a la voluntad de su Señor y ya no escuchará lo que a él mismo le gustaría decir y decidir. Por eso, mejor dirigíos a vosotros mismos antes que a vuestros dioses e ídolos. Sacad lo que hay dentro de vosotros, sacadlo a la luz, mostraos a vosotros mismos».

17. Karl Ludwig Börne (1786-1837), un satírico y escritor político alemán.

18. Marie Dähnhardt, con quien Max Stirner estaba casado en ese momento y a quien le dedicó su libro.

19. Este nombre es la versión alemana de Cunégonde (Cunegunda en castellano), un personaje del cuento de “Cándido, o el optimismo” de Voltaire. El cuento gira en torno a la relación entre Cándido y Cunegunda. Tras vivir varias situaciones complicadas que los van haciendo separarse y volver a encontrarse, en una de esas él tiene que irse largo tiempo y le promete encontrarla allá donde esté y casarse con ella. Finalmente la encuentra en Estambul, pero para entonces ella ha perdido su belleza, y ahora ella es una persona muy irascible y, desafortunadamente, tiene una mente poco profunda. Aún así, Cándido acepta a regañadientes casarse con ella. Es probable que Stirner tuviera en mente este cuento a la hora de hacer la comparación.

20. El tintineo es el ruido que producen un conjunto de cosas metálicas o de vidrio cuando chocan o se golpean con algo (el típico “cling cling”).

21. Una referencia al libro de Karl Schmidt “Das Verstandesthum Und Das Individuum”, una obra que intentó rastrear la historia del movimiento filosófico de los jóvenes Hegelianos de principio a fin para poder terminar con él. Pero… al considerar a Stirner como un filósofo, evidentemente entendió mal a Stirner. Además, he de señalar que en la misma crítica que Kuno Fischer hizo a Stirner, a la vez hizo una crítica de 2 libros de Karl Schmidt: Das Verstandesthum Und Das Individuum [La racionalidad y el individuo] (1846) y Liebesfriebe ohne Liebe [Cartas de amor sin amor] (1846).

Traducido por: Lapislázuli

¡Exaltemos la Vida! (Renzo Novatore)

¡Exaltemos la Vida!
(Renzo Novatore)

No hay ofertas. En integridad, en plenitud, en belleza, viviendo resueltamente -Wolfgang Goethe

Aquellos que no han descendido al menos una vez al abismo de la tristeza más oscura o en medio del delirio de la desesperación más negra, que no han hablado valientemente cara a cara con la muerte para encontrar en el Crimen la inspiración suprema del momento que exalta y purifica a la víctima fuerte y heroica que ama, que anhela, que desea; estoy seguro, nunca me entenderán. Cualquiera que haya pasado su lamentable existencia en el lodo ambiental de la mediocridad común y vulgar, donde los resignados e impotentes vegetan, emasculados por todo el convencionalismo cobarde, no podrá comprender -incluso si está vestido de rojo- el grito satánico de aquellos que quieren morderse sangrientamente el labio perverso puro de la vida libre desencadenada.

Si -como dijo Proudhon- “el dolor es la fuente del mayor conocimiento” o “… el principio impulsor de toda nuestra acción” -como dijo Locke- significa que el dolor es la única y mayor fuente de vida, ya que no es otra cosa que acción febril, pulsante y una ansia de conocimiento. ¿Qué importa si, transportados en las alas frenéticas de nuestras búsquedas filosóficas y tormentosas, hemos logrado la revelación temerosa de la aspiración de la Nada y la inutilidad del Todo orgánico?

¿No ves por encima del furioso fuego, que encendemos para la cremación de cada fantasma, como nuestra vida física y espiritual se eleva de nuevo festivamente, cantando alegremente la brillante magnificencia del Sol?

¿Quién es más digno de exaltar triunfalmente la vida que el que vive sin la ayuda de ningún dios y sin ninguna esperanza? ¿Quién es más heroico que el que pelea, teniendo la plena y tranquila conciencia de que todo es inútil y vacío?

Sé que el oro, la gloria, el amor no pueden darme la felicidad. Y, sin embargo, amo la vida con una alegría intensa y quiero vivirla decididamente. Y lo que es para otros “vicio”, “crimen”, “pecado”, cuando vuelve a mi naturaleza salvaje, se transforma en una fuente de sinceridad y pureza. Interpreto la igualdad ante el dios de la ley, el pueblo de la humanidad, como el mayor absurdo, como la madre de todo lo que es absurdo inconcebible. Cualquiera que condene a un Baudelaire o un Shelley, por ejemplo, al mismo ostracismo o castigo al que condenaría a un sinvergüenza común simplemente porque cometió un “crimen” similar, lleva a cabo un acto más inmoral que la moral burguesa. Una de las borracheras de Leopardi no se puede comparar con la de un ordinario, del mismo modo que la herejía de un santo no se puede confundir con la herejía común de un pecador ateo.

Cada acción mía debe seguir siendo mía, incluso si es equivalente a otra o mil más.

Si la acción es la misma, el motivo es diferente. Yo soy yo…

Incluso dos bocas que se unen derritiéndose en el frisón del mismo beso y dos cuerpos desnudos que se contorsionan en el mismo espasmo para entrelazar una sola guirnalda de Amor, aún vibran dos sonidos diferentes y dos mundos diferentes en dos vidas, a pesar de estar unidos y revueltos. Mis sensaciones siguen siendo mías incluso cuando me caliento contigo en la llama del mismo fuego y cuando muero de frío contigo perdido entre los mismos glaciares. Frente al hermoso cuerpo desnudo de una mujer, donde puede sentir el deseo sensual de un abrazo orgásmico, el ojo de mi artista puede encontrar el motivo poderoso y delicado para crear una obra de arte completamente pura. En resumen, el mundo que se extiende a nuestros pies es, sin duda, en sí mismo, una esencia única, tal como somos, pero para cada uno de nosotros es una cosa diferente. Es por eso que el mundo solo existe como nuestra creación. Y esto que es del mundo … es de la vida.

Soy el creador del mundo y de mi vida. Soy mi propio creador, como soy mi propio destructor.

Y es por el amor de este juego extraño y trágico que exalto y glorifico la vida y quiero vivirla en su plenitud espiritual sin compromiso. – Peligrosamente!

En mis conversaciones con la Muerte aprendí este gran y nuevo amor por la vida. Ella me dijo lo que ningún libro ha podido decirme. “¡En Vivo!” La muerte me lo dijo. “Y si quieres que la vida sea grandiosa, libre y pura, vívela en el aroma del pecado eterno. Cuando la vida lo ordene, ofreceme tu frente. Mis rosas son negras y nunca se marchitan.”

Más allá de la razón fría y toda la moral siniestra, exalto la vida del espíritu y de los instintos, esperando el beso final.

¡La muerte es el amante final!

– Iconoclasta !, Vol. 1, # 8, 1920

(traducido desde Anarchist Library -J unio del 2020. Recuperado el 7 de junio de 2020 de Distinctively Dionysian)

EL ORDEN CRIMINAL

EL ORDEN CRIMINAL
(por Abisso Nichilista)

El orden criminal de la civilización, depende del sueño maldito del progreso, de la igualdad, del “voto útil”. Al orden no le conviene nunca que la masa salga de la narcosis, que ilusiona la deplorable existencia a la que se ve sujeta.

El mundo en el que vivimos, es el infierno del individuo, donde el Hombre prefiere sacrificarse por toda causa ajena a sí mismo, sacrificarse por abstracciones como los ejércitos de ratas, ofreciéndole a su irreal existencia un carácter sublime, cuasi religioso, amparado por la cultura dominante. Estamos en guerra, el orden criminal no perdona la disidencia. No podemos imaginar el “estado de paz” perpetuo, mientras la miseria del viejo mundo se extienda a todos los aspectos de la vida. Seguimos en el infierno, la única opción que tenemos es el devenir artístico de la pulverización de lo vigente. El mundo moderno es el punto muerto del individuo, la muerte ha recaído sobre la plenitud egoísta consumiéndola en nombre del Todo desfasado. La suerte de la generación pasada, la actual, como la futura está condenada al sufrimiento, a la ira misericordiosa de Dios, nuestro salvador. Nuestra vida es el precio a pagar, no existe milagro que nos libre de la pesada carga de la problemática de vivir. Sin embargo, la ley del orden quiere que el Individuo se consuele en su propia ruina, un cúmulo de victimas inútiles, ansiosas de reconstruir sus vidas.

Nuestro destino es la catástrofe, cada vez la deseamos más, para fugarnos del presente que nos sujeta a la desdicha de nuestras existencias, mantenido por el humanismo catalizador. La consumación de nuestras ideas se suceden ahora bajo la sombra de la Muerte, del renacimiento tras la quema, bajo el triunfo del Esquizo fracturando los valores que salvaguarda religiosamente, el ciudadano modelo. Todo será reducido a no más que un puñado de individuos, que resurgirán de lo profundo de la calcinación de lo sagrado, del absoluto científico. No podemos cambiar el orden, la única solución disolvente es guiarlo hacia al abismo, antes de que perezca nuestra individualidad, caerá todo aquello que no sea la plenitud del Egoísmo.

Nuestra idea es mortífera, es la expresión de la unicitidad, que se consagra a la destrucción de todos los sistemas sociales que aniquilan al Único, la causa individual sólo puede reconocer su propia voluntad de Poder. Esa expresión mortífera debe agotar su demencia dando rienda suelta a su nocividad, en abierta confrontación con todo lo vigente, lo caduco, lo desfasado, lo decadente. Es preferible la catástrofe a la reforma, es preferible unirte a la maldición antes que repensar el mundo.

Deseamos elevar la catástrofe sobre lo que se ve caduco hace mucho tiempo, la edad de la razón científica o humanística, la era de la bendición del Estado. Retornaremos de las tinieblas sin ningún absurdo valor criminal o esperanza ridícula. Seremos la advertencia del devenir, ninguna herencia de la miseria será perdonada, el Caos como un relámpago impondrá su voluntad incendiaria. Nuestros conciudadanos siempre han sido nuestros enemigos desde hace siglos, ahora más que nunca. La Muerte consumirá en el pozo de sus atributos a los Santos, a los virtuosos, a los buenos, a los acomodados. El delirio del Caos es la destrucción del origen de las ideas religiosas y morales, el Hombre y todo su orden.

tomado de Ex Nihilo

Hacia un misticismo radical

Hacia un Misticismo Radical

“Fue como si hubiésemos estado viviendo por un año en un denso bosquecillo de árboles viejos, un grupo de abetos, cada uno consu propio ritmo y carácter, a partir de los cuales nuestro cuerpo había obtenido no solo un refugio sino quizás también una suerte de guía a medida que nos íbamos convirtiendo en una familia”.
“Otros animales, en una relación constante y mayormente no mediada con su entorno sensorial, piensan con la totalidad de su cuerpo”.
Dos pasajes de “Volviéndose Animal: Una Cosmología Terrenal de David Abram”.

Atrapado entre las diferentes narrativas de familias tanto Judías como Católicas, un padre cambiando constantemente entre tradiciones Cristianas y Budistas, y la muerte de mi madre cuando tenía siete años, siempre he tenido una relación tensa con “Dios”, el pensamiento divino y religioso/espiritual. He explorado diversas creencias y me he convertido en algo así como un practicante experimental durante mi adolescencia, explorando el Cristianismo, Neo-Paganismo, Hinduismo y otras creencias, algo divorciadas de aquellas que tenían en las familias con las que crecí.

Luego fallecí (no en el sentido melodramático de los “nihilistas” góticos e inquietos y de la estética de niño emo). Mis experiencias como un joven paciente de cáncer al final de mi adolescencia me otorgaron una relación más íntima con la muerte que la pérdida de mi madre y los años que le siguieron a eso, hasta el momento de mi diagnóstico. La experiencia de ser poco másque carne me quitó la relación con estos Símbolos que habían conectado mi sentido del ser con mi fundamental escasez existencialy crearon (inestables) senderos para que yo navegara el mundo tal y como lo encontraba.

Esta experiencia fue al mismo tiempo horrenda y liberadora. En el año anterior a mi diagnóstico había comenzado a explorar el pensamiento existencialista, mediante una suerte de práctica Budista-Existencialista y el anarquismo individualista de Armandy pensadores similares, y a medida que mi relación con el reino del pensamiento “espiritual”/religioso se desintegraba a travésdelas experiencias con las máquinas de MRI*NdT1, las cirugías cerebrales, los esteroides y la terapia de radiación, el pensamiento existencialista me servía como una especie de codificación semiótica para ayudarme a viajar desde la desesperanza hacia la Vida,como una aceptación de lo Absurdo y un regreso al cuerpo -(esto fue inicialmente a través de Camus y Nietzsche en particular).

En el año siguiente, pos-tratamiento, mientras exploraba mi relación con mi cuerpo a través de diversos medios y de mi creatividad personal, me topé con dos textos que codificaban algo que había visto, experimentado y conocido a lo largo de toda mi vida, y que me otorgaron palabras para articularlo -todo lo que ese discurso me ha dado alguna vez (o a cualquiera, hasta dondepuedo observar) son palabras nuevas para articular la experiencia de su ser-en-el-mundo; su experiencia de lo Real (lo salvaje) mediado por lo Simbólico/tecnología. Estos dos textos eran La Pregunta por la Técnica de Heidegger y la Civilización y sus Descontentos de Freud. Luego de leer estos trabajos acerca de lo que significa vivir en la civilización y del lenguaje que meotorgaron, comencé a transitar el “sendero” que me llevó a escribir Conciencia Salvaje, y a mundos de pensamiento y discurso en los que me sumerjo (a mi Ser) actualmente.

En base a estas experiencias con el discurso y las inmediatas experiencias personificadas correspondientes que había padecidoa lo largo de mi vida, comencé a ver el eco-radicalismo, anarquismo y las filosofías-activas como prácticas Iconoclastas -como reveladoras de lo que subyace a los iconos de lo Simbólico, las tecnología, y buscar destruirlo. Y mis intereses se han dirigidocada vez más hacia un tipo de anarquismo ontológico, basado en la de-construcción de la máquina (tanto de forma semiolingüísticacomo en su forma personificada), la práctica de la semiótica radical creativa y una eco fenomenología en busca de relacionalidadesque la civilización intenta negar a través de la domesticación, tanto por dentro del cuerpo de la máquina como tan-cerca-de los límites su territorializada-ontoteologíacomo pueda llegar viviendo en esta isla en el Mar del Norte, la cual ha sido el escenario-geográfico de la producción de la historia y el imperio desde prácticamente los comienzos de la civilización misma -la creación de Zonas Temporalmente Autónomas.

Entonces si esta práctica en la cual me he involucrado es un intento de formar relaciones con otros y revelarles algo que ha sido ocultado (/reprimido/suprimido), y si el Misticismo es una práctica basada en una experiencia senso-perceptual (súper o de otra forma) de algo que se considera secreto u oculto, entonces el nihilismo verde que conlleva intentar destruir estos aspectos del Leviatán que yo puedo destruir es algo-así-como-una práctica de Misticismo (algo con lo que el anarquismo ontológico siempre se ha visto ligado).

El Misticismo como término invoca la imagen de algo similar a un ideólogo-teísta, una plataforma de la que me he distanciado hace tiempo, particularmente en el contexto del Dios del teismoclásico, y he tomado una estética algo Nietzscheana al respecto. Pero no me consideraría un ateo, en el sentido general del término, y me siento relativamente cómodo al nombrar al Ser-salvaje como lo divino, puesto que es todo poder, toda presencia, todo lo que es “conocible” (por dentro y por fuera del lenguaje) y todo amor (/odio/deseo/valor). Tampoco me consideraría un panteísta o pagano, puesto que mis sensaciones del presente transitorio acósmicoegoísticome vuelven incapaz de aceptar la noción de que existe una totalidad absoluta existente requerida por esta/esas teologías, y me siento inauténtico si abrazo el término de animismo para mis prácticas, dado mi contexto histórico-geográfico dentro de la narrativa de la Historia.

Entonces respecto a “Dios”, dioses, el espíritu, la Vida, la muerte y lo divino (y la práctica de la semiótica radical) siento que mi relación con el Ser-salvaje es la de un misticismo-hilozoico, nacido de la práctica del anarquismo ontológico eco-radical y la iconoclasia de la deconstrucción-salvaje -un Misticismo radical.

Ahora, esta mañana desperté para ver un escrito de un contemporáneo mío dentro de este mundo del discurso anti-civ en el que me encuentro, en la cual él intenta denunciar el misticismo mediante la aceptación de un pensamiento del tipo religioso y la auto-renuncia y negación de la inmediatez de la subjetividad personificada y un aparente escolasticismo anti-civilización, el cual parece altamente confundido (y de culto). Esto se desprende de la trayectoria aparente de la escuela de pensamiento eco-extremista en la que ellos (Cabrera) se han inmerso y a su proyecto de Atassay su enfoque de pensamiento. Pero, mientras que tengo algún interés en el eco-extremismo como un fenómeno y un movimiento político, y en el proyecto de Atassa, encuentro mucha fealdad en su escolasticismo.

El escolasticismo como un acercamiento al discurso es (como yo lo entiendo) un intento de obtener conocimiento científico de la “verdad revelada” de un dogma religioso, mediante un enfoque dialéctico -esto está siendo aparentemente realizado, bajo el proyecto de Cabrera, como un escolasticismo Marxista-Católico de la dialéctica en reversa. Los métodos del “conocimiento” científico tienen muchos inconvenientes, a los que aquellos de nosotros simpatizantes del escepticismo radical estamos familiarizados, y el dogma religioso también presenta problemas para este enfoque, a los que nuevamente muchos en este universo de discurso estamos muy familiarizados. Junto con estos, está el problema del enfoque dialéctico del discurso, el cual puede que estemos de alguna forma condenados a abordar en este universo de discurso (dado lo mucho que el Hegelianismo y el Marxismo forman parte de él). Para citar a Karl Popper “todo el desarrollo de la dialéctica debería ser una advertencia al respecto delos peligros inherentes a la creación de sistemas filosóficos” y para citar a Nietzsche “Yo desconfío de todos los sistematizadores y los evito. La voluntad de sistematizar es falta de integridad”.

El enfoque dialéctico es uno que se basa inherentemente en el historicismo, cuyo determinismo holista se presenta a sí mismo como el mejor-significador del Otro supremo que no tengo deseo de aceptar y que considero que no es más que la narrativa de la ilusión mítica de la civilización, de la cual deseo su destrucción. Su léxico semiolinguístico para mí no es más que la cartografía de aquellos que desean negarme la inmediatez del Ser-salvaje y el positivismo de mi subjetividad. Puede que mi subjetividad siempre esté de alguna forma mediada a través del discurso, a causa de mi socialización dentro de esta cultura y la subsecuente internalización que representa la trayectoria general del desarrollo-normal (el mío tal como fue descrito al inicio de esta pieza). Pero esto no me lleva a querer negarme la autenticidad eco-fenomenológica de mi racionalidad subjetiva-sensible personificada. El discurso y el estudio, para mí, son mejores si se realizan como una aventura anarquista de-sistematizada epistemológicamente libre y como una aventura no para descubrir alguna perogrullada a ser revelada, sino para encontrar palabras/signos/lenguajes para reducir los límites que construye el lenguaje para nuestros mundos y para articular nuestras experiencias como seres vivientes salvajes, no para acoger la muerte de la Historia.

Por lo tanto no puedo compartir el rechazo de Cabrera al misticismo y la aceptación del escolasticismo, con su aparente incitación a que otros hagan lo mismo. Por el contrario me siento obligado a abrazar, y sentir que el eco-radicalismo anti-civilización se sirve mejor incorporando el Misticismo de la relacionalidad eco fenomenológicas con el Ser-salvaje y la deconstrucción anarquista ontológica de la tecnósfera/el Leviatán/civilización.

Notas del Traductor
1: M.R.I. Son las siglas en inglés de
“imagen de resonancia magnética”.

Extraído de
Ajajema #8

Nietzsche y su crítica al cientificismo en la actualidad

Nietzsche y su crítica al cientificismo en la actualidad
(por Chikomoztoc)

La Naturaleza

El Universo, la Naturaleza, ha existido desde hace millones de siglos, los cambios que se han dado en lo desconocido se pueden medir en proporciones monstruosamente gigantescas o muy mínimamente pequeñas, en ese proceso de cambio o de transformación no está para nada incluido el ser humano racional, quien con su arrogante inteligencia cree ser el centro de ese Universo, ¡qué gran equivocación tan horrenda y penosa!

Nietzsche, en su texto Sobre la verdad y mentira en sentido extramoral, expone puntos interesantes respecto a las construcciones conceptuales generadas por el impulso de la verdad antropomórfica, pero no solo eso, si no que el autor hace ver el intelecto humano como inútil y efímero ante la Naturaleza. Nietzsche hace ver a la Naturaleza como una realidad total, la verdad Verdadera, la incógnita no conocida por el ser humano, y hecha a la basura todo idealismo y falsedad creada por el hombre y sus conceptos racionales.

La Naturaleza no sabe de formas ni de conceptos, ni tampoco (…) de especies, sino tan solo de una X inaccesible e indefinible para el hombre” Es así como el autor describe y echa abajo el andamiaje que hace estar de pie al mito de la Ciencia.

La Naturaleza en sí, está siempre en constante cambio, está en constante movimiento, sin embargo, el hombre racional, el moderno, crea estructuraciones conceptuales salidas desde su propia conciencia antropomórfica, y quiere tener una explicación complejamente estructurada. En la era moderna somos testigos de lo mencionado arriba, como ejemplo tomaré el proyecto del Gran Colisionador de Hadrones, uno de los experimentos más grandes y ambiciosos del que se tenga memoria, el cual (y solo mencionando uno de sus proyectos científicos), por medio de máquinas que transforman átomos en energía bajo reacciones impuestas, los investigadores tratan de simular un pequeño “Big Bang”, para así explicarse cómo es que de la gran explosión diversos elementos dieron paso a la galaxia, la tierra, y demás objetos y expresiones que se encuentran en el Universo.

Y antes que nada, debo aclarar que para esta afirmación no me baso en la teoría del Big Bang vertida desde los centros de investigación donde pulula el Cientificismo, no, cualquiera que conozca la cosmovisión de los variados grupos humanos antiguos (ya sean de tipo cazador-recolector o de civilizaciones “primitivas”), podrá constatar que en la gran mayoría, se habla de la creación por medio de algo parecido a una gran explosión, una enorme estela de luz cegadora, etc.

Volviendo al tema.

En este caso, los científicos al pensarse equivocadamente que como humanos somos el centro del Universo, sintieron la necesidad de intentar “crear” una manifestación que solo la Naturaleza fue capaz de realizar bajo sus propias pautas, con su única y desconocida manera de hacer las cosas. Ante esto podríamos afirmar que como lo dijo también Nietzsche, la causa de la búsqueda de respuestas para los esclavos del cientificismo es satisfacer su salud mental, pues las supuestas respuestas que encontrará serán solo meras invenciones del limitado conocimiento que el humano posee.

Para responder ambiguamente a las preguntas que llegan a pesar sobre nuestras cabezas, el humano racional utiliza su propio intelecto. Según el autor, el intelecto “no es más que un recurso de los seres más desdichados, más delicados, mas efímeros”. Esta facultad humana está precedida por el arte de fingir, el fingimiento que es como un escudo de los hombres débiles, de los menos preparados para sobrevivir, está cubierto del “engaño, el halago, la mentira y el fraude, la hipocresía, la simulación, el vivir con brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo falaz, el hacer la comedia ante sí mismo y los demás, en una palabra, el constante revoloteo de la sola llamada “Vanidad”.

Esa vanidad tan distinguida de la que hacen gala los científicos del proyecto antes mencionado, y otros más, es bien evidente al creerse ser la misma Naturaleza e intentar realizar una de las manifestaciones más importantes desde donde se originaron las cosas como las conocemos.

Conceptos antropomórficos

El ser humano moderno está obligado a vivir en sociedad, a estar hombro con hombro lidiando con personas de su misma especie, es así como por medio del lenguaje se dictan las legislaciones de la validez de las cosas, para que el homo viva en paz dentro de la sociedad sin entrar en constante conflicto con los demás, debe adecuar a esa necesidad de convivencia ciertos conceptos, tales como “verdad” y “mentira”. Inventadas estas palabras tan valiosas para el humano racional y dotándolas de cierta valides, se da cabida a las designaciones validas, una de las tantas fantasmagorías antropomórficas.

El hombre siempre ha querido conocer la verdad, desde los antiguos pensadores, hasta el más empedernido estudioso en cualquier materia, religión o disciplina, pero esta es ocultada por la Naturaleza, la esconde y frente a ese escondite la taponean aún más los conceptos desde el intelecto del hombre.

La arbitraria acometida del hombre racional frente a lo Verdadero se puede vislumbrar, en su capacidad falsa por catalogar la verdad con la mentira. Hoy en día, así como en los días de Nietzsche, lo verdadero resulta ser lo falso y viceversa. Es claro que las opiniones vertidas sobre este tema pueden tomar connotaciones muy diferentes de un individuo a otro, pero siguiendo el contexto de este ensayo, lo que realmente es lo Verdadero es lo que guarda la Naturaleza, lo que esconde el Universo del “basto” pero al mismo tiempo limitado intelectualismo humano. Decir, por ejemplo, que el cielo es azul es una metáfora, pues no es una verdad, la metáfora del cielo azul la hemos creado nosotros por nuestras propias capacidades cognitivas elementales individuales y colectivas, pero una cosa es catalogar algo de verídico que más bien es una metáfora, y otra es saber realmente porque el cielo es de ese color. Le hemos dado género también a las cosas, el cielo azul, género masculino, ¿porque es masculino el cielo? No es una verdad, es una metáfora, ¿realmente podemos catalogar la esencia de las cosas al ponerles nombre, color, género y demás? No, lo que creamos son más fantasmas, algo que no existe en el plano de la Naturaleza, conceptos respaldados por el lenguaje que se perpetua bajo normas de delimitaciones construidas por el conocimiento humano.

Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores: sin embargo, no tenemos más que metáforas de las cosas, que no corresponden en absoluto a las verdaderas entidades. Del mismo modo que el sonido se presenta como configuración de la arenilla, la misteriosa X de las cosas se presenta como estímulo nervioso, luego como imagen y por ultimo como sonido. Lo cierto es, pues, que a la génesis del lenguaje no preside la lógica y que todo el material con que trabaja y construye luego el hombre dedicado a la verdad, el investigador, filosofo, proviene, si no del reino de la Utopía, en todo caso no de la esencia de las cosas.”

El hombre racional

La sociedad está llena de humanos racionales (puesto que no solo comprende a los científicos), estos son aquellos que quieren tener todo previsto, se cobijan con una falsa manta de seguridad, piensan que si se adelantan a pensar todo, aquello que planearon tendrá el resultado deseado. Así es como el humano racional se ha desarrollado desde pequeño, bajo los falsos conceptos usados en la sociedad y el núcleo familiar. Puesto que solo podemos aspirar a admirar la superficie de las cosas, el sentido no conduce a la Verdad, conduce a la nada, pues la “verdad” como la conocemos solo es una expresión adecuada por los estándares establecidos de lo humano. Es aquí cuando la Ciencia se abre paso de entre las mundanas preguntas sin responder y, hace que su luz cegué totalmente al humano racional, ungiéndolo de una falsa seguridad bajo falsas conceptualizaciones en una falsa, creada y superficial realidad.

El racional está convencido de que su conocimiento va más allá, que su intelecto lo ha llevado a posicionarse como centro del Universo, ¡tan prudente como infeliz!

El racional le teme a lo desconocido, escribe Nietzsche, puesto que siempre está previniendo todo, indicando que si alguna cosa se sale fuera de su control y de su cuidado, este abra caído en el abismo que la Naturaleza tiene preparado para él. Para el racional, el cambio es un pavoroso camino con brechas desconocidas que lo llevan a un lugar fuera de su previsible visión. Y ya que este ser efímero está siempre tratando de racionalizarlo todo, no disfruta la vida como va, siempre tiene pautas y limitaciones impuestas a sí mismo, en una palabra, es infeliz.

La era moderna

Nietzsche pegunta ¿Qué sabe el hombre, en definitiva, de sí mismo? El campo científico tiene un gran panorama el cual abarca muchas materias, están desde las ciencias de la medicina, la física, la química, la biología, hasta la ingeniería genética, la nanotecnología, la neurología, la geoingeniería, etc., todas y cada una de estas materias tienen una genealogía que hasta ahora ha querido responder muchas de las preguntas jamás contestadas con anterioridad. En cada una de ellas se manejan tecnicismos, los cuales son esos conceptos falsos de los que hablé, dados por el hombre, tratando de darle nombre a algo desconocido para el ser humano.

Corriendo el siglo XXI, la Ciencia ha tenido un avance significativo en sus diversas ramas, avances tan frenéticos que han dejado anonadada a la sociedad de racionales.

Hoy en día, se ha generalizado esto de creerle todo a la Ciencia de lo que parlotea, y asombrarnos de sus innovaciones diarias y sus estudios dictados desde el vil intelecto humano, hemos caído en una realidad aún más falsa y atroz de la que escribía Nietzsche en 1873 (año en que fue publicado el texto de referencia). Es por eso que su crítica al cientificismo tiene una tremenda y sólida validez en esta época moderna.

¿Qué es lo que conoce el hombre de sí mismo entonces? Por medio de la Ciencia puede conocer solo lo que quiere oír, vagas conceptualizaciones ilusorias de lo que realmente somos, nada más, porque en un plano más real, no conocemos nada, solo lo que inventamos y percibimos como lo “real”.

La Naturaleza siempre ha estado y estará alejada de las leyes regidas por las matemáticas y la física, pues estas dos materias son solo invenciones humanas dentro de los parámetros de la realidad artificial. La medicina por ejemplo sabe, dentro de lo que cabe, que los torrentes sanguíneos deben de estar dilatados para que la sangre llegue al corazón, y este pueda bombearla para que las funciones corporales tengan un aprovechamiento general, pero ¿Qué es esto? ¿Quizás es algo real?, es real dentro de los saberes de la Ciencia, porque para la Naturaleza no significa nada.

La astrofísica ha bautizado como “materia obscura” a aquella materia invisible que no emite suficiente radiación en el Universo, los astrofísicos han fundamentado hipótesis y construido teorías respecto a las posibles causas de su origen, ese es solo un ejemplo de los conceptos que el humano racional ha inventado para intentar encontrar la respuesta a este enigma, sus ojos están cegados por el egocentrismo y la Naturaleza justamente le oculta la verdad.

La ingeniería genética ha dado un paso más allá, ha propuesto la criopreservación como método para reanimar a una persona después de muerta por medio del congelamiento a base de helio líquido, dándole vida nuevamente. Ese es del miedo que invade al humano racional del que hablaba Nietzsche, como no puede tener el control de su muerte, se aventura a que la Ciencia lo pueda revivir pasado el tiempo, es así como quiere ser previsible con su vida y hasta con su muerte.

La estadística es una de las ciencias que se usan como herramienta para que el humano racional, trate de llevar su vida lo más alejada que pueda del peligro, de lo dañino y de situaciones perjudiciales, a base de diversos estudios se generan varias recomendaciones guiadas por el falso sentimiento de seguridad, estas son reproducidas por los medios masivos de comunicación que las transmiten al receptor, el humano racional, el que quiere evitar a toda costa lo desconocido, el que le rehúye a los cambios y que piensa protegerse con su prudencia de lo que escape de sus manos.

Los expertos en sismología, están diariamente innovando máquinas que prevengan temblores y terremotos en zonas específicas, desde hace ya tiempo se trabaja en un proyecto lo suficientemente preciso para evitar posibles tragedias humanas, la Ciencia ha dado paso a nuevas tecnologías apuntando a una posible construcción de una maquina como la que anhelan los sismólogos, lo que se les escapa de las manos es que la Naturaleza no es previsible, cuando esta se manifieste no sentirán ni un leve movimiento, las agujas de las maquinas no medirán nada, porque la fuerza de la Naturaleza siempre termina cayendo por sobre las tantas previsiones humanas.

Con estos ejemplos actuales pretendo formular una pregunta para aquellos que neciamente niegan lo evidente ¿Entonces, la crítica al cientificismo de Nietzsche es válida hoy en día?

El hombre intuitivo

Mientras el humano racional está sentado en la piedra angular de su conocimiento, racionalizando y temiéndole al cambio que lo lleva a lugares desconocidos, y fuera de su previsión. El hombre intuitivo se encuentra cruzando montañas con lo necesario para vivir, este ha comprendido que la Naturaleza y el Universo está en constante cambio, es irregular e imprevisible. Ha entendido que si racionaliza cada paso que da, se convierte en un esclavo de la rutinaria monotonía del hombre racional. Este ha dejado atrás esas ataduras y acepta lo que se le presente. La felicidad lo acompaña, pero el dolor lo agobia incuso más que al otro hombre, pues este al ser irracional, no sabe aprender de las lecciones, ni las toma como experiencia.

Aun así, el intuitivo se posiciona sobre el racional por sobre mucho:

El hombre intuitivo, desenvolviéndose en medio de una cultura deriva de sus mismas instituciones, aparte de la defensa con el mal, un constante caudal de claridad, cielo despejado y redención.”

No presenta un semblante humano cambiante, y estremecido, sino, en cierto modo, una máscara dignamente inmutable; no grita, ni siquiera se altera su voz; cuando se abate sobre él un lóbrego nubarrón tormentoso, se envuelve en su manto y se aleja con paso lento.”

Es el hombre intuitivo en el que Nietzsche se basa para la elaboración de su término del Superhombre, aquel que no le teme a lo que la Naturaleza le deparé en lo desconocido, quien acepta los cambios de la vida y se rinde a la felicidad en sentido extramoral. “Durante toda su vida, el hombre de noche se deja engañar en sueños, sin que jamás su sentimiento moral haya logrado de impedirlo cuando, según dicen, existen personas que a fuerza de voluntad han logrado dejar de roncar”

Otoño 2015
Regresión #4