Día del Caos, la vida, sí, la vida (María L.)

Día del Caos, la vida, sí, la vida
(María L.)

La vida, sí, la vida…

Las reivindicaciones sociales pasan por confundirse con muchas otras reivindicaciones. Se traslapan en las políticas, en las económicas y hasta en las éticas o ingenieriles. Una reivindicación social se presenta cuando en medio del enmarañamiento de zonas fronterizas y esferas que componen lo social se asume una manera, una perspectiva.

Tengo la convicción que lo que ahora me pasa no tiene una dimensión netamente personal. Están atacando la perspectiva que decidí asumir. “mi causa” que no es “su causa” sino la mía propia, la solitaria, la aislada, la misma que me hizo amar la vida y celebrar el acontecimiento de ser en el mundo.

Estoy cansada, agotada, asfixiada y “al borde de la depresión” ¿decidir dejarlo todo? ¿”respetar mi cansancio”? Sí lo intento, sí, quiero estar ahí y no estoy.

Me enloquece pensar que sus ataques reivindican el statu quo, me enloquece el hacer nada por mi cansancio. No me deja dormir el “no-hacer”. Aquí están pasando, pasando por mí y transgrediéndome con una violencia imparable, incesante, inagotable ¿no hacer? No siento descansar de esa manera. Respetar mi cansancio no me da descanso, no me alivia.

Stirner…amor, estabas en una postura muy lúcida cuando mencionabas que ninguna causa vale la pena sino es mía, que sí la piedra está en mi camino habría que intentar rodearla y, sino, había que explotarla. No conseguiré mi descanso hasta que la piedra explote.

“Hay gente que solo quiere ver el mundo arder”, la frase que siempre pienso cuando estoy ante el espectáculo de la remoción tenue, casi imperceptible y siempre fugada de los paradigmas liberales, heteronormativos, patriarcales, jerárquicos, reaccionarios. La frase brota cuando las ideas expresadas cobran realidad.

Ahora pienso: Hay gente que arde.

La gente que arde con locura, con pasión y desde sí quema todo el “para sí”, el parasitismo, el estado que parece le toca reivindicar, el que no elige vivir y pretende resignarse a hacerlo.

Hay personas para las que el actual mundo y “orden” de cosas está bien. Tener una vida digna, tener un trabajo y un pan en la mesa es suficiente y está bien. No hay que pedir o exigir que “el mundo arda” en ellos y para ellos. Que su bienestar los cubra de la gracia de estar vivos.

Yo, yo no puedo acceder al privilegio de “estar bien”. Yo ardo desde las raíces de mi tierra, yo ardo desde la iconoclasia de esta tierra. Ardo y el ser ahí no deja de ser.

No puedo no hacer e intentar apagar/me. No puedo porque no hay ninguna razón, sensación o emoción suficiente para ello. La destrucción no se agota en mí. El caos y la destrucción originarios perviven en este ser que se gasta y se consume la vida.

La vida requiere un compromiso mayor de mí y no voy a apartarme de su llamado. La vida salvaje me llama, sin embargo, la humanidad, esa humanidad bondadosa que amo y divinizo no deja de hechizarme (susurro: ahí también hay magia).  No me voy a ir. No ahora, no aún. Los obstáculos son grandes porque desgastan la subjetividad. Estoy tentada a renunciar a la subjetividad. Prefiero dañarla ¿abrazar la locura? No, la daño porque ella me daña. No hay un universalismo, una idea a piori o una postura preestablecida que me cobije ahora. Solo yacen mis intuiciones en medio de este cansancio que amenaza con enloquecerme…No voy a enloquecerme.

Hay gente que arde y quiere ver el mundo arder. No es una treta personal, es una afrenta a la vida que elegí vivir. Utilizaré todas las herramientas, todas las contraversiones, todas las paradojas y lo que haya en el paso para reivindicar/me la vida.

No es un juego y mi fuego juega en ello. si algo merece la pena ser re/vindicado soy yo, es la vida…mi propia vida.

Sola, aislada en estas cumbres bajas me niego a participar del silencio cómplice, me niego a oscurecer mi conciencia. Me niego a una ontología retributiva, liberal y acrítica. La niego completa. Sí, el anarquismo es utópico pero la anarquía es real, es la chispa que enciende el mundo, el aire que respiro, la vida que amo y que apasionadamente he decidido vivir. La anarquía: la chispa que flama el fuego que arde.

Origen y Naturaleza del Gobierno (Laurance Labadie)

Origen y Naturaleza del Gobierno
(Laurance Labadie)

En diversos momentos durante la evolución del hombre, los grupos se encontraron en una circunstancia de verdadera escasez. Cuando un grupo de personas tenía comida por solo la mitad de su número, si se dividían por igual, todos morirían y la historia no oiría más de ellos.

Es la naturaleza del hombre querer vivir, como individuo. Por lo tanto, la escasez engendró una lucha, en la que el más fuerte tuvo éxito. La fuerza y la depredación eran características que preservaban la vida en un entorno de escasez.

En una disputa, naturalmente se descubriría que perjudicar a otro, incluso matarlo, facilitaría obtener los bienes en su poder. La gente aprendió otra forma de adquirir bienes que trabajar para ellos. Dadas las circunstancias, el robo y el asesinato acompañante parecen haber sido necesarios para que la vida continuara. Los individuos dentro de las tribus sin duda aprendieron que la cooperación en el robo era un procedimiento más seguro que el robo solitario.

Con el tiempo, a alguien se le debe haber ocurrido que una tribu podría robar a otra tribu. En tales incursiones los ganadores matarían a los perdedores. Las discapacidades naturales hacían a las mujeres más débiles que los hombres, de modo que los hombres se convirtieron en guerreros y las mujeres hicieron el trabajo. Las mujeres, por lo tanto, siendo útiles, en incursiones posteriores fueron capturadas en lugar de matadas.

En algún momento a lo largo de la línea, un compañero que había sido golpeado por sus bienes sobrevivió y procedió a reunir más bienes. Cuando se observó esto, probablemente nació la mayor idea humanitaria que el hombre ha descubierto a lo largo de los siglos: que no era necesario matar a un hombre para obtener sus bienes. Esta bendición fue la esclavitud, que al menos prometió un arriendo de la vida. Así, en la conquista entre las tribus, los conquistadores se convirtieron en los gobernantes y los conquistados los esclavos.

En mi opinión, este fue el origen del Estado, que puede definirse como una organización de gobernantes que roban a la población sobre la que puede ejercer dominio, y que utiliza a esa población como soldados para ampliar el territorio y el número de personas que puede explotar. La historia política del mundo ha sido el registro de luchas internas para alcanzar el poder del Estado y entre los gobiernos para ampliar sus dominios. (Que los gobiernos provean servicios que los ciudadanos quieren o pueden ser persuadidos de querer, no altera el concepto básico de naturaleza y origen del Estado).

La relación gobernada por el gobernante se convirtió en el curso del tiempo tan arraigada como para convertirse en una superstición universal. Es la creencia común de que ninguna sociedad podría existir sin gobierno.

De hecho, ¿qué gobierno permitirá que se enseñe algo más en las escuelas? Además, ¿no se les enseña a los ciudadanos que los gobernantes deben ser amados y venerados, en particular el tipo de gobierno que pasa sobre ellos? En algunas sociedades, las personas pueden elegir a sus propios jefes, lo que se supone que es muy avanzado. Esta es la condición política del mundo de hoy.

Cuando una “nación” es relativamente sabia políticamente, requiere una fuerza considerable, en forma de policía y ejército, para mantener a la población en su lugar. Donde las personas están inmersas en la ignorancia política, se necesita muy poca fuerza, especialmente cuando se mantiene la ilusión de que cuando eligen a sus gobernantes, en realidad se están gobernando a sí mismos.

Apenas conozco a un reformador o cualquier otra persona que proponga algún rasgo para el mejoramiento de la humanidad, en cien mil, que no propone ni espera implementar su propuesta a través del poder coercitivo del gobierno. El método del pensamiento político, desde Platón hasta los tecnócratas, fue prefabricar una sociedad ideal y luego obtener el poder del gobierno para adaptar de forma coercitiva a las personas a sus sistemas. El ejemplo clásico de este tipo de pensamiento y acción es el intento de imponer el comunismo sistemático en una población. El comunismo en sí es una concepción tan infantil de la solución del problema social que no es casualidad que esté acompañada por continuas liquidaciones.

En la actualidad, el apoyo más fuerte al gobierno parece ser el hábito, una variedad común de ignorancia, credulidad y superstición, sostenida por una gran cantidad de educación errónea perpetuada por las escuelas gubernamentales en cada cuarto del mundo. A esto se deben agregar las emergencias en las que se encuentran secciones de una población (como el agricultor actual), en un apuro, la liberación inmediata de la que no parece existir otro poder más que el gobierno. Por lo tanto, a partir de los males causados por el gobierno, ¿encuentran los gobiernos un pretexto para ayudar, y por lo tanto realzan sus poderes?

Independientemente de su relativa perturbación (porque algunos gobiernos son peores que otros), la lucha de poder actual entre los gobiernos amenaza la aniquilación de la humanidad en una carnicería que difícilmente puede concebirse en ausencia de todos los gobiernos.

El siguiente ensayo es de Selected Essays, de Laurance Labadie, hijo de Joseph A. Labadie. Fue publicado originalmente en Balanced Living , vol. I, No. 2 (febrero de 1958), pp.18-19. Para obtener más información sobre el ensayista, consulte la Introducción a los ensayos seleccionados de James J. Martin.

(Extraído de la revista Movimiento y Muerte #0)

Sobre Sociedad (Laurence Labadie)

Sobre Sociedad
(Laurence Labadie)

Ustedes, reformadores, quieren “transformar” el Estado de un instrumento de opresión, tiranía e infracción de derechos en una agencia cooperativa para servir a los propósitos comunes de los Hombres; los anarquistas quieren abolir el estado. Como los anarquistas no se oponen a las agencias cooperativas que ustedes mencionan, obviamente el Estado significa algo diferente entre nosotros. Estos significados divergentes tienen su origen en dos formas fundamentalmente diferentes al considerar las relaciones entre los hombres. Una es la colectiva; la otro, la anarquista. Una trata de organizar la sociedad; la otra liberarse de ella. Una lo busca con una forma de organización; la otra con un conjunto de principios. Si el objetivo de la sociedad es descubrir alguna forma de organización a la que se debe agregar aquí, entonces se deben establecer algunos medios para forzar la conformidad con esa forma. Forzar la adhesión a la organización implica coerción e invasión; defender un conjunto de principios no es invasivo. En una sociedad libre son posibles muchas formas diferentes de organización. La anarquía no es un concepto de sociedad organizada. Y como implica una sociedad existente en virtud de un acuerdo voluntario, incluso las asociaciones para la defensa de sus principios deben ser voluntarias. Me excuso en que gobierno y defensa sean antitéticos, que organización implica una conformidad que puede imponerse o acordarse, y que sin una distinción entre invasión y defensa no es posible ninguna ciencia de la sociedad. Pero tal vez mi significado aún no esté claro, y puede ser bueno explicar el origen de las dos actitudes divergentes hacia la sociedad.

En la vida primitiva, la vida grupal era esencial para que el individuo sobreviviera. El hombre tenía que organizarse, por el bien colectivo. El bienestar del individuo estaba subordinado al bienestar del grupo, incluso sacrificado si era necesario. En este momento se formó lo que conocemos como el “instinto de rebaño”. Podría llamarse la filosofía del “nosotros”. La esencia del instinto es la unidad. Fueron necesarios estrictos códigos tribales y decisiones para todo el grupo. Separarse significaba un desastre.

Recuerde también que cuanto más primitivos son los tiempos, más similares son los organismos, como observamos hoy entre las hormigas y las abejas, que menos individualidad parecen tener. Sus deseos son los mismos tanto que podríamos referirnos a ellos mismos como un “nosotros”. Pero la tendencia evolutiva de los organismos es hacia la individualidad, es decir, la disimilitud. A medida que crecía el conocimiento productivo y comenzaba la división del trabajo, los hombres estaban mejor capacitados para alimentarse más libremente – ellos estaban en el camino hacia la posibilidad de independencia individual, que en la vida práctica significa libertad individual y toda la interdependencia mutua que implica la libre elección y encontrar conveniencia. Podrían dividirse (desasociarse) sin perecer así. Y con el progreso de la individualidad (diferenciación) se descubrió que la mejor manera de resolver las diferencias era separarse – liberándose mutuamente de la interferencia mutua o la conformidad con una forma de vida. Cuando esta idea golpeó la mente humana, nació la filosofía del anarquismo.

Probablemente fue Max Stirner quien primero proclamó audazmente que lo importante era el individuo, no el grupo, y que cuando el individuo entendiera su ignición como un ser humano, abandonaría las cadenas supersticiosas que obstaculizaban su libertad, y luego los grupos, cuando existían grupos, estarían compuestos de hombres libres. Josiah Warren proclamó su descubrimiento de que la disociación de aquellos con puntos de vista divergentes era un secreto de armonía, no de combinación. Proudhon sostuvo que la asociación no era una “ley social” y que los hombres que buscaban sistemas para la sociedad eran utópicos. Y más tarde, Herbert Spencer anunció el principio de igualdad de libertad, cuyo objetivo era otorgar al individuo tanta libertad como fuera compatible con la misma libertad.

En resumen, el progreso está fuera del comunismo hacia el individualismo, de una condición de estatus a uno de contrato, de la autoridad hacia la libertad. Pero el “instinto de manada” aún permanece. Todavía escuchamos a los hombres hablar de “nosotros” como si las mentes, deseos y necesidades de los hombres fueran uniformes. Esta es la raíz del colectivismo, el nacionalismo, el gubernamentalismo. Casi todos los hombres que recurren al Estado están imbuidos de este instinto de manada. Y el resultado de todos sus planes bien establecidos nos lleva inevitablemente al totalitarismo – y el individuo, como tal, se está convirtiendo en una nulidad.

de Discussion: A journal For Free Spirits
(Discusión: Un diario para los espíritus libres)
Septiembre 1937

 

Sobre las Dos Anarquías (Renzo Novatore)

Sobre las Dos Anarquías
(Renzo Novatore)

El pensamiento social saturado con la dinámica revolucionaria que irradia el concepto social-político de los comunistas libertarios irrumpe a través de la profundidad universal del dolor humano para entrelazarse en un abrazo casi monista con el otro concepto espiritual psíquico más elevado y más amplio del individualismo anarquista que anhela la definitiva y radical anarquía.

Pero dado que la Anarquía es un “absoluto final” en plena armonía con el infinito ideal y el comunismo, una transición “relativa” de jurisperimentación social hacia el empirismo económico -por lo tanto preludio y promesa pero no la armonía musical de la epopeya completa y final- sucede que los hijos exuberantes de las dos corrientes teóricas del devenir social continúan otra vez conteniendo el uno al otro, tempestuosamente o serenamente, el patrimonio filosófico-espiritual de la anarquía pura. Es el antiguo dualismo que, cubierto por una aparente lógica, todavía deambula en el círculo vicioso donde el carrusel del dogma y de la utopía gira sobre e infausto eje del sueño, que la verdad deforma y transfigura la vida.

Y es de este círculo vicioso donde ninguno de los dos lados se ha atrevido audazmente a salir, que quiero liberarme definitivamente para sumergirme en el baño de una nuevo sol.

El anarquista que aspira al comunismo y el individualista que aspira a la anarquía no se dan cuenta de que todavía están apretados, violentamente, entre las cepas de la sociología castradora y entre las facetas del humanismo, que es una viscosa mezcla de no voluntad individual y moralidad pseudocristiana.

Quien acepta una causa social, colectiva y humana no se encuentra en la anarquía pura del libre instinto virgen y original del antropocéntrico inasimilable y negador.

Yo –Anárquico e individualista- no quiero y no puedo casarme con la causa del comunismo ateo, porque no creo en la elevación suprema de las multitudes y, por lo tanto, niego la realización de la Anarquía entendida como una forma social de coexistencia humana.

La anarquía está en los espíritus libres, en el instinto de los grandes rebeldes y en las almas grandes y superiores.

La anarquía es el íntimo misterio animador de las incomprendidas singularidades, fuertes porque solas, nobles porque tienen el coraje de la soledad y el amor, aristócratas porque desdeñosas de la vulgaridad, heroicas porque contra todos.

Néctar para el ego psíquico es la anarquía y no el alcohol sociológico para la colectividad.

Anarquista es el que se niega a todas las causas para el placer de su vida irradiada por la interior intensidad del espíritu.

***

Ni porvenir y ni humanidad, ni comunismo y ni anarquía que valga la pena el sacrificio de mi vida. Desde el día en que me descubrí, me he considerado a mí mismo como META suprema.

Ahora, envuelto en la parábola ascendente de mi espíritu libre y libertador, suelto las riendas de la pura desnudez del instinto para flotar sobre del arco –inspiración sociológica ideal- que agrega y une el utopismo dogmático de las dos pálidas anarquías soñadas para glorificar –entre el contraste de los vientos y las fiestas del sol- a la egoarquía y al potente señorío de mí mismo.

Más allá del puente trágico del superhombre de Nietzsche, veo un vértice aún más libre y fosforescente en el que ningún hombre-dios alguna vez celebró su nacimiento o su pascua de resurrección.

Por sobre todo los pueblos y la humanidad, vive y palpita el absurdo y sublime misterio del ÚNICO indefinido.

Yo irrumpo entre la tenebrosa oscuridad de esta sombría noche, donde grita la tormenta de las ideas y los vientos del pensamiento rugen, para pues sobrevolar más allá de los brazos antelucanos del amanecer y, en medio de la ardiente llama del sol meridiano, divinarme en una palpitación voluptuosa y Dionisíaca del instinto amoralista y vital en el que la luz del espíritu y la pasionalidad del sentimiento están embriagadas en las vírgenes y salvajes fuentes de la sangre y la carne.

***

El placer es, antes que nada, una forma especial de sentir la vida.

Para el hombre superior y de sentir elevado existe el sublime placer del dolor y la profunda tristeza de la felicidad. Zarathustra que, a través de la dolorosa y sublime soledad de las cumbres, busca, con avidez, el fino placer del saber, y encuentra la divina locura; Jules Bonnot que, a través del “Crimen” y del “Delito” sublima la voluntad del Único que, más allá del Bien y del Mal, asciende hacia el cielo del Arte heroico del vivir y del morir; Bruno Filippi que se aniquila en el esfuerzo titánico, que reivindica el derecho del “Yo” contra las restricciones sociales de las viscosas colectividades burguesas y plebeyas, son las gemas radiosas que componen la guirnalda libertaria de mi amoralismo vital, asimismo los protagonistas de mi tragedia espiritual.

Yo en la vida busco el placer del espíritu y lujuriosa voluptuosidad del instinto. Y no me importa saber que estas tengan sus raíces perversas entre las cuevas del bien o entre los vortiginosos abismos del mal. Yo asciendo, y en el ascender encontraré el trágico rayo de mi destino, la vida y el amor se curvaran en mi boca torcida para pues seguirme en la turbina suprema donde el Arte glorifica los fuertes e incomprendidos rebeldes que la moral vitupera y condena, que la ciencia llama locos y que la sociedad maldice.

***

Soy, por lo tanto, el instinto liberador. Con una sola oreja escucho el rugido de mi espíritu liberador que canta la canción épica y triunfal de  la victoria final.

Toda la ARCHIE ha caído rota. Ahora me amo y me exalto, me canto, me glorifico. Mis viejos sueños han encontrado descanso en la piel blanca y olorosa de las mujeres. El alma ardiente y pagana de mi poeta desprejuiciado se refleja con voluptuosidad es sus perversos ojos donde los espíritus del Placer y el Mal bailan la danza más insensata. Solo el brillo de las estrellas, el fluir de los ríos, el murmullo del bosque, dicen algunas cosas de lo que vive en mí. Quien no entiende las extrañas sinfonías de la naturaleza no puede entender las bandas sonoras de mis sórdidas canciones.

***

Lo mío no es un pensamiento o una teoría, es un estado de ánimo, un modo particular de sentir. Cuando siento la necesidad de poner definitivamente en libertad mis Centauros y mis furiosos sementales, será en torno a mí una loca orgia de amor y de sangre, porque yo soy –lo siento- lo que los habitantes de los pantanos morales de la sociedad llaman “delincuente común”.

***

¿Loco? ¡Como lo desees! Los seres normales nunca han disfrutado mis simpatías. Entre los hombres, los que más amo son los “delincuentes” del Pensamiento y la Acción (Artistas, Ladrones, Vagabundos, Poetas).

Entre las mujeres amo las pervertidas. Las amo vestidas de azul en las puestas de sol de la tarde. Las amo vestidas de rojo entre el amanecer rubio, las amos desnudas y perfumadas en la cama del amor, las amo vestidas de blanco en su pequeño lecho de muerte.

Pobres, pequeñas, grandes, hermanas mías a quienes siempre he amado y poseído. ¡Las amo! ¡Las amo! ¡Las amo!

Díganme a mí o a mis hermanas vivientes, o a mis hermanas que fallecieron: ¿Quién de ustedes fue la más famosa, la más grande, la más pervertida?

¡Ah, recuerdo, recuerdo!
¡Clara fuiste tú!…
¿Pero ahora dónde estás?
Te conocí una vez a través del Jardín de las Súplicas de Octavius Mir[a] beau. ¡Te conocí y te amé! Tu eres la criatura más extraña y refinada, la más romántica y profundamente humana y cruel que ha sido capaz de sentir finamente la vida y exquisitamente amor entre el angustioso gemido de los torturados y el perfume de las flores. Cuando pienso en correr, enloquecer y leer, bajo el preludio rubio del dorado crepúsculo, encontrar un plato verde de sangre y hacer un casamiento para entregarme al abrazo más profundo de amor, me siento exaltado por la admiración por ti.

Ah, romántica y refinada criatura, como sabes penetrar el milagro divino de las flores y cómo el perfume sensual del Tallitro chino te enseña a sublimar…

Sólo una gran lujuriosa y una gran pervertida como usted podría incluso oír, incluso entre el angustioso y terrible grito de los torturados, la voz fuerte y poderosa de la naturaleza instintiva que grita: “¡Ámense!… ¡Ámense unos a otros!… ¿Te gustan las flores? ¡No hay nada más que el Amor de verdad! Y lo entiendo y lo siento, oh Clara, tu amor pecaminoso y amoral, maldito y abominado por la pureza castrada de la moral de los castos y de los hombres. Lo siento loco e impetuoso que se eleva desde las profundidades subterráneas del instinto, para rebotar –con armonía musical de ansiedades y de misterios no convencionales y soberbios ante el bárbaro y cruel espectáculo de los sacrificios humanos y para celebrar el supremo y vigoroso latido de ALEGRÍA más dolorosamente profundo, resonante en el corazón sangrante de la vida más trágica y plena.

***

Oh perversa heroína del Ottavio Mir[a] beau, y te sublimo y te canto porque soy el bárbaro canto del Mal.

Sobre las dos Anarquías de la razón y del bien, levanto –gloriosa y triunfante- la bandera de la anarquía del instinto y el mal.

Al di sopra delle due anarchie
de Vértice, La Spezia, 21 de Abril 1921

(Extraído de la publicación Fuego -revista anárquica, nihilista e individualista-; N°1, año 2018)

 

 

La Federación del Dolor (Bruno Filippi)

La Federación del Dolor
(Bruno Filippi) 

Estoy reuniendo toda la agonía del mundo junta. Cualquier persona que tenga un gusano oculto roando en su interior, cualquier persona vestida de luto por el ideal, cualquiera que se ría con desprecio de la ruina de la mente, puede venir. Necesito mi dolor para convertirlo en un diluvio, una tormenta; necesito escuchar los gritos de sufrimiento, los gemidos de desesperación. Porque hay risas en el mundo, y no las puedo escuchar.

Hermanos del encadenamiento, camaradas del sufrimiento, la batalla está cerca. Pronto lanzaremos nuestro ataque, intoxicado con venganza; el enemigo huirá, porque la Federación del Dolor es terrible.

* * *

Desde el día en que nací, he soportado una pesada carga. Y mi espalda está doblada y mis ojos hundidos. El gusano roe y roe; ya me ha destruido.¡Basta, por dios! Estoy cansado.Me deshago de la carga y me detengo; tengo suficiente de esto en mi vida. No he sido capaz de vivir, pero sabré cómo vengarme. Croaré en alguna acera, con la blasfemia final en mis labios y el destello final de odio en mis ojos.

* * *

¡Qué odioso!… Los asquerosos adoquines de la ciudad emiten el mal olor de la alcantarilla. Me ha envenenado. ¡Una vez fui tan fuerte! Aun así me reí… Pero luego… ¿Debería realmente aullar a lo que sucedió, realmente debería revelarme ante ti? Pero, imbéciles, ¡es la misma vieja historia!Uno ama, espera, actúa, y luego viene el disgusto, el vacío, la desesperación.

* * *

Un día me llevaron a la guerra. Entonces soñé que era un niño otra vez. El primer estallido de la ametralladora sacudió cruelmente mis nervios; abrí los ojos y vi sangre, y luego nada más. Recuerdo un gran incendio, un trueno continuo… muerte, muerte… y ese hedor, el hedor de los cadáveres…Nunca entendí cómo el olor desagradable de este hedor ha permanecido en mi garganta. Parece como si estuviera en un vasto cementerio… cruces, ataúdes, hedor.La sociedad apesta a cadáveres.

* * *

Me duelen horriblemente las orejas. El cañón causó esto. La bestia atronadora hizo profundos rasguños en mi cerebro.Siempre escucho un grito lejano, como el sollozo de un gigante desesperado. ¿Pero quién es el que llora en el mundo?

* * *

La guerra ha despertado a la bestia en mí. Mis mandíbulas se contraen convulsivamente, mis ojos se abren, y mis manos quieren apretar, agarrar… Cuando miro a alguien, me sorprende un extraño deseo de hacerlo pedazos. ¿Por qué tengo la necesidad de matar y destrozar a alguien?Ya no hay alemanes para matar; entonces, ¿a quién debo matar?

* * *

Tal vez estoy loco. Pero mi locura es la racionalidad más terrible. Veo más lejos, siento la vida más vívidamente. No sé por qué, pero es cierto que sufro enormemente, mucho más que antes.¿Antes de esto? ¡Pensar que antes de esto, yo era un niño!

* * *

Pero ¿por qué tan así? ¿Qué he hecho? Veo las margaritas crecer pacíficamente; las golondrinas van y vienen por los caminos del cielo. Yo también soy una margarita o una golondrina. El rocío y el azul abierto también me agradan.Y en cambio… esposado, salpicado de barro, muerto de hambre. Sin amor, sin libertad.

* * *

Y así es como es, ya que así lo quieres. Tú me transformaste en un lobo, y en lobo me quedaré. Pero hasta ahora, solo me he arañado el pecho; mañana querré otra sangre. No pidas misericordia entonces. Has escrito en mi cerebro: matanza. Y matanza es. Tal vez la humanidad está sucia. Necesita limpiarse, y para este baño desea sangre. Tal vez después de la limpieza y la destrucción… Tal vez entonces seamos como las margaritas y las golondrinas… Qué hermoso sería.

* * *

Almas que están de duelo por el mundo, es por eso que los invito a reunirse.La bandera ya está ondeando. Es negra; es sinónimo de luto. Adelante entonces, salvajes Prometeos[1]. El grito de la venganza es música dulce y querida. Hoy es necesario matar, destruir… mañana seremos margaritas…Federación del Dolor, ¡adelante!

de Iconoclasta!
(Escrito entre 1916-1919)

[1] [Plural de Prometheus, el dios griego que desafió a los olímpicos gobernantes para traer fuego a los seres humanos. – nota de la traducción al inglés]

Libertad y Soledad (Marilisa Fiorina)

Libertad y Soledad
(Marilisa Fiorina)

La anarquía es la negación de la autoridad de cualquier tipo, esto es afección y soledad.
L. Ferre[1]

Estar sola, liberada del yugo de la vida colectiva. Este es el sistema más lógico para ser verdaderamente libre de las convenciones, de la dependencia y de las extorsiones de los demás. Solo la soledad es lo que hace que el individuo realmente entienda. Cada día somos víctimas de la hipocresía, recitamos continuamente las reglas de la etiqueta burguesa: “gracias… discúlpame… lo siento”. Otros adulan, juzgan, critican. Otros deciden por nosotros, otros viven de nuestras debilidades, otros nos engañan, otros nos roban, otros, siempre otros, usurpan nuestras vidas.

Son ellos quienes nos aman, quienes nos odian, quienes nos traicionan, nos roban nuestros pensamientos, palabras, vida. Sería lógico dejarlos a todos, huir física y mentalmente a una verdadera isla de soledad, autosuficiente y valiente. ¿Valiente? Valiente porque es difícil, porque somos incapaces de vivir realmente solos, porque necesitamos contacto con otros para expresar nuestros sentimientos, para realizarnos, incluso para la simplificación de nuestras acciones.

Es difícil para un individuo, débil, incluso psicológicamente inseguro, prescindir de la amistad, el amor y la solidaridad. Y luego, claramente, la vida en soledad parecería monótona porque, como siempre, nuestras emociones, nuestras aventuras, surgen de otros, evolucionan entre otros.

Hay otra soledad, quizás más comprendida, más respetada naturalmente, que la del ermitaño. Es cuando ya no te sientes parte de estos otros, cuando ya no participas en su modo de vida, haciendo un mundo aparte de ellos en el que ya no cuentan, del cual ellos están excluidos. Es cuando ya no aceptas su amor, su benevolencia, su hipocresía – y tu soledad se convierte en libertad, rebelión, desafío abierto a la sociedad.

Los individualistas anarquistas están solos, su vida se encuentra fuera de las reglas impuestas por otros. Eligen a las personas que les agrada tener cerca, para escuchar. A los demás los consideran como si no existieran o como enemigos. Los individualistas viven más allá de los muros de la sociedad – pero no como aquellos expulsados. Son fugitivos mentales, en lugar de físicos, y su soledad es amada, es la realización de su pensamiento libre.

 

(Traducido del italiano por Stephen Mariettadesde Il Diverso # 1, primavera de 1978)

 

[1] Léo Albert Charles Antoine Ferré (1916 – 1993) fue un cantautor, pianista y poeta francés que se definió a sí mismo como anarquista. (N.T)

EN QUÉ EXTRAÑA SIMA(1) (Wolfi Landstreicher)

EN QUÉ EXTRAÑA SIMA(1)
(Wolfi Landstreicher)

(1)Pozo muy profundo formado a partir de una fisura o grieta en el terreno

En un entorno social ya atomizado por los roles y las relaciones que se nos imponen, ¿qué hay del rebelde que quiere poder concentrarse lo suficiente para crear su propia vida y atacar a las instituciones de la sociedad de manera inteligente y con fuerza? Una disipación de fuerza es demasiado fácil cuando se practica la convivencia general. Si uno desea lograr algo significativo, la amistad indiferenciada es un obstáculo, una forma de llegar a ninguna parte.

Es la agonía de quienes se apasionan por vivir que desean compartir sus vidas con otros, encontrar compañeros con quienes compartir lo que crean y lo que aman, para salvar la sima que esta sociedad crea entre los individuos. A menudo, esto significa perder años tratando de encontrar a los pocos con quienes uno puede realmente compartir la amistad, aquellos pocos cuyos proyectos de vida pueden entrelazarse con los propios por un tiempo. Pero incluso cuando esta sima se cierra, cuando uno encuentra un amigo o dos, es solo por un tiempo, entonces la grieta comienza a abrirse, el dolor, el desgarro de su corazón, el conocimiento de que uno está una vez más solo, llorando a través de la sima, escuchando solo el eco, distorsionado por la distancia en algo que nunca se dijo o se deseaba. Parece que algunos evitan esta agonía… Aprenden a transigir, a desear algo más fácil. Los proyectos de supervivencia y del grupo les otorgan un continente de satisfacción. No entiendo a estas personas. ¿Los envidio? En momentos, hasta que recuerdo el nivel de vida con el que se han contentado…

Aún así, quiero la compañía, la sensación de poder compartir proyectos, particularmente proyectos desafiantes. Desafiar a la sociedad solo es aterrador y limitado, un asunto triste… Sin embargo, mejor tristemente vivo que cadáver respirando.

 

Extraído de la publicación
Destruir para Destruir #1