Libertad y Soledad (Marilisa Fiorina)

Libertad y Soledad
(Marilisa Fiorina)

La anarquía es la negación de la autoridad de cualquier tipo, esto es afección y soledad.
L. Ferre[1]

Estar sola, liberada del yugo de la vida colectiva. Este es el sistema más lógico para ser verdaderamente libre de las convenciones, de la dependencia y de las extorsiones de los demás. Solo la soledad es lo que hace que el individuo realmente entienda. Cada día somos víctimas de la hipocresía, recitamos continuamente las reglas de la etiqueta burguesa: “gracias… discúlpame… lo siento”. Otros adulan, juzgan, critican. Otros deciden por nosotros, otros viven de nuestras debilidades, otros nos engañan, otros nos roban, otros, siempre otros, usurpan nuestras vidas.

Son ellos quienes nos aman, quienes nos odian, quienes nos traicionan, nos roban nuestros pensamientos, palabras, vida. Sería lógico dejarlos a todos, huir física y mentalmente a una verdadera isla de soledad, autosuficiente y valiente. ¿Valiente? Valiente porque es difícil, porque somos incapaces de vivir realmente solos, porque necesitamos contacto con otros para expresar nuestros sentimientos, para realizarnos, incluso para la simplificación de nuestras acciones.

Es difícil para un individuo, débil, incluso psicológicamente inseguro, prescindir de la amistad, el amor y la solidaridad. Y luego, claramente, la vida en soledad parecería monótona porque, como siempre, nuestras emociones, nuestras aventuras, surgen de otros, evolucionan entre otros.

Hay otra soledad, quizás más comprendida, más respetada naturalmente, que la del ermitaño. Es cuando ya no te sientes parte de estos otros, cuando ya no participas en su modo de vida, haciendo un mundo aparte de ellos en el que ya no cuentan, del cual ellos están excluidos. Es cuando ya no aceptas su amor, su benevolencia, su hipocresía – y tu soledad se convierte en libertad, rebelión, desafío abierto a la sociedad.

Los individualistas anarquistas están solos, su vida se encuentra fuera de las reglas impuestas por otros. Eligen a las personas que les agrada tener cerca, para escuchar. A los demás los consideran como si no existieran o como enemigos. Los individualistas viven más allá de los muros de la sociedad – pero no como aquellos expulsados. Son fugitivos mentales, en lugar de físicos, y su soledad es amada, es la realización de su pensamiento libre.

 

(Traducido del italiano por Stephen Mariettadesde Il Diverso # 1, primavera de 1978)

 

[1] Léo Albert Charles Antoine Ferré (1916 – 1993) fue un cantautor, pianista y poeta francés que se definió a sí mismo como anarquista. (N.T)

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EN QUÉ EXTRAÑA SIMA(1) (Wolfi Landstreicher)

EN QUÉ EXTRAÑA SIMA(1)
(Wolfi Landstreicher)

(1)Pozo muy profundo formado a partir de una fisura o grieta en el terreno

En un entorno social ya atomizado por los roles y las relaciones que se nos imponen, ¿qué hay del rebelde que quiere poder concentrarse lo suficiente para crear su propia vida y atacar a las instituciones de la sociedad de manera inteligente y con fuerza? Una disipación de fuerza es demasiado fácil cuando se practica la convivencia general. Si uno desea lograr algo significativo, la amistad indiferenciada es un obstáculo, una forma de llegar a ninguna parte.

Es la agonía de quienes se apasionan por vivir que desean compartir sus vidas con otros, encontrar compañeros con quienes compartir lo que crean y lo que aman, para salvar la sima que esta sociedad crea entre los individuos. A menudo, esto significa perder años tratando de encontrar a los pocos con quienes uno puede realmente compartir la amistad, aquellos pocos cuyos proyectos de vida pueden entrelazarse con los propios por un tiempo. Pero incluso cuando esta sima se cierra, cuando uno encuentra un amigo o dos, es solo por un tiempo, entonces la grieta comienza a abrirse, el dolor, el desgarro de su corazón, el conocimiento de que uno está una vez más solo, llorando a través de la sima, escuchando solo el eco, distorsionado por la distancia en algo que nunca se dijo o se deseaba. Parece que algunos evitan esta agonía… Aprenden a transigir, a desear algo más fácil. Los proyectos de supervivencia y del grupo les otorgan un continente de satisfacción. No entiendo a estas personas. ¿Los envidio? En momentos, hasta que recuerdo el nivel de vida con el que se han contentado…

Aún así, quiero la compañía, la sensación de poder compartir proyectos, particularmente proyectos desafiantes. Desafiar a la sociedad solo es aterrador y limitado, un asunto triste… Sin embargo, mejor tristemente vivo que cadáver respirando.

 

Extraído de la publicación
Destruir para Destruir #1

Sobre Moralismo Radical y “Salvajismo” (Wolfi Landstreicher)

Sobre Moralismo Radical y “Salvajismo”
(Wolfi Landstreicher)

Solo me puedo entretener cuando la mentalidad religiosa se insinúa en los puntos de vista de aquellos que reivindican oponerse a esta sociedad, rellenando estos radicales de varios tipos con sus binarios, su pensamiento puritano/moralista, sus renuncias y sus juicios. No es tan sorprendente cuando esto ocurre. Después de todo, si uno no lanza su desafío contra esta sociedad desde ella, sino desde un ideal colocado sobre sí mismo, inevitablemente confronta al mundo como un juez justo con el objetivo de condenar y castigar en vez de como un enemigo que busca derrotar y conquistar. Por lo tanto, este retador moral no tiene más remedio que rechazar absolutamente todo lo que ella ha llegado a asociar con este mundo y aceptar todo lo que ha llegado a asociar con el ideal. Esto puede ser particularmente entretenido cuando el mundo que se opone es algo tan amplio como la civilización y el ideal es algo tan etéreo y abstracto como el “salvajismo”. La diversión proviene del hecho de que demasiado a menudo el término “civilización” está pobremente definido, y por lo tanto el “salvajismo” ideal opuesto puede ser poco más que el opuesto definitivo de esta entidad mal definida manifestada en un “instinto” visceral que siente el oponente fiel – así como el cristiano renacido siente a Jesús en su corazón. ¿Y cómo me atrevo a desafiar su instinto? Especialmente con la razón, que se ubica dentro de la “Civilización” en su ideología… Aquí está la lógica binaria de la moralidad en la cual el “instinto” es “salvaje” y por lo tanto “bueno” y “razón” es “civilizado” y por lo tanto “malvado”.

Pero no desafío a la civilización desde lo salvaje. No pretendo saber qué es el “salvajismo”. Yo diría que el único “salvajismo”, que cualquiera de nosotros seres humanos que hemos sido civilizados podemos saber, es uno que creamos. La pregunta es: ¿lo creamos como un ideal por encima de nosotros al cual debemos conformarnos o como algo que poseemos y con el que jugamos como deseamos? El primero solo podría desafiar a la civilización de una manera civilizada, porque se ha convertido en una ideología. Este último no puede, en sí mismo, desafiar a la civilización en absoluto, porque es simplemente una herramienta o juguete. Y entonces, aquellos de nosotros que deseamos desafiar a la civilización de una manera que realmente la destruya, solo podemos hacerlo desde nosotros mismos.

Esto siempre ha sido la base de mi propia oposición a la civilización. La civilización es una red de instituciones y sistemas que impone relaciones sociales reificadas sobre mí, robando mi energía, mis capacidades creativas a través de las cuales puedo construir mi vida y transformar mi entorno en relación con otros cuyos deseos coinciden con los míos. Ésta utiliza estas energías y capacidades para reproducirse. La destrucción de la civilización y el sistema industrial son, por lo tanto, ciertamente necesarios si queremos recuperar nuestra capacidad de crear nuestras vidas como mejor nos parezca sobre el nivel social.

Pero ciertamente no sé cómo los individuos elegirán usar estas capacidades en un mundo donde las restricciones sociales se hayan eliminado. No sé qué relaciones, qué formas de entretejer nuestros sueños y deseos dispares, qué formas de crear esta “armonía de tensiones opuestas” que describe tan bien mi concepción de la anarquía, crearán estos individuos. ¿Cómo podría alguien saber, si estas formas y métodos cambiaran constantemente con nuestros sueños y deseos y la circunstancia en la que actuamos para cumplirlos?

Si elegimos llamar “salvaje” a tal existencia post-civilizada, entonces el salvajismo es simplemente lo desconocido que creamos, ahora en estos momentos y espacios de rebelión, y en el futuro, con suerte, el conjunto de nuestra existencia en constante cambio. En el presente, solo podemos crear esta incógnita, esta negación de nuestra propia domesticación utilizando el todo de nosotros mismos, superando las separaciones y los binarios moralistas que esta sociedad nos ha impuesto. Así utilizaremos nuestra razón apasionada y nuestras pasiones intencionalmente creadas y voluntarias, nuestra espontaneidad proyectiva y nuestra capacidad de decisión inmediata, nuestra generosidad egoísta y nuestro egoísmo expansivo, nuestro amor cruel y poético por un universo que deseamos devorar como deseamos devorarnos a Nosotros Mismos. Utilizaremos todo esto y más en nuestro proyecto de crear nuevas y maravillosas formas de ser que nunca han existido. Mi guerra contra la civilización siempre ha tenido como objetivo abrir la posibilidad de realizar este sueño creativo y utópico de mi pleno disfrute de mí mismo y del universo que me rodea.

Pero si el “salvajismo” radical es algo que cada uno de nosotros debe crear para nosotros, entonces es algo que nunca se puede crear de una vez por todas, definitivamente. Al igual que la singularidad, es un concepto que no tiene contenido en sí mismo. Le damos contenido por la forma en que elegimos crearlo, vivirlo en cada momento y este contenido cambia con cada momento. Esta es la razón por la cual el salvajismo debe permanecer siempre desconocido, por qué no puede reducirse a un conjunto de habilidades o una adhesión al instinto ni elevarse a un ideal al que nos rendimos. Tan pronto como se convierte en algo definible, ha sido domesticado y obviamente ya no es “salavajismo”. El “salvajismo” santificado (“Naturaleza salvaje” o el “Ser primigenio”), como todos los dioses, es una bestia domesticada. Esta domesticación se vuelve obvia cuando esta bestia se usa para juzgar, para determinar lo correcto y lo incorrecto. Aquellos cuyos “instintos” les dicen qué ideas son correctas o incorrectas, aquellos cuyos “sentimientos viscerales” les permiten juzgar las elecciones y comportamientos de otros en un nivel moral, son criaturas domesticadas con “instintos” y sentimientos domesticados.

Por supuesto, cuando saco lo que está en lo más profundo de mi ser, lo que ha sido reprimido por esta sociedad civilizada, no pierdo la capacidad de hacer distinciones. Pero estas distinciones no se basan en absolutos, en conceptos universales de “correcto” e “incorrecto”. Así que no hago estas distinciones emitiendo juicios absolutos, declarando, por ejemplo, que “sé de corazón que esto está mal”. Más bien utilizo mi capacidad para hacer distinciones para determinar si algo puede mejorar mi existencia, aumentar mi autoestima o no. En este proceso, no me limito a confiar en “instintos” o “sensaciones de nivel visceral”. Más bien utilizo todas las herramientas que tengo a mano, incluidas mis capacidades para decidir, razonar, planificar, organizar mis actividades, desarrollar conscientemente relaciones con otros con quienes puedo desarrollar proyectos.

Pero me he desviado de mi intención principal, que era hablar sobre “lo salvaje”. Como dije antes, es un desconocido que debe crearse, destruirse y recrearse perpetuamente. Como ya hemos sido civilizados y domesticados, solo puede ser útil para nosotros, ya que lo que niega perpetuamente la domesticación y esta capacidad de negar reside precisamente en que es un concepto desconocido, vacío, que perpetuamente llenamos con nuestro deseo de crear nuestras vidas como nuestra, ya que se enfrenta al mundo que nos ha robado la vida. Una vez reificado en un ideal al que debemos conformarnos y del que podemos emitir juicios, se convierte en un domesticador. Por lo tanto, su uso real es como un martillo de iconoclastas para destruir todos los conceptos cosificados, incluido el de “salvajismo” en sí, si es necesario.

Considerado como indefinible, este desconocido concepto vacío cuyo contenido creamos en cada momento, el salvajismo no es más que una manera poética de describir la singularidad de cada uno de nosotros. Por gusto salvaje, la singularidad se destruye en el momento en que se define. Ésta también es un concepto vacío que llenamos sin fin a través de nuestra actividad creativa perpetua. Y dado que el “salvajismo” ha comenzado a tener más y más construcciones ideológicas asociadas, quizás sea mejor simplemente hablar de la singularidad como la herramienta a través de la cual cada uno de nosotros puede negar los procesos de domesticación que la civilización nos ha impuesto.

 

(Traducción: Con el Fuego en las Pupilas)
Recuperado desde: Algún Otro Lugar (Wolfi Landstreicher)

 

Primavera Heroica (Enzo Martucci)

Primavera Heroica
(Enzo Martucci)

A los nómadas, a los vagabundos, a los rebeldes.

¿Dónde está el hombre, hermanos, dónde está el hombre que busco?

¿Dónde está el rebelde valiente e imprudente, donde el guerrero heroico, lleno de un sueño de libertad o grandeza como los Argonautas[1], que se enfrentan juguetonamente a la batalla titánica contra el universo, por la conquista de una vida más alta y más bella? ¿Dónde están la fuerza, el coraje y la osadía que ama anárquicamente mi espíritu pagano? ¿Dónde están ellos?… ¡Oh!… Es inútil me molesto al mirar… En la sociedad industrial burguesa de hoy en día, solo existe la base y la cobardía… Solo hay esclavos serviles…

El héroe pertenece a una época pasada, al esplendor de las epopeyas galante y de la energía libre, aventurera, guerrera … Tal vez pertenecerá a la anarquía futura, cuando el individuo, ya no atado por el yugo legal, renovará los hechos audaces del pasado para el triunfo completo de sí mismo…

¿Pero ahora? Ahora solo hay un plebeyo brutalizado, resignado a su destino, y un pequeño burgués mezquino y lastimoso, inflado de arrogancia y saturado de vulgaridad… Los súbditos obedientes y los maestros despóticos chapotean en la inmundicia que cubre el mundo en un triste sudario, como gusanos en el barro. Pero debajo de los harapos de uno y la ropa lujosa del otro, late el corazón de una gallina. Ambos son débiles, enervados… Por lo tanto, el proletario no puede emanciparse, ya que el tirano no gobierna en virtud de su propia fuerza, sino solo a través de la pasividad y la renuncia de la gente…

Hoy solo hay basura, barro, estiércol…

Los piratas han desaparecido de los océanos, los bandidos han desaparecido de los bosques… Los instintos viriles y el sentimiento vigoroso de la humanidad, recuerdos lejanos… El héroe está muerto…

***

Oasis florecientes en el triste desierto de la podredumbre humana – rosas en flor en medio del hedor apestoso de la cloaca – nosotros, nómadas, vagabundos, rebeldes, produciremos el milagro divino. Nosotros, reviviremos al héroe. Expulsados de la sociedad y condenados por la multitud ajena, conservamos en el fragante jardín de nuestros corazones un suave ruiseñor que canta canciones melodiosas de Nostalgia y pena.

Templado por la lucha y el arduo peligro, recibimos en los cavernosos giros de nuestra mente un demonio rojo, siempre listo para volverse loco con una fuerza irresistible.

Y cuando el ruiseñor ruge, el demonio salta al campo de batalla manchado de sangre donde las furias bailan la macabra danza redonda de la destrucción y el vals de la muerte.

Somos los poetas de la negación y la rebelión, los cantantes y autores de la locura cada vez más sublime.

En los ardientes cráteres de nuestros volcanes interiores, creados con la lava de la emoción y el fuego de la pasión, hemos alimentado nuestra lujuria por la vida… Y a la Sociedad que quería imponernos sus leyes y su moral, haremos con firmeza responden con nuestro “no”, mientras que todos los demás repiten su cobarde “sí”.

Ahora estamos a merced de la batalla. La batalla mortal decisiva… Con sonrisas en los labios, hemos saltado al abismo de la aventura suprema, en cuyo fondo la ninfa y la arpía nos esperan. O la embriaguez del triunfo y la liberación de cada grillete, o el final glorioso en el torbellino de la guerra.

Orgullosos y desdeñosos, hemos jugado valientemente nuestra última carta y, por lo tanto, es necesario que intensifiquemos nuestro esfuerzo y aumentemos nuestra energía cien veces para lograr la victoria.

Ya hemos sido valientes luchadores. Ahora nos convertimos en héroes. Es necesario, indispensable.

Por el buen resultado de nuestra causa, por la elevación de nuestra individualidad.

***

Y hacia la Anarquía – matriz de libertad, fuente de alegría, tesoro de poder – nosotros, hijos del Orgullo y la Rebelión eterna, avanzaremos con mayor energía y fuerza, hacia la Anarquía que no es el sueño de los pietistas[2], no el objetivo de los débiles, sino el medio con el que los iconoclastas intrépidos y desesperados son capaces de deshacerse incluso de la cadena más dura.

Todos marcharemos mientras el río azul de coraje se desborda de las profundidades y el loco viento de Audacia nos golpea con salvaje furia, en el fragor de la batalla.

Y dispararemos nuestras flechas, afiladas con odio, contra las fortalezas de la ley y de la Sociedad… Y abrazaremos la libertad en los altares profanados de Cristo… Los hipócritas y los cobardes nos temerán; la chusma gritará por nuestras cabezas sin pensar… Pero, ¿qué nos importan las maldiciones de los tontos?

Somos los aristócratas del pensamiento y la acción, el solitario habitante de las cimas más altas, y la baba de reptil nunca nos preocupará…

____________________

[1] La historia de los argonautas (Los marineros del barco Argo) es una de las leyendas griegas más antiguas e incorpora numerosos elementos comunes en las historias populares: un héroe al que se le envía a un viaje peligroso para desembarazarse de él, imponiéndole una tarea imposible de llevar a cabo, pero de la que sale victorioso gracias a la ayuda de aliados inesperados. Los Argonautas fueron los héroes que navegaron desde Págasas hasta la Cólquide en busca del vellocino de oro, comandados por Jasón.

[2] Fue un movimiento luterano fundado por Philipp Jakob Spener durante el siglo XVII, donde se daba más importancia a la experiencia religiosa personal que a la rutina del culto y enfatizaba la lectura y estudio de la Biblia; fue contrario a todo dogma y a toda institución eclesiástica. (N.T)

(Extraído del folleto Furia Iconoclasta)

La Luna y el Sol (Reflexiones en torno a la palabra “amor”)

La Luna y el Sol
(Reflexiones en torno a la palabra “amor”)

Si no puedo atraparla luna, ¿debe por eso convertirse en sagrada, ser para mí una Astarté? ¡Si yo pudiera tan sólo asirte, ciertamente no vacilaría, y si hallase un medio de llegar hasta ti, no me darías miedo!¡Eres lo inaccesible!, pero no seguirás siéndolo sino hasta el día en que Yo haya conquistado el poder necesario para alcanzarte, y ese día tú serás Mía: Yo no me inclino ante ti; ¡aguarda que haya llegado mi hora!

-Max Stirner

Amor con Mayúscula

El amor es una palabra tan trillada que hace evidenciar, como tantas otras cosas, mi escepticismo. Es que la oigo de la boca de los religiosos, los policías,  los políticos, los gobernantes, y eso me repugna. ¿Pero me repugna el amor? ¿Me repugna la intensa pasión del cariño en su más bella expresión de caos? Se ha hablado tanto de amor, se han escrito artículos y libros, se han hecho cosas ridículas y atroces en su nombre (como películas) que lo trasformaron en un ideal, poniéndole una “A” mayúscula y santificándolo, dándole un Espíritu propio y, siendo ahora, Amor sagrado, me disgusta, lo rechazo.

Pero yo rechazo el Amor tanto como ideal superior cual Hombre, Sociedad, Moral, Libertad… es decir rechazo la dominación que ejerciera sobre Mí si yo actuara bajo su interés… (No quiero ni pensar que sería actuar bajo su interés pero en su momento el movimiento hippie, o los New Age de ahora representarían esto que me refiero – con su insoportable relajación donde todo es paz y armonía, calma  y tranquilidad sinónimo de represión constante)… Entonces, Yo acepto, Yo deseo y me desenvuelvo y me entrego sin pensar, entonces yo amo pero con un interés propio de autosatisfacción, de encontrar placer en lo que soy –carne, espíritu- y no por un interés ajeno que me alejaría de mi misma.

El Amor como Ideal

Decir que todo es paz y amor, que uno tiene que ser comprensible, tolerante, que hay que calmarse y respirar, que debemos actuar por Amor -Amor a Dios, Amor al Prójimo, a la Humanidad, etc, etc,- es negarse a uno mismo la capacidad de expandirse y disfrutar en plenitud su vida a su manera. Es no poder ser propietario de eso que nos da placer, de eso que nos gusta y agrada – es no poder ser propietario de uno mismo, es no poder decir Yo soy Yo mismo, Soy Mi Cuerpo y soy lo que quiero y no lo que quieran de mí. En otras palabras es ser un oprimido amante de la opresión, es ser un dominado, un extraño en su cuerpo, un producto empaquetado, un ser político, un cristiano, un liberal o libertario, un moralista, un humano…

Lo que soy no se etiqueta ni se define porque no es un concepto. Lo mismo para Mi amor. Mi forma de amar nunca será igual, será tan variable como variables mis deseos y las intensidades de mis pasiones.

Y que se entienda, el problema no es la propiedad y ser uno propietario ¿Acaso una no es propietaria de sus decisiones, de sus deseos, de su cuerpo? El problema para mí es la inclinación, es la resignación y la servidumbre ¿Y que son las teorías del amor, como la monogamia, poligamia, la heterosexualidad o el amor libre más que intentos de definir lo indefinible? Y aceptarlas, reproducirlas, perpetuarlas ¿No es evidenciar otra forma de resignación? Que cada quien haga lo que quiera pero si pretendés bajo el nombre de la Anarquía teorizar sobre el amor estarás, tarde o temprano, doblegándome, moldeándome, regulándome, gobernándome.

El Amor Libre

Acá no hay dogmas ni doctrinas, no existe la mejor forma de amar, la manera correcta de hacerlo, o la teoría ideal de cómo se deberían desarrollar las relaciones entre individualidades anárquicas. No busco una vida acomodada en un ideal abstracto que está más allá de mi poder. Amo intensamente sin sucumbir ante un ideal, soy yo misma, con mi fuerza y mi poder para amar, acá y ahora, contra toda autoridad que me lo niegue.

Para el rechazo de contratos falaces de amor como el matrimonio, o la heteronormatividad no necesito del Amor Libre, porque lo que entiendo por amor de por sí es libre, porque el amor en su expresión de Yo amante, Yo amado es Mí expresión, el amor es Mío en tanto yo me funda, me agote en él y pueda usarlo para placer propio, y Yo, libre de poder hacer del amor Mi propiedad, amo. Amo y no niego que amar pueda ser tan cruel como bello el placer que produce la cálida sensación de ser acompañado y de ser amado. Amo y me entrego a ser amado; rompo el mito de que el amor para anarquistas es no poseer.

Yo quiero poseerte, hacer de vos mi propiedad al menos en el lapso de tiempo en que nuestros cuerpos se entrelazan, en el que descubro tu verdadero sabor entre fluidos que nos impregnan. Quiero tener poder sobre vos porque quiero que vos lo tengas sobre mí, quiero tocarte, morderte, pellizcarte, apretarte, quiero sentir todo tu peso sobre mí y doblegarme ante tus impulsos, tus movimientos y tus gemidos, quiero fundirme en vos y ser tuyo, ser tu propiedad – que en Mí te fundas y confundas, que me uses y me agotes, que saques de mi todo lo que quieras, y si existiera una pasión única en su intensidad seamos siempre nosotras – Yo para Vos y vos para Mi- a mí me encantaría ¿Porque habría de negarlo si en vos lo tengo todo y no necesito más?

El Amor indefinible

El amor es algo inexplicable, es tal vez como un fuego intenso ardiendo en los corazones que se aviva con las diferencias y los encuentros de placer, las charlas, las risas, las caminatas, las discusiones, el sexo y otros juegos. Es un fuego que perdura mientras los amantes quieran; si uno desiste la llama se apaga – he ahí la crueldad; pero la locura extática que provoca amar a otra persona, esa aventura desenfrenada no sabe de reglas ni teorías, ni se define en roles de géneros ni en identidades sexuales. Su máxima expresión es la penetración al caos.


CaJu
Invierno, 2018

(Del folleto Poyen y el Caos Primordial)

Libertad Desenfrenada (Enzo Martucci)

Libertad Desenfrenada
(Enzo Martucci)

Stirner y Nietzsche tenían indudablemente razón. No es verdad que mi libertad termina donde comienza la de los demás. Por naturaleza, mi libertad tiene su fin donde se detiene mi fuerza. Si me desagrada atacar a los seres humanos o incluso si considero que es contrario a mis intereses hacerlo, me abstengo del conflicto. Pero si, empujado por un instinto, un sentimiento o una necesidad, arremetí contra mis gustos y no encuentro resistencia o una resistencia débil, naturalmente me convierto en el dominador, el superhombre. Si, en cambio, los otros resisten vigorosamente y devuelven golpe por golpe, entonces me veo obligado a parar y llegar a un acuerdo. A menos que juzgue apropiado pagar por una satisfacción inmediata con mi vida.

 Es inútil hablarle a la gente sobre la renuncia, la moralidad, el deber y la honestidad. Es estúpido querer restringirlos, en nombre de Cristo o de la humanidad, no pisar los dedos del otro. En cambio, uno les dice a cada uno de ellos: “Eres fuerte”. Endurece tu voluntad Compense, de cualquier manera, sus deficiencias. Conserva tu libertad. Defiéndete contra cualquiera que quiera oprimirte”. Y si cada ser humano siguiera este consejo, la tiranía sería imposible. Incluso resistiré a aquel que es más fuerte que yo. Si no puedo hacerlo solo, buscaré la ayuda de mis amigos. Si me falta fuerza, la reemplazaré con astucia. Y el equilibrio surgirá espontáneamente del contraste. De hecho, la única causa del desequilibrio social es precisamente la mentalidad de rebaño que mantiene a los esclavos propensos y resignados bajo el látigo del amo.

“La vida humana es sagrada. No puedo suprimirla ni en el otro ni en mí mismo. Y entonces debo respetar la vida del enemigo que me oprime y me produce un dolor atroz y continuo. No puedo quitarle la vida a mi pobre hermano, que padece una enfermedad terminal que le causa un terrible sufrimiento, para acortar su tormento. Ni siquiera puedo liberarme, a través del suicidio, de una existencia que siento como una carga”.

¿Por qué?

“Porque”, dicen los cristianos, “la vida no es nuestra. Dios nos lo dio y solo él puede quitárnosla”.

Bueno. Pero cuando Dios nos da vida, se convierte en la nuestra. Como señala Tomás de Aquino, el pensamiento de Dios confiere ser en sí mismo, realidad objetiva, para el que piensa. Por lo tanto, cuando Dios piensa en darle vida al ser humano, y al pensar en él, se la da, esa vida se convierte efectivamente en humana, es decir, una propiedad exclusiva de los nuestros. Por lo tanto, podemos alejarnos el uno del otro, o cualquiera puede destruirlo en sí misma. Emile Armand libera al individuo del estado, pero lo subordina más estrictamente a la sociedad. Para él, de hecho, no puedo revocar el contrato social cuando quiero, pero debo recibir el consentimiento de mis compañeros para liberarme de los enlaces de la asociación. Si otros no me otorgan ese consentimiento, debo permanecer con ellos aunque esto me perjudique o me ofenda. O, sin embargo, al romper unilateralmente el pacto, me expongo a la represalia y la venganza de mis antiguos camaradas. Más sociable que esto y uno muere. Pero este es un societarianismo del cuartel espartano. ¡¿Qué?! ¿No soy mi propio amo? Solo porque ayer, bajo la influencia de ciertos sentimientos y ciertas necesidades, quería asociarme, hoy, cuando tengo otros sentimientos y necesidades y quiero salir de la asociación, ya no puedo hacerlo. Debo, pues, seguir encadenado a mi deseo de ayer. Porque ayer deseaba un camino, hoy no puedo desear otro camino. Pero luego soy un esclavo, privado de espontaneidad, depende del consentimiento de los asociados.Según Armand, no puedo romper las relaciones porque me importa la tristeza y el daño que causaré a los demás si los privo de mi persona. Pero a los demás no les importa la tristeza y el daño que me causan al obligarme a permanecer en su compañía cuando tengo ganas de irme. Por lo tanto, falta mutualidad. Y si quiero abandonar la asociación, me iré cuando decida, tanto más si, al hacer el acuerdo para asociarme, les comunico a los camaradas que mantendré mi libertad de romper con ella en cualquier momento. Al hacer esto, no se niega que algunas sociedades tengan vidas largas. Pero en este caso, es un sentimiento o un interés percibido por todos los que mantienen la unión. No es un precepto ético como le gustaría a Armand. De cristianos a anarquistas (?) todos los moralistas insisten en que distinguimos entre la libertad, basada en la responsabilidad y la licencia, y la basada en el capricho y el instinto. Ahora es bueno explicarlo. Una libertad que, en todas sus manifestaciones, siempre está controlada, retenida, guiada por la razón, no es libertad. Porque carece de espontaneidad. Por consiguiente, carece de vida. ¿Cuál es mi objetivo? Destruir la autoridad, abolir el estado, establecer la libertad para que cada uno viva de acuerdo con su naturaleza tal como la ve y la desea. ¿Este objetivo les asusta, buenos señores? Bueno, entonces, no tengo nada que hacer. Al igual que Renzo Novatore, estoy más allá del arco[1]. En resumen, mi vida es variada e intensa precisamente porque no dependo de ninguna regla. Los moralistas de todas las escuelas en cambio afirman lo contrario. Exigen que la vida siempre se ajuste a una norma única de conducta que la haga monótona e incolora. Quieren que los seres humanos realicen siempre ciertas acciones y que siempre se abstengan de todos los demás.

“Debes, en cada caso, practicar el amor, el perdón, la renuncia a los bienes mundanos y la humildad. De lo contrario, serás condenado “, dicen los Evangelios.

“Debes, en cada momento, vencer al egoísmo y ser desinteresado. De lo contrario, permanecerás en el absurdo y la tristeza “, señala Kant.

“Siempre debes resistir el instinto y el apetito, mostrándote equilibrado, considerado y sabio en cada ocasión. Si no lo haces, te marcaremos con la marca de la infamia de los archis[2] y te trataremos como a un tirano”, Armand aprueba el juicio.

En resumen, todos quieren imponer la regla que mutila la vida y convierte a los seres humanos en títeres iguales que constantemente piensan y actúan de la misma manera. Y esto ocurre porque estamos rodeados de sacerdotes: sacerdotes de la iglesia y sacerdotes que se oponen a ella, creyentes y Tartufos[3] ateos. Y todos pretenden catequizarnos, conducirnos, controlarnos, frenarnos, ofreciéndonos una perspectiva de castigos y recompensas terrenales o sobrenaturales. Pero es hora de que el ser humano libre se levante: el que sabe cómo ir en contra de todos los sacerdotes y el sacerdocio, más allá de las leyes y las religiones, las reglas y la moralidad. Y quién sabe cómo ir hacia adelante más allá. Con todo hacia adelante más allá.

(Traducción: CaJu. Recuperado de: https://sites.google.com/site/vagabondtheorist/bare-fisted-atheism/unbridled-freedom-by-enzo-martucci)

[1] Si bien el texto original de Novatore al que hace referencia Martucci utiliza la palabra ‘arco’ pienso que hace referencia al griego ‘arje’, ‘arkhi’, ‘archí’, ser el primero, mandar (que denota superioridad), de ahí palabras como anarquía (sin gobierno) o arquitecto (que está al mando). Tal vez la expresión “más allá del arco” o “por encima del arco” (como uso Novatore en su ensayo – Al Disopra dell´Arco) hace referencia a lo que se relaciona con autoridad o elemento fundamental. (N.T)

[2] Del prefijo ‘archi’ – preminencia o superioridad: archiduque, archidiácono. (N.T)

[3] Persona hipócrita y falsa. (N.T)

Mi Anarquismo (Sidney E. Parker) — Con el Fuego en las Pupilas

En 1947, a los 17 años de edad, comencé a llamarme anarquista. Habiendo pasado unos tres años en el movimiento socialista, naturalmente concebí el anarquismo como una forma de comunismo. Cambié Bujarin por Bakunin, Kautsky por Kropotkin y Marx por Malatesta, pero el objetivo de la propiedad común seguía siendo el mismo, incluso si la […]

a través de Mi Anarquismo (Sidney E. Parker) — Con el Fuego en las Pupilas