¡Ni Oriente ni Occidente! (por Enzo Martucci)

¡Ni Oriente ni Occidente!
(por Enzo Martucci)

En los países del llamado mundo libre la vida es insoportable.

Los liberales y demócratas elogian a estos países y dicen que en ellos existe la oportunidad para la iniciativa privada y la competencia económica y política. Pero esto no es así. Hay muchos puntos de partida diferentes para el individuo y si yo voy a cazar con arco y flecha y vos tenés que atrapar a tu pájaro o liebre con tus propias manos, entonces es seguro que comeré y vos, incluso si tenés cualidades superiores a la mía, pasarás hambre. Tampoco podrás quitarme las armas (mi capital), porque la manada de ricos y pobres está unida en su intención de imponer el respeto a la ley sobre vos o cualquier otra persona que viole el derecho sagrado de la propiedad privada (que ha surgido mediante el uso de la violencia o la astucia). Si intentás hacer esto, te matarán o te meterán en la cárcel. ¿Propiedad? Sí, pero no la propiedad natural, egoísta, “Stirneriana” del individuo que se apodera de todo lo que su poder le permite tomar y lo guarda. Más bien la propiedad del hipócrita que la ha arrebatado sin ser visto y luego la presenta como fruto de su labor, garantizada como inviolable por la sociedad y la moral. Y muchos sacerdotes fangosos repiten untuosamente que un dios inexistente, que, si existiera, sería responsable de todos los tormentos de los que creó, así lo quiere.

¿Libertad en el mundo occidental? Sí, libertad para que los ricos sean felices, para que los pobres sufran, o para terminar en la cárcel si, más que sufrir, intentan quitarle algo a los ricos. ¡Una libertad repugnante!

Luego está el mundo comunista – una galería de esclavos condenados a trabajos forzados en los que la tierra pertenece al Estado que, en teoría, representa la masa organizada, pero que, en la práctica, se identifica con los demagogos, los burócratas y los líderes del partido que ostentan el poder. Y el Estado, que Nietzsche justamente llamó “el más frío de todos los monstruos”, obliga a los hombres y mujeres a producir, los explota como único capitalista, les da un salario mínimo, les niega la posibilidad de ir a la huelga o utilizar otros medios para mejorar su suerte, y ponerlos en campos de concentración o prisión si se niegan a adaptarse a este sistema de opresión chupa-sangre.

En el infierno bolchevique el individuo tiene sus peculiaridades, su modo de ser personal es aplastado y todos tienen que sentir, pensar y actuar de la manera que decida el Estado, amo y guardián absoluto de todos. Esto es producto de una pesadilla en la que los hombres se reducen a una igualdad fantasma, insensibles y fríos, y se mueven mecánicamente a las órdenes de sus líderes para crear un mundo perfecto. Se trata de la aberración de una ciencia lunática que mataría al antropoide para sacar de su esqueleto un robot en el que el feroz mongol de Genghis Khan -el único hombre superviviente- ejercería un poder tiránico. Así, la traición lenta de una locura lúcida tiende a la creación de una uniformidad estúpida, un grisáceo pesado, sobre el que brillan, como soles lejanos, inyectados de sangre, los rostros odiosos de Marx, Lenin, Stalin y Mao.

En Oriente u Occidente, sólo se encuentran grilletes, mentiras, asfixia y castración. En este estado de cosas, un hombre que siente y piensa no puede encontrar otro camino de liberación que rebelarse contra la sociedad y la civilización. ¡Y mandar al infierno a los que quieren imponer una nueva organización social al individuo libre! “Protéjase de los que quieren dar órdenes – advirtió Diderot – ordenar siempre significa poner a un hombre sobre otro, poner obstáculos en su camino”.


(traducción original del italiano al inglés por Stephen Marletta)
Minus One #22
Junio de 1968

Anarquismo, Individualismo y Max Stirner (Anónimo)

Anarquismo, Individualismo y Max Stirner
(Anónimo)

Tras una pausa de unos años, se ha reanudado el ataque al egoísmo consciente de Max Stirner. Ahora, un tal Roger P. Clark (1) ha escrito un libro titulado “El egoísmo de Max Stirner” en el que argumenta como alguien que “alguna vez simpatizó bastante con el individualismo”, pero que ahora tiene la cabeza clavada en el cubo de la basura del “anarquismo social ”. El resultado es un rechazo del “egoísmo metafísico” como una “superstición infundada”.

No me propongo ocuparme aquí de las objeciones filosóficas más abstrusas que forman una gran parte de la acusación del Sr. Clark. Para hacer esto correctamente, necesitaría una respuesta casi tan larga como su libro. Por lo tanto, por el momento me limitaré a algunas de sus opiniones sobre la relación de Max Stirner con el anarquismo y el individualismo.

Sin embargo, antes de hacerlo, vale la pena señalar que el Sr. Clark no duda en resucitar algunas viejas castañas filosóficas al exponer su caso. Uno de ellos es la noción “infundada” de que Stirner, a pesar de sus explícitas desmentidas, concibió su ego como un “Absoluto” (el Sr. Clark busca agregar impresión a su acusación al describirla como “el absoluto místico”). Y rechaza de su compañero crítico R.W.K. Paterson (2) la negación de esto al afirmar que “esto es lo que hace Stirner cuando eleva el ego a una realidad independiente contraria a su lugar objetivo en el curso de la naturaleza”. Después de semejante pieza de desconcierto, no me sorprende en lo más mínimo que pueda atribuir algún “significado racional” al “misticismo tradicional” …

Al igual que el Sr. Paterson, en su obra mucho más profunda “El nihilista egoísta: Max Stirner”, Roger P. Clark afirma que el egoísta consciente debe querer que todos los demás sean supinos y serviles para poder aprovecharlos mejor. Al hacerlo, ignora, entre otras cosas, la afirmación de Stirner – “Quien para existir tiene que contar con la falta de voluntad de los otros, es sencillamente un producto de esos otros, como el Señor es un producto del siervo. Si la sumisión llegara a cesar sería el fin de la dominación”(3).

Pero, ¿por qué el egoísta no debería disfrutar probando su fuerza contra un oponente digno o disfrutar de la compañía de amigos fuertes y astutos? Es realmente asombroso cuán rápidos son los moralistas para fijar sobre los egoístas un nuevo imperativo categórico: ¡que deben vivir de acuerdo con la concepción judeocristiana de lo que debe ser un egoísta! El propio Stirner se deshizo de esta particular puerilidad de la siguiente manera:

“El egoísta, ante el cual los humanistas se santiguan con espanto, no es más que un fantasma, como el diablo; no es más que un espantajo y una fantasmagoría de su cerebro. Si no estuviesen hechizados ingenuamente por la vieja antítesis del bien y del mal, a la que han dado respectivamente los nombres de humano y de egoísta para rejuvenecerla, no habrían cocinado al pecador encanecido en la caldera del egoísmo, y no habrían zurcido una pieza nueva a un vestido viejo”(4).

El Sr. Clark reconoce que Stirner es anarquista, pero cree que su anarquismo es del más “inconsistente y contradictorio tipo”. Esto se debe a que parece que, si bien Stirner rechaza la dominación sobre el individuo por parte del Estado, “todavía acepta la conciencia autoritaria”. El Sr. Clark identifica “autoridad” con cualquier forma de dominación y, por lo tanto, cuando Stirner dijo que “el poder es derecho(5)”, es inmediatamente condenado como autoritario.

Pero la autoridad no es lo mismo que el poder, ni todas las formas de dominación descansan en la autoridad. El poder autoritario domina principalmente por medio de la lealtad que exige a quienes creen en él y lo apoyan. La autoridad es, por tanto, poder legitimado. Un poder, como dijo una vez Enzo Martucci, “que todos deben adorar y servir aunque posean la energía y la capacidad para derrocarlo”. Si bien es cierto que importa si algunos individuos intentan convertirse en autoridades frente a otros individuos, el impulso natural de ser dominante frente a otros no me parece que importe tanto. De hecho, como observó James L. Walker en su ‘La Filosofía del Egoísmo’, “si la vigilancia es el precio de la libertad, ¿quién negará que la tendencia, dentro de los límites egoístas, a alguna invasión es la creadora de hecho y el sustento de la vigilancia? Los filósofos vaporizadores y no-Egoístas colocarían la tolerancia sobre una base de sentimiento de banco de nubes y tratarían de recompensar con bellas palabras de elogio a los hombres a quienes se puede persuadir de que renuncien a cualquier ventaja que puedan tomar de los demás. Como los predicadores que imaginan el placer del pecado e instan a la gente a abstenerse de él, sus intentos son inevitablemente inútiles”.

Para mí, el egoísmo de Max Stirner no tiene nada que ver con si sus puntos de vista encajan o no con la concepción de otra persona de una utopía “anarquista”. Es cierto que, como todavía era, en cierta medida, el niño de su época, sus ideas no están del todo libres de especulaciones utópicas. A este respecto, aunque por razones muy diferentes, estoy de acuerdo con el Sr. Clark en que Stirner era “demasiado optimista” acerca de que sus “asociaciones de egoístas” se universalizaran. Pero tales especulaciones son solo espuma sobre los fundamentos de su filosofía y, para los anarquistas-individualistas realistas que viven en el aquí y ahora, pueden considerarse con seguridad como de mero interés histórico. Lo importante de su magnífica defensa del individuo frente a la autoridad es su valor como arsenal intelectual del que pueden apropiarse quienes, como yo, consideran interminable el conflicto entre lo individual y lo colectivo.

El señor Clark intenta contrarrestar el egoísmo stirneriano invocando ciertos caprichos de Arthur Koestler sobre los “holones(6)” o “sistemas autorreguladores que muestran tanto las propiedades autónomas de los totales como las propiedades dependientes de las partes”, una especie de versión filosófica de la etapa del mago “ahora lo ves y ahora no lo ves”. También se refiere a las mistificaciones colectivistas de Lewis Mumford, el ecologismo de moda de Murray Bookchin y la descabellada “filosofía del organismo(7)” de A.N.Whitehead. Después de todo esto, no es sorprendente que concluya afirmando que Hegel y su “plenitud(8)” “parecen estar justificados”. Por supuesto, ninguna de estas profundidades está expresada con detalles concretos, pero, entonces, uno no espera que los proveedores de sueños sociales y los defensores del “fantasma de Dios” se rebajen a cosas tan mundanas. No estar de moda lo suficiente como para ver mérito en el nominalismo radical de Stirner es, obviamente, suficiente terreno a los ojos del Sr. Clark para que uno sea rechazado como “supersticioso”, pero veremos quién ríe el último…

¡El anarquismo es un individualismo, no un socialismo!

De Minus One #38
1977

(1) El autor del libro mencionado es John P. Clark y no Roger. J.P Clark (1928-actualidad) es oriundo de Nueva Orleans Sus intereses incluyen el pensamiento dialéctico, la filosofía ecológica, la ética ambiental, la teoría anarquista y libertaria, el imaginario social, la crítica de la dominación, la filosofía budista y taoísta, la teoría de la transformación social y la crisis de la Tierra. Su libro ‘El Egoísmo de Max Stirner’ se publicó en 1976. (Nota de Traducción)

(2) Ronald William Keith Paterson (1933-actualidad) filósofo escocés; se desempeñó como catedrático en el departamento de educación de adultos y el departamento de filosofía de la Universidad de Hull. Sobre Stirner escribió el libro ‘El Egoísta Nihilista: Max Stirner’ en 1971. (Nota de Traducción)

(3) El Único y Su Propiedad, Max Stirner. Cita tomada de la edición de Libros de Anarres, traducción de Pedro González Blanco. (Nota de Traducción)

(4) Ibíd.

(5) Max Stirner señala: “Pero mi propiedad no es una cosa, puesto que las cosas tienen una existencia independiente de Mí; sólo mi poder es mío. Este árbol no es mío; lo que es mío, es mi poder sobre él, el uso que Yo hago de él.
Pero ¿cómo se pervierte la expresión de mi poder sobre las cosas? Se dice, Yo tengo un derecho sobre este árbol, o bien, es mi legítima propiedad. Si lo he adquirido, es por la fuerza. Se olvida que la propiedad sólo dura mientras el poder permanece activo; o más exactamente, se olvida que el poder no existe por sí mismo, sino por la fuerza del Yo, y no existe más que en Mí, el poderoso. Se exalta el poder, como se exaltan otras de mis propiedades (la humanidad, la majestad, etc.) al ser para sí (Fürsichseiend), como si tuvieran existencia, de manera tal que sigue existiendo aun cuando haya dejado de ser mi poder. Así, transformado en fantasma, el poder es el derecho. Ese poder inmortalizado no se extingue ni siquiera con mi muerte, es transmisible (hereditario).
Así pues, en realidad las cosas pertenecen al derecho, no a Mí”. (Nota de traducción)

(6) Un holón es algo que es a la vez un todo y una parte. La palabra fue empleada por Arthur Koestler en su libro El espíritu de la máquina. La frase to hólon, es la traducción griega de la palabra latina universum, en el sentido de “el todo”, “la totalidad”. (Nota de traducción)

(7) La filosofía del proceso, también ontología del devenir, procesimo o filosofía del organismo identifica la realidad metafísica con el cambio. En oposición al modelo clásico de cambio como ilusorio (como argumenta Parménides) o accidental (como argumenta Aristóteles), la filosofía del proceso considera el cambio como la piedra angular de la realidad, la piedra angular del ser considerado como un devenir. (Nota de Traducción)

(8) Hegel pretende desarrollar la totalidad del saber, de la conciencia y del espíritu. La conciencia en su plenitud saber absoluto y universal. Esta conciencia es “yo” y, a través de su despliegue, de- viene conciencia del espíritu del mundo como totalidad. (Nota de Traducción)

Renzo Novatore – Anarquista Alegal (por Daniel Giraud)

Renzo Novatore – Anarquista Alegal
(por Daniel Giraud)

[Nota histórica: Daniel Giraud es un poeta libertario, traductor de los textos chinos (en particular, los escritos de Li Po) y el autor de varios libros provocativos, incluido La Alquimia de las Palabras y Friedrich Nietzsche: Ditrambo o Dioniso el Crucificado. Este homenaje a Renzo Novatore fue escrito en Francia en 1967.]

Hay varios tipos de hombres, pero se puede hacer una distinción directa entre los que “son” y los que quieren “ser”… Los primeros viven del día a día y solo se preocupan por “entenderse” a sí mismos después de “ser”… Los últimos no escatiman esfuerzos para afirmar de manera perentoria el fundamento de sus doctrinas. Solo en las circunstancias más favorables se inclinan a poner en práctica sus teorías. No realizan el acto de forma natural antes de reflexionar sobre él, sino que lo definen antes de realizarlo.

Renzo Novatore (Renzo Ferrari) favoreció la espontaneidad y la violencia característica de Martucci (Enzo da Villafiore). No se preocupó por “poner en práctica el anarquismo”, sino que “estaba” en armonía consigo mismo (por lo tanto, en desarmonía con el mundo) y no tenía ningún escrúpulo ético o filosófico al respecto.

Con realidades suspendidas y verdades difíciles de encontrar, las metas son ilusorias y Novatore no creía en un cambio hipotético en el hombre y la sociedad. Solo los caminos que conducen a una meta ilusoria -los cuales pierden su función de “meta” porque aparentan ser algo inaprensible- a veces pueden parecer verdaderas y, de hecho, el enfoque puede ser una fuente inagotable de verdad.

En noviembre de 1922 el “ilegalista” Renzo Novatore sucumbió a las balas de los carabinieri1 cerca de Arcola después de una vida llena, o más bien fértil, de aventuras de todo tipo. La muerte es dulce cuando se ha vivido intensamente. Algunos logran una vida intensa mediante el cambio, los viajes, la locura, la creatividad o incluso mediante sueños e imitaciones. Otros, más impulsivos, buscan aventuras sangrientas, el asesinato está en su camino… pero ¿qué importa? Si la elección es voluntaria y el criminal está solo “no hay inocentes”, sólo marionetas para eliminar si bloquean su camino (¿no es así: ¿Larcenaire2? ¿Bonnot3?) hacia la cima de la montaña donde Zaratustra-Dioniso rugen a la vida…

Novatore no tenía la moralidad de un esclavo y se sorprendería con las exclamaciones indignadas de hoy de los débiles pacifistas-humanistas. Los cascos azules de los soldados de la ONU y los sombreros grises del Ejército de Salvación proliferan bajo las promesas de desarme y las negativas anestésicas de los Soberanos Pontífices. La aparente paz es un signo del tiempos. Hoy en Francia no morimos de bombardeo, estallamos de asfixia, es menos vistoso y más magnánimo…

Para Novatore, la libertad era espontaneidad. La decadencia precipita catástrofes y destrucción. El mundo decae con más y más bombas, desastres y explosiones porque el progreso = el final del camino. Nuestra civilización ya no se tambalea al borde del desastre: se derrumbó hace mucho tiempo y solo el cadáver sigue tambaleándose, su exterior oculta el vacío interior. Los peligros del medio ambiente están en sus raíces y la primera guerra nuclear lo derribará de una vez por todas.

Todo esto es bastante normal y está en el orden de las cosas. El mundo está ocupado por cadáveres que no se conocen a sí mismos y que fingen vivir jugando con fósforos encendidos como niños pequeños. Mientras esperas escucha a Renzo:

¡Escuchen, escuchen! ¡Es el rugido penetrante de mi risa salvaje que retumba en lo alto, en las alturas!4

Pero los zombis no pueden oír y las balas de los carabinieri son mi fin…

Mayo 1967
de Minus One #31, 1973

1El Arma de Carabineros, anteriormente denominado Cuerpo de Carabineros, es un cuerpo de Gendarmería y un organismo de seguridad del Estado italiano. (N.T)

2Pierre François Lacenaire (20 de diciembre de 1803 – 9 de enero de 1836) fue un asesino y poeta francés. Para Baudelaire, Lacenaire fue “un héroe de la vida moderna”. Dostoievski leyó el sumario del caso Lacenaire, un material que le sirvió para Crimen y castigo. (N.T)

3Jules Joseph Bonnot fue un anarquista francés. Fue el líder de la “Banda de Bonnot”, un grupo ilegalista que multiplicó los atracos y los homicidios entre 1911 y 1912. (N.T)

4En el Reino de los Fantasmas, 1921 (Escirto bajo el pseudónimo de Brunetta la Incendiaria). N.T

Suspiros

SUSPIROS

Recorremos juntos los laberintos hostiles, tomas mi mano, mi corazón late, nerviosismos intentando ser disimulados por una sonrisa, alguna ligera caricia que regala un aire de tranquilidad. Te miro, me miras, nuestras espaldas portan el artefacto, sabes compa, tu sabes por que lo hago, lo haces…, lo hacemos. Todo lo gris nos rodea, soltaste una lágrima la noche de amargo desencanto, compartimos llanto bajo las estrellas que reclaman la poesía de la madrugada ¿Todo está perdido?, cuánto nos hemos preguntado; ante la maquinaria que no se detiene, ante imbéciles que van de vivos en sus inertes pasos. Por la rabia que nos abraza al ver montes lejanos, sus bosques devastados por la urbe, el odio crece, el amor a la pólvora aparece. Seguimos en nuestro camino, el aire frío se clava en mi garganta, llena mis pulmones, se escapa. Gélido clima, a mi mente la imagen de aquel bosque que nos regaló su manto, donde nuestros besos palabras callaron y nuestras sombras en secreto se unieron para comenzar la guerra, esta guerra en la cual victoriosos no seremos. Caminamos sin levantar sospechas, gatos negros nos enseñaron a andar entre las noches, recorrer las decadentes urbes pasando desapercibidos, en silencio. Llegamos, solitarias estrellas nos sonríen, nuestras manos ya no tiemblan, el nerviosismo se esfuma, la rabia recorre cada rincón de nuestros cuerpos, me miras, te miro, me gustas, te gusto. Coloco el artefacto, me transformo en un coyote sediento de venganzas, comprendemos compa, no bastan las palabras, tú con paciencia, esa que sólo tu posees, enciendes la llama. Segundos pasan, la calle transitada reaparece el nerviosismo, tú sigues en calma, me rio de mí mismo, ahora hago burla de mi miedo. Huimos, somos sombras malditas que se infiltran por las calles, siento que patrullas van a mi espalda, la calle vacía. Una mezcla de felicidad, tristeza, odio y melancolía. Escapamos…, orgullosos de lo que somos, de encontrarnos en medio de la vida gris, orgullosos de ser eco-extremistas, para ti siempre serás tú, para mí siempre seré yo, lo sabemos, al compartir caricias y ataques lo sabemos. Confío en ti, tu confías en mí, no son sólo palabrerías, ni romanticismos o idealismos sin sentido, el amor superficial no va con nosotros, nuestra confianza se creó a través de los actos, al dejar mi vida en tus manos y la tuya en las mías, sin dudarlo. ¿Y si algún día caemos?, ambos sabemos que nos vengaremos, que al olvido lo matara el recuerdo, el vivo recuerdo que se plasma en las balas y los incendios. Ya a salvo acariciamos nuestros cuerpos, te beso, me besas, me compartes tu aliento para seguir en guerra, armarnos y pelear hasta el fin de nuestra existencia, así lo decidimos. No es fácil; llevar la doble vida, mentir hasta a nuestros más cercanos para no levantar ninguna sospecha, burlarnos de los comentarios morales de los buenos ciudadanos, “jamás lo imaginarían”, pensamos con una sonrisa, ciudadanos que tanto detestamos. Nuestros cuerpos ya al desnudo, reconociéndonos y conociéndonos, recordando los primeros ataques, los fallos, los experimentos. Tu orgasmo que llevara al mío, los gemidos, los arañazos, los suspiros. Para mi compa, nuestros compas y los compas…

¡Por La Naturaleza Salvaje!
¡Hasta tu muerte o la mía!
¡Larga vida al eco-extremismo!

Lunas de abril.
de Regresión #6

PESIMISMO NIHILISTA (por Fiera)

PESIMISMO NIHILISTA
(por Fiera)

El pesimismo es algo estrechamente ligado a las corrientes nihilistas, sin embargo este breve ensayo aborda mi propia perspectiva como individualista extremista y el peso que esta noción adquiere en mi vida cotidiana.

No voy a entrar a analizar en profundidad el nihilismo ni el pesimismo popular o “mainstream”, el cual es entendido, en términos generales, como una forma de quejarse por todo inútilmente, llorar desconsoladamente en una rabieta adolescente, vivir vegetando dentro de su propia burbuja igual que el resto del mundo vegeta en la suya propia.

Estos individuos han encontrado su identidad (más colectiva que individual) en llevar un “estilo de vida” o pensamiento que consiste en forzarse vivir en un estado permanente de “pena” y lamentos, siempre están deprimidos, sin fuerzas ni deseos para hacer nada.

Debido a su falta de instinto guerrero, pisotean su propio ego en pos de que “todo es malo” y todo les entristece, todo es inútil, desean morirse (sin embargo no se suicidan)… etc. Generalmente estos individuos llevan o han llevado una vida cómoda, donde nunca han debido pelear ni esforzarse por nada, y a la mínima oportunidad donde la situación se pone incómoda se hunden y se frustran.

Estos especímenes se generan e inducen estos sentimientos o emociones de forma forzada, incluso casi se podría decir que algunos se hacen adictos a este estado de animo que se auto-generan, buscándose constantemente nuevas razones (excusas) para no abandonar esa burbuja de miseria personal que ellos mismos se han construido en su manía por ser unos maricas depresivos y encajar en esa identidad social del pesimista marginado y eterno deprimido.

Esto no es nihilismo ni pesimismo, ni misantropía… esto es patético. En definitiva estos seres han encontrado bajo la etiqueta de nihilismo y pesimismo una excusa para ocultar su propia debilidad y cobardía.

El pesimismo del individualista extremista no nace a base de forzarse a uno mismo a pensar o sentir de tal o cual manera ni busca encajar o caerle bien a nadie, si no que procede de su propia naturaleza. El contacto con el mundo y su interacción con él, junto con su precepción afilada, despierta y realista de lo que le rodea son los que han forjado su espíritu, su forma de comprender lo que le rodea y actuar con ello. El tiene los pies en la tierra y no se busca excusas en la mierda que le rodea para comportarse como un niño insatisfecho por que la vida no resulto como esperaba.

Como nihilista pesimista comprendo que haga lo que haga no hay solución ni tengo capacidad de cambiar nada, a veces ni siquiera mi propia vida esta sujeta a mi voluntad, o al menos no en los términos que deseo. Sin embargo lejos de usar esto como una excusa para lloriquear y pudrirme en mi propia miseria lo convierto en mi arma.

Mi pesimismo se descarga en forma de incendio criminal, de balazos, de indiscriminadas explosiones, de paquetes bomba, de filosas y ofensivas palabras que cual cuchillos atraviesan y cortan la moral del pensamiento correcto, y al final es de esa forma que mi propio pesimismo, en quizas una contradicción, contribuye a cambiar mi propia percepción de mi propio ser, del mundo que me rodea, cambiando mi realidad,aunque ese cambio sea imperceptible para el resto, aunque nada haya cambiado de verdad, el mundo seguirá siendo el mismo aunque estallen 10, 20, 100 bombas mas, pero no así mi propia realidad, mi propio ser que se construye y evoluciona en base a las experiencias vividas.

Mi YO se funde con todas estas nociones cuando escribo estas palabras, cuando me preparo el cuerpo y la mente antes de cometer un nuevo atentado o cuando lo estoy llevando a cabo. Mis sentidos se hacen uno con el fuego, con la pólvora, con la sangre derramada. Al contrario que quienes se piensen que el pesimismo o/y el nihilismo consiste en convertirse en un ser amargado y estar consumido por el lamento, un títere o un despojo sin sangre en las venas ni voluntad, mi pesimismo no entiende de victimismos, no es un “incomprendido” y no pide (ni ofrece) compasión alguna. Y créanme cuando les digo que, incluso en mi más profundo pesimismo me rio como el demonio y me inunda un gozo tremendo cuando cometo alguna de mis fechorías, pero también ese gozo se traslada a mi vida cotidiana, incluso cuando ando camuflado entre la horda de borregos, ya que comprendo quién soy y por que hago lo hago. Incluso en ese momento, comprendo y siento que soy parte de algo más grande y al mismo tiempo estoy satisfaciendo a mis instintos y emociones mas egoístas.

De esta forma mi propio pesimismo se acaba convirtiendo en un motor que da fuerzas para seguir adelante, para seguir atravesando un camino incierto hacia lo desconocido, hacia la nada, aún sabiendo que haga lo que haga, no queda posibilidad alguna de “éxito”, de cambio ni de salir bien parado, y aún así llevarlo con la cabeza alta e incluso con placer y alegría.

Octubre de 2018
de Ajajema #6

Anarquismo, Autoridad y Poder (por S. E. Parker)

Anarquismo, Autoridad y Poder
(por S. E. Parker)

Entre un paquete de literatura que me enviaron recientemente desde Ámsterdam se encontraba un ensayo de Michael Tobin titulado “La obediencia al estado: la mayor amenaza que enfrenta nuestra humanidad”. Este es un resumen y crítica de un libro del psicólogo, el profesor Stanley Milgram, sobre “Obediencia a la autoridad”, que se basa en experimentos llevados a cabo por Milgram en la Universidad de Yale y repetidos en otros lugares. Este experimento tomó la forma de una serie de voluntarios (“maestros”) que fueron colocados frente a un generador de descargas eléctricas que tenía una línea de interruptores de 15 a 450 voltios. Este generador parecía estar conectado con electrodos colocados en las muñecas de otro voluntario (“aprendiz”) que estaba atado a una silla. El psicólogo (“instructor”) ordenaba al “profesor” que leyera una secuencia de pares de palabras al “alumno”. Si el “alumno” respondía incorrectamente, el “maestro” presionaba uno de los interruptores y le daba una descarga eléctrica, aumentando el voltaje cada vez que esto sucedía. Lo que el “maestro” no sabía era que el “aprendiz” no era un voluntario, sino un actor que en realidad no experimentaba una conmoción; solo simulaba la agonía de recibir una.

Según Milgram, el resultado de los experimentos fue establecer el hecho de que la mayoría de los ‘maestros’ continuaban obedeciendo las órdenes del ‘instructor’ y administraban descargas incluso cuando se pasaba la marca de peligro y el ‘alumno’ gritaba para ser liberado o fingía problemas cardíacos e inconsciencia.

“Muchos sujetos obedecerán al experimentador”, escribe Milgram, “no importa cuán vehementes sea la súplica de la persona que recibe la descarga, no importa cuán doloroso parezca ser el impacto, y no importa cuánto suplique la víctima por ser liberada”. “Los ‘maestros’ no eran sádicos”, prosigue, “la persona corriente que escandalizó a la víctima lo hizo por un sentido de obligación –una concepción de su deber como sujeto- y no por tendencias peculiares agresivas”.

Milgram se sintió asombrado por la cantidad de personas que violaron sus normas morales profesadas en obediencia a la autoridad del instructor. Observa que “la fuerza que ejerce el sentido moral del individuo es menos eficaz de lo que el mito social quiere hacernos creer”. No parece que se le haya ocurrido que al menos una de las razones de esto es que los “principios morales” en sí mismos son formas de autoridad. De ese modo facilitan la obediencia a otras formas de autoridad porque lo básico no es lo que está prohibido, sino la obediencia a los dictados de una autoridad. El propio Milgram apoya este punto de vista cuando registra que

“Aunque una persona que actúa bajo autoridad realiza actos que parecen violar los estándares de conciencia, no sería cierto decir que pierde su sentido moral. En cambio, adquiere un enfoque radicalmente diferente. No responde con sentimiento moral a las acciones que realiza. Más bien, su preocupación moral ahora pasa a considerar qué tan bien está cumpliendo con las expectativas que la autoridad tiene de él ”. (Mi énfasis)

La conclusión final de Milgram es que este “defecto fatal” de obediencia a la autoridad hace que la supervivencia futura de la “especie” sea cuestionable, ya que abre el camino para una guerra nuclear global muy probable. De hecho, aunque muy consciente de las consecuencias de la autoridad, no cree que alguna vez sea posible prescindir de ella. Como los pobres, siempre estará con nosotros.

Michael Tobin no está de acuerdo con Milgram. Él cree que se puede abolir toda autoridad y crear una sociedad “anarcocomunista” mundial. Su razón descansa sobre – “creencia”. “Estamos llenos de esperanza y optimismo”, “estamos seguros”, “creemos apasionadamente”, etc., etc. No presenta ni un ápice de evidencia contundente de sus esperanzas, certezas y creencias. Para él es claramente una cuestión de “fe” y, como todas las “creencias”, su base es la “fe” del fiel. Como tal, se puede pasar de largo.

Sin embargo, el resultado más significativo de estos experimentos es lo que revelan sobre la naturaleza de la autoridad. Existe una tendencia, particularmente entre los anarquistas, a identificar la autoridad como la coerción externa. Pero no son lo mismo. Los voluntarios en los experimentos de Milgram no fueron coaccionados por ningún poder externo. Participaron libremente y pudieron partir cuando quisieran. No obstante, la mayoría cumplió las órdenes del instructor hasta el final, aunque algunos protestaron. Su obediencia estaba motivada por la autoridad que consideraban inherente a la persona del instructor. No era poder, sino autoridad a lo que obedecían.

En su libro, “En defensa del anarquismo”, Robert Paul Wolff escribe: “La autoridad es el derecho a mandar y, correlativamente, el derecho a ser obedecido. Debe distinguirse del poder, que es la capacidad de obligar a la complicidad, ya sea mediante el uso o la amenaza de fuerza. Cuando entrego mi billetera a un ladrón que me sostiene a punta de pistola, lo hago porque el destino con el que me amenaza es peor que la pérdida de dinero que me hacen sufrir. Concedo que tiene poder sobre mí, pero difícilmente supondría que tiene autoridad, es decir, que tiene derecho a exigir mi dinero y que yo tengo la obligación de dárselo. Cuando el gobierno me presenta una factura de impuestos, en cambio, la pago (normalmente) aunque no quiera, y aunque piense que puedo salirme sin pagar. Después de todo, es el gobierno debidamente constituido y, por tanto, tiene derecho a cobrarme impuestos. Tiene autoridad sobre mí. A veces, por supuesto, engaño al gobierno, pero aun así, reconozco su autoridad porque quien hablaría de ‘engañar’ a un ladrón… Entonces, reclamar autoridad es reclamar el derecho a ser obedecido”.

Un líder de una secta religiosa, por ejemplo, puede no tener un aparato a su disposición para obligar a obedecer las prácticas que establece para sus seguidores, pero, no obstante, puede imponer obediencia en virtud de la autoridad que reclama. Por supuesto, hay ejemplos en los que la autoridad y el poder coercitivo se combinan en un solo cuerpo, siendo el Estado el contemporáneo más prominente y peligroso de estos, pero, como muestran Milgram y las bandas de ladrones, la mística de la autoridad y la realidad de la fuerza superior. no siempre coinciden. E incluso cuando lo hacen, como en el Estado, es una cuestión abierta si el aparato de poder coercitivo está destinado a o es capaz de lidiar con cualquier otra persona que no sea el individuo reaccionario o la minoría. La autoridad es la fuerza que cimenta el tejido de las colectividades organizadas, ya sea que se ejerza verticalmente como en el Estado, u horizontalmente como en las sociedades más primitivas (y como lo sería en ciertas sociedades futuras proyectadas erróneamente llamadas “anarquistas”).

En su libro, Wolff comenta que “es raro el individuo en la historia de la raza que llega incluso al nivel de cuestionar el derecho de su amo a mandar y el deber de él y sus compañeros de obedecer”. Esto es profundamente cierto, y se podría agregar que aquellos individuos que llevan este cuestionamiento a un repudio total de cualquier “deber” de obedecer a la autoridad son aún más raros (incluso Wolff cree en el deber de estar sujeto a “restricciones morales”). De hecho, no parece haber ninguna razón válida para suponer que su número aumentará significativamente. La historia ha demostrado que las ovejas humanas que aceptan la autoridad de sus pastores son siempre la clase más numerosa.

Como anarquista-individualista que no tiene fe en los apocalipsis al estilo de Tobin o en los sueños nebulosos del gradualista educativo, sé que la anarquía que probablemente experimentaré solo estará aquí y ahora, no allí y luego. Mi anarquismo, por lo tanto, toma la forma de negar la legitimidad de cualquier reclamación de autoridad sobre mí, no de negar que hay y seguirán habiendo “fuerzas sociales” más poderosas que yo que pueden obligarme a cumplir con sus demandas, aunque no les conceda ninguna autoridad para hacerlo. La anarquía no se convierte así en un lugar futuro, sino en un “estado mental” presente y una perspectiva individual, no en una práctica social futura. No obstante, si no tengo el poder de derrocar estas “fuerzas” que reclaman autoridad y / o exigen cumplimiento, las eludiré siempre que sea posible, afirmaré mi individualidad cuando pueda, y cuando todo lo demás falle, me refugiaré en lo que James Joyce describió como “silencio, exilio y astucia”.

De Minus One #37
1976

UN MONTÓN DE NADA (Jhean Aldaba)

UN MONTÓN DE NADA
(Jhean Aldaba)

A veces siento que voy a morir sólo, en una cama con las cobijas hasta el cuello y esa idea cada noche me aterra, me atormenta.
Me invade una extraña sensación en mi cuerpo el saber que esa idea cada noche poco a poco se vuelve realidad.No me sorprendería que un día muy triste ya no vuelvan a escuchar mi voz.
Veo las manecillas del reloj avanzar sin cesar, el tiempo corriendo sin detenerse, las noches pasando y yo sigo aquí en la cama, acostado, sólo.
Me imagino en un par de años muerto y a la señora de la casa descubriendo mi cadáver putrefacto después de tener días o semanas ahí tirado.
La veo tocando la puerta para cobrar la renta y al ver que no salí en 3 ocasiones, ella decide entrar y encontrarse con este montón de nada.
Verá a primera instancia un montón de cucarachas entre los trastes de comida, un par de gusanos y un par de ratas corriendo por el pasillo.
Sorprendida de tal escena, se encontrará conmigo y con un montón de cuadros mal pintados y uno que otro sin terminar, un par de libros dañados de las pastas y uno que otro nuevo que no voy alcanzar a leer.

Entonces verá la imagen de un fracasado que quiso entregar su vida al arte y fallo.
Y entre sus pensamientos dirá: toda esta basura no sirve para pagar los 2 meses de renta que me debe.

de El Errante #16

¿Qué es el hombre? (por Laurence Labadie)

¿Qué es el hombre?
(por Laurence Labadie)

El animal humano es un conducto alimentario animado. Ha evolucionado y se diferencia del gusano solo por los apéndices que se han desarrollado sobre él. Estos apéndices son patas, por lo que su locomoción se facilita presumiblemente; brazos, con los que puede agarrar y sostener la comida y las cosas que le interesan; una cabeza, que contiene ojos, oídos y nariz para saber dónde está, también un cerebro con el que puede racionalizar sus deseos y engañar a otros para que se lo concedan.

Para hacer esto último su cerebro ha inventado muchos dispositivos ingeniosos. Uno de estos dispositivos es la teoría de que todos se quieren, o más bien el deber de amarse unos a otros Al vivir en un mundo hostil, el hombre debe soñar con un paraíso en el que le resulte mucho más fácil de lo que realmente es.

Él inventa y forma anillos de droga, llamados religiones y dirigidos por personas de la alta nobleza, que pretenden suavizar a sus adversarios para que puedan “trabajar” más fácilmente. Organiza pandillas, llamadas gobiernos, mediante las cuales algunos de ellos someten, coaccionan y saquean al resto.

El antagonismo natural entre estos gusanos evolucionados está oculto por varias formas de camuflaje y mentiras astutas que encuentran su expresión en prácticas llamadas matrimonio bajo las cuales ningún gusano puede propagarse o jugar a propagarse, a menos que una sátira religiosa o gubernamental le otorgue una licencia o bendición (para una consideración de curso).

La astucia finge ingenuidad; los ignorantes enseñan; los venales predican la bondad.

Estos gusanos de dos patas trazan líneas en el globo que no pueden cruzarse sin el consentimiento de las pandillas llamadas gobiernos. Inventan ingeniosos métodos de intercambio y luego delegan su uso a algunos de los gusanos que engordan al sostener el resto. Se supone que ninguno de los gusanos debe usar sus cerebros excepto en los modales prescritos por las pandillas principales.

En total, han construido el sistema más extraño de relaciones que incluso la mente fértil de Dios difícilmente podría concebir. (Dios es ese tipo, un gusano glorificado, que se supone comenzó y que en su mayoría dirige todas las obras).

Todo esto es un espectáculo maravilloso para contemplar, es decir, por alguien que no pertenece a la especie gusano.

Y todo con el propósito de mantener un flujo de diversos materiales fluyendo a través de estos canales alimenticios; y también para hacer más de su curiosa raza retorcida.

No veo ningún valor en particular en ser un hombre, pero estos animales parecen tomarlo como cosa normal, sin importar lo que les suceda.

Septiembre 1950

“La Crítica Atrevida” (por León Darío)

“La Crítica Atrevida”
(por León Darío)

La crítica que siempre se hace dentro de los confines de lo permitido, del estado o de lo que te permita tu moral, tu credo o el seno de la organización política en la que militas, es esta y en este caso una crítica “constructiva”, una “crítica” sin disentir un milímetro de la “disciplina de partido” o del colectivo, de tu dogma moral o tu religión, tanto monta monta tanto; la crítica “racional” y no demoledora, milites en un grupo político o seas un ferviente religioso siempre se te admitirá la crítica mientras esta sea una crítica “que aporte”, que “sume y no reste”, una crítica “dentro del marco” y “en la corriente del mismo barco”; esto es perfectamente traducible a una “salida de carril” pero no de carretera; a una “sana” discrepancia sin rebosar de los marcos del dogma. Cuando críticas y aunque consideres el hacerlo desde un ejercicio de libertad; no lo haces en disposición de tus libres facultades individuales en un claro ejercicio propio, como individuo soberano de Si Mismo, como portador de tu propia luz; sino que la formulas en calidad de militante, de adepto , de “fiel”, de miembro e integrante, por la causa, dentro de la causa y para la causa, una crítica como una pieza más del engranaje en el sistema de una maquina; tu opinión crítica no es construida articulando piezas propias, quizás lo crees, pero viene dada de elementos preconcebidos dentro de los confines de lo dictado e instruido e inoculado que subyacen en el subconsciente; si eres cristiano tu “disensión” tendrá que ser en la línea del buen cristiano y como parte de un todo, si eres comunista tendrás que hacerlo sin trascender de los confines del sagrado manifiesto comunista o El Capital de Marx . Crees que tu crítica que es personal e intransferible en una clara entelequia, pero tu crítica no es personal, no emana de tu condición de unicidad, no es en modo alguno y ni mucho menos una disensión singular sino que es una crítica como elemento dentro del dogma, de la fe (llámese fe política , moral…), entre los muros de tu adhesión, para mejorar y no “destruir”, para ayudar en la tarea de tu pastor reforzando los cercos del redil.”

Diciembre 2020

“El rol del egoísta” (por León Darío)

“El rol del egoísta”
(por León Darío)

“El egoísta es estigmatizado conforme a esa burda caricaturización de un ser “desalmado” carente de toda empatía y pasando por encima de quien haga falta con tal de obtener una ventaja o conquistar un objetivo; pretenciosamente también dicen que se trata de alguien que omite y aborrece los sentimientos de los demás con tal de saldar una auto gratificación, pero rompiendo en pedazos estereotipos banales el egoísta se encuadra en el obrar del interés de su propia Individualidad, el egoísta por tanto no ama a ningún prójimo, el egoísta no trata al “prójimo” en “como le gustaría que le tratasen a el” sino , en la lógica de la reciprocidad, en función de como está siendo tratado por el “semejante” o como le va a tratar, mucho menos pone “la otra mejilla”; el egoísta siempre determinará lo que pueda convenir mejor a sus respectivos intereses individuales, ya sean en momentos provisionales como de forma permanente, por ejemplo una “estratégica” afiliación sindical, a una idea, una causa o una adhesión a algún tipo reclamo social, municipal (reclamo de espacios infantiles para llevar a tu hija a jugar cerca de casa, el cierre de planta de residuos del que emana fuerte olor y que se presupone de alta toxicidad…) No existe en el egoísmo una interpretación dogmática u homogénea, no es uniforme ni estructural pues el egoísmo siempre “obedece” únicamente a la razón subjetiva del Individuo, a cada ego, al Ego propio, e incluso a una razón subjetiva que pueda darse de una manera meramente circunstancial; esto es, que la anteriormente citada hipotética afiliación sindical o adhesión a una causa municipal, social o de barrio, han podido ser validas esta mañana pero descartadas esta misma tarde por el mismo sujeto egoísta que , quizás incluso, pudiese volver a ser reconsiderada para esta misma noche. En el asunto laboral, la “solidaridad de clase” y la “lucha de los compañeros” está igualmente muy impregnada de interés egoísta, esto cierto es que lo podemos encauzar desde diversas concepciones como fuesen de una naturaleza egoísta inconsciente, o involuntaria pero en la figura que nos atañe, la del egoísta consciente, el egoísta cava su propia trinchera en esa huelga o piquete para exigir y conquistar ciertas reclamaciones laborales, el egoísta es consciente (valga la redundancia) de tener que unificar su lucha por la obtención de ciertos beneficios personales (dejar de trabajar los Sábados, aumento de salario, pago del plus de nocturnidad o lo que sea) pero si “mañana” este egoísta abandona su puesto de trabajo por la razón que sea, el egoísta y como es evidente ya no contemplará el motivo personal y circunstancial que le impuso unirse con “afines” y aliados (estratégicos y circunstanciales) ya que siempre va a actuar para Si Mismo, el interés de su Yo, en su auto satisfacción; por “el Yo” me refiero a todo ser viviente, al Individuo en carne y hueso no a ninguna entidad superflua y fantasmal como alma o espíritu, y todos sus movimientos y maniobras confluirán siempre en tal inalterable pretensión. El egoísta renuncia a vivir abnegado a cambio de una ciega y absurda felicidad de la humanidad que no le aporten nada en la construcción de su persona y el afrontar de la cotidianeidad de su día a día; el egoísta determina y actúa en su interés y en la consecución de su propia felicidad dotándose de los medios y criterios que considere apropiados.

El egoísta nunca se subordina a cualquier causa, a ninguna causa porque el es su propio causa, es el egoísta quien se hace dueño de la causa, la hace suya, la causa puede ser temporal o permanente pero ante todo la hace propia y no es la causa la que se adueña de el, el es propietario de la causa y tan pronto como se abraza a ella la puede dejar o aparcar, después de aparcar su causa la puede volver a recuperar y asú sucesivamente si esta causa es motor supremo de su felicidad y estabilidad emocional probablemente la haga suya de manera permanente pero por encima de todo nunca será la causa la que neutralizará al Individuo, la que hará suyo al Individuo, es por ello que el Individuo no pertenece a la Causa, sino que es la Causa la que pertenece al Individuo, el Individuo en su egoíca condición la hace suya por lo que le reporta, hace sentir y beneficia; Un sentimiento “por la tierra” en la que ha nacido, ha crecido o de donde se tienen los ascendentes, incluso la afición por un club de fútbol, no a la mierda del fútbol negocio actual, sino a la identidad e historia con lo que se pueda identificar, son causas legítimas para el egoísta, pues aportan en el sentimientos de emoción, le producen placer y le despachan felicidad. Ningún ser humano puede negar la adhesión personal y natural al egoísmo, a su egoísmo; por ejemplo, las “personas” no nos interrelacionamos como personas per sé (de ahí las comillas) sino como roles sociales en función de nuestras circunstancias, actuaciones profesionales, aficiones; por ejemplo ese mismo desconocido con el que te abrazaste tras la euforia desatada en la grada por el gol de vuestro club de fútbol (que tenéis en común) o esa persona con que coincidiste e intercambiaste impresiones en una feria de aeromodelismo, puede ser “mañana” quien está sentado al otro lado de la mesa de un frío despacho en esa tensa entrevista de trabajo que tienes prevista en agenda; “ayer” el interés egoísta de cada uno de esos sujetos era esa afición futbolera o el aeromodelismo en el cual os “retroalimentáis” mutuamente, “mañana” los roles son en la concepción del bastardo explotador y el aspirante a explotado proletario.

No existe un sólo ser humano que pueda negar su egoísta condición tanto de una manera u otra; incluso en los ataques yihadistas hoy día tan habituales en Occidente los sentimientos de tristeza y rabias generalizadas lo son por una efervescencia egoísta que emana desde nuestros propios fueros emocionales bajo el sustrato “empático” emocional de “podría haber sido yo” o por afinidad a nuestros allegados más preciados “podrían haber sido mis padres”, “mis hijos”, “siempre paseamos por esa calle”; se hace una “radiografía” de la situación y se sitúa al hipotético yo y al daño que si mismo se hubiese podido causar y por ello esas victimas son un perfecto espejo para si mismo; tanto por sufrimiento propio como por el daño emocional que sufriríamos si nuestros seres queridos hubiesen sido los dañados en este ataque.”

Diciembre 2020